Estudio revela que estas activan las partes del cerebro relacionadas con la satisfacción, la recompensa y la adicción

Por: Carolina Ruiz Vega 13 abril, 2013

San José (Redacción). Si después de comer la primera papa tostada no puede parar de hacerlo, aún si no tiene hambre, es porque el alto contenido que estas tienen de grasa y carbohidratos manda al cerebro un mensaje de placer que activa los centros de recompensa y de adicción .

Así lo reveló un estudio hecho en Alemania y liderado por Tobias Hoch donde alimentaron a un grupo de ratas con alimento para roedores y a otro, con papas tostadas. Posteriormente les hicieron exámenes de resonancia magnética para ver las diferentes actividades que ocurrían en el cerebro en ambas agrupaciones.

Aunque los dos grupos de ratas comían igual proporción de grasas y carbohidratos, el cerebro reaccionaba mucho más positivamente en el grupo que comía papas tostadas.

Además de activar los centros cerebrales de recompensa y de adicción, comer papas tostadas estimulaba de forma distinta a los otros alimentos las áreas relacionadas con la ingesta de alimentos, el sueño, la actividad y el movimiento . Según los investigadores, las ratas que alimentadas con papas tostadas se mostraban más activas después de comerlas

“Comer por placer y no por hambre lleva a las personas a comer en exceso por propósitos recreativos y su condición crónica es el factor clave que ha ocasionado la epidemia de sobrepeso y obesidad a nivel mundial”, sostuvo Hoch.

Recordó además que los centros cerebrales de recompensa y de adicción pueden variar de persona a persona, según sus preferencias en el sentido del gusto .

“En algunos casos, la señal de recompensa enviada por la comida puede no ser lo suficientemente fuerte; pero también hay quienes tienen más fuerza de voluntad que otros al escoger qué no comer en grandes cantidades”, añadió.

“Debe haber algo más en las papas tostadas que las hace tan deseables”, dice Hoch

Por eso, próximamente los investigadores intentarán ahora identificar los catalizadores moleculares que estimulan los centros cerebrales de recompensa y de adicción .

Si logran hacerlo, podrían crearse sustancias para intentar bloquear esos catalizadores en algunos alimentos no tan saludables o para potenciarlos en aquellos saludables que no son tan deseados.

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