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Un plan que cambió la historia

Actualizado el 14 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Hoy los costarricenses vemos cuánacertado estaba el presidente Arias

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Fue un 7 de agosto, hace ya veinticinco años, cuando la ciudad de Esquipulas sirvió de espléndido marco para la suscripción del Acuerdo de Esquipulas II sobre el “Procedimiento para Establecer la Paz Firme y Duradera en Centroamérica”, que daría como resultado la finalización de las acciones guerrilleras en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Aquel histórico acto significó la culminación de un arduo proceso de negociación liderado por Don Óscar Arias Sánchez, que le mereció el reconocimiento de la comunidad internacional con el Premio Nobel de la Paz en octubre de 1987.

La intensa negociación de un texto de consenso a partir del proyecto elaborado por el presidente Arias implicó largas horas de discusión entre todos los mandatarios centroamericanos y, finalmente, dio como resultado la firma de un acuerdo que logró frenar la violencia que ya había causado más de 100.000 muertos, centenas de miles de personas heridas, refugiadas y desplazadas por la lucha ideológica y obcecada de las partes en conflicto.

El Plan y la caída del Muro de Berlín. Aquel panorama atroz, compuesto de violencia y de guerras cruentas internas, marcadas de sangre y crueldad por todos los bandos y cuyas imágenes la televisión transportaba hasta los hogares para que fuésemos sus testigos, era la manifestación de una conflicto aun mayor de carácter global, el de la llamada “Guerra Fría”, que solo era fría en los centros hegemónicos pero ardía de fuego y dolor en los países periféricos como los nuestros, que ponían los cadáveres en un conflicto que aquí se peleaba a la usanza clásica, ganando o perdiendo territorio, palmo a palmo, para beneficio o perjuicio de otros.

Y vistos hoy desde la perspectiva de los 25 años que han transcurrido, parece increíble que aquellos hechos, que ponían en evidencia lo encarnizado de la Guerra Fría y aparecían como su clímax, llegaron a término con el Plan Arias y los Acuerdos de Paz en 1987... apenas un poco más de dos años antes de la caída del Muro de Berlín. ¿Fueron el Plan Arias y los Acuerdos de Paz para Centroamérica precipitantes o, al menos, coadyuvantes de la nueva geopolítica que surgió a finales de 1989? Es válido preguntárselo hoy, sin jamás pretender que otros factores mayormente determinantes no hayan conducido también a aquel resultado.

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Lo novedoso del Plan Arias fue que, siendo genuinamente centroamericano, llegó a superar en filosofía, conceptos, ejecución y, sobre todo, en la verificación y seguimiento de los compromisos, a los otros procesos que lo antecedieron, tal como el de la Comunidad Democrática Centroamericana, con respaldo norteamericano, creada en enero de 1982, a fin de aislar a Nicaragua.

El presidente Arias demostró, mediante su madura iniciativa, que en la región había voluntad de paz, libertad y de consenso, por lo que privilegió la opción convincente por la paz y el fin de la guerra más allá de la influencia de actores y fuerzas políticas extrarregionales, algunos de los cuales, en cierto momento, buscaron descarrilar el avance del proceso de paz. Los demás presidentes centroamericanos de la época también dieron muestras de entereza y se sobrepusieron a las presiones foráneas. Por eso, el presidente Arias dijo, en la oportunidad en que recibió ese premio: “Soy uno de esos cinco hombres que firmamos un acuerdo, un compromiso que consiste, en gran parte en el hecho de desear la paz con toda el alma.”

Sin embargo, fue el presidente Arias quien se opuso abiertamente a la estrategia de la administración Reagan y al financiamiento de la “Contra” y llevó su batalla hasta el Congreso de los Estados Unidos de América, de manera personal y apoyado por su embajador en aquel país, don Guido Fernández, quien, por esa razón, estuvo a punto de ser declarado non gratus por el Departamento de Estado.

El camino de la paz. El Plan, enmarcado en los principios de la Organización de las Naciones Unidas y de la Organización de los Estados Americanos, además de hilvanar los intereses mayormente sensibles de los países y los distintos sectores de la región, planteó la necesidad de que los Acuerdos de Esquipulas “vincularan paz, democracia y desarrollo sobre la base de plazos o de un cronograma preestablecidos”. Todo lo cual significó afianzar el desarrollo económico, la autonomía, la estabilidad y la seguridad nacional en el Istmo.

Gracias al compromiso logrado entre los jefes de Estado que suscribieron ese acuerdo, fue posible establecer una serie de fundamentales medidas para promover la reconciliación nacional, el final de las hostilidades, la celebración de elecciones libres y la democratización de algunos de los países vecinos, así como las negociaciones sobre el control de armas y la asistencia a los refugiados, entre otras muy importantes.

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Asimismo, Esquipulas II sentó las bases para los procedimientos de verificaciones internacionales y proveyó de una agenda para su implementación.

No estaría de más destacar que la culminación del proceso de paz sentó las bases programáticas entre los años 1990 y 1991 de las Cumbres de Presidentes en Antigua, Puntarenas y San Salvador, dando como resultado la redacción del documento que sería suscrito en diciembre de 1991 en Honduras, el “Protocolo de Tegucigalpa a la Carta de la Organización de Estados Centroamericanos”.

De este modo, quedó determinado el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) “como el marco institucional de la integración regional centroamericana, que deberá garantizar el desarrollo, equilibrado y armónico, de los sectores económico, social, cultural, político”.

Debido a que los compromisos y el espíritu del Acuerdo de Esquipulas II reflejan fielmente los valores y los principios fundamentales políticos que ha defendido y promovido Costa Rica a lo largo de décadas, es nuestra aspiración que las diferencias entre los diversos sectores a lo interno de cada país puedan resolverse por la vía del diálogo y la legalidad, pero, sobre todo, que nunca más un país centroamericano amenace a su vecino con la fuerza y que la razón, la diplomacia y el derecho internacional sean los instrumentos para resolver los diferendos en nuestra región.

Un cuarto de siglo después, los costarricenses vemos cuán acertado estaba Óscar Arias, quien logró su propósito desoyendo las voces de los más escépticos y de los detractores de su Plan de Paz y de los Acuerdos de Esquipulas.

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