Archivo

Siete plagas de la Caja Costarricense del Seguro Social

Actualizado el 04 de junio de 2012 a las 12:00 am

Las plagas que han afectado a la Caja han provocado falta de motivación y entusiasmo

Archivo

Siete plagas de la Caja Costarricense del Seguro Social

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Siete plagas han colocado en una sala de cuidados críticos a la institución llamada a proteger y a promover la salud de los costarricenses. Algunas de estas plagas han sido producto de la evolución y de los cambios que ha sufrido la humanidad en general, pero la mayoría de ellas han sido causadas por la mano del hombre, principalmente la de sus jerarcas, sin dejar de lado la de la justicia.

Cuando la Caja se fundó a principio de los años cuarenta, cubría a 50.000 trabajadores que eran atendidos en un consultorio en el centro de San José y en un salón del Hospital San Juan de Dios. Predominaban las enfermedades infectocontagiosas, de control más bien simple y de costo relativamente bajo. Setenta años después, la población asegurada es cien veces mayor, la gente vive más años y las principales enfermedades son ahora las crónicas, con costos de manejo muy elevados. A esto ha venido a agregarse la inmigración desmedida que ha saturado los servicios de la institución, sin que la totalidad de los gastos de atención de ese grupo de personas sean cubiertos por nadie.

Participación de los políticos. A pesar de que la Caja fue fundada como una institución autónoma, los políticos rápidamente se dieron cuenta de su importancia estratégica y se jugaron la túnica a los dados, al igual que en otras instituciones, instaurando el famoso 4-3. La injerencia política se mantiene, con más relevancia aún en la actualidad y tanto miembros de junta directiva como presidente ejecutivo y gerentes han llegado ahí por razones políticas, sin que esto implique en todos los casos, que se trate de la gente más idónea para los cargos.

Muchos de los directores de clínicas y hospitales también en puestos indirectamente de origen político, bailan la cuerda floja entre sus jerarcas y los sindicatos.

Crisis financiera. Recientemente reventó el absceso que por muchos años se había tenido oculto por los mismos políticos y nos dimos cuenta de la verdadera crisis que la Caja venía arrastrando desde hacía muchos años, causada por la mala praxis de los tomadores de decisiones en el Gobierno y en la institución. Este reconocimiento fue únicamente la oficialización de algo que ya muchos conocían y que constituía un secreto a voces. El Estado, llamado por ley a proteger las finanzas de la institución, le ha dado la espalda y ha sido más bien su principal evasor.

PUBLICIDAD

Burocracia y tecnocracia. Varios factores han contribuido a que se instaure en cierto nivel de la administración de la institución una barrera que impide que los diferentes procesos que redundarían en beneficio del asegurado fluyan hacia una solución óptima, contribuyendo finalmente al deterioro en la calidad de la atención. El enfrentamiento entre los jerarcas de la institución y los sindicatos ha provocado un clima tenso que ha abonado el terreno de la desmotivación por parte de los funcionarios involucrados en la atención directa de las personas.

Corrupción. La Caja no ha escapado a esta plaga que en la actualidad es de dimensiones nacionales. En esa pila de agua bendita han metido la mano para contaminarla, desde los funcionarios de más bajo nivel hasta jerarcas y presidentes, como lo han confirmado los procesos legales y las sentencias correspondientes.

Deterioro en la calidad de la atención. A los médicos y otros profesionales afines, principales dispensadores de los servicios de salud a los pacientes, los han convertido en los chivos expiatorios, tratando de cubrir las fallas de los superiores. Muchas horas de atención directa a los asegurados por parte de los médicos, se pierden ahora en controles internos, compromisos de gestión, “PAO” y papeleo de toda naturaleza, sustrayendo el recurso más calificado como son las jefaturas, en labores eminentemente administrativas para las que no fueron ni capacitados ni contratados. Las plagas que han afectado a la institución han provocado una falta de motivación y de entusiasmo, que antes eran dos elementos que formaban parte del ser en sí de los funcionarios, dando al traste con la calidad de la atención.

Sala Cuarta. Con el afán de salvaguardar la constitucionalidad y los derechos de los ciudadanos, la sala ha provocado que tan solo algunos, privilegiados diría yo, que tienen acceso al recurso, pasen por encima de las listas de espera de asegurados, para ser internados u operados de inmediato, y provocan con esto más bien una injusticia, en perjuicio de los enfermos que les precedían. A falta de un asesoramiento técnico adecuado, la sala ha hecho incurrir a la Caja en gastos considerables que perjudican al resto de los asegurados, y obligan a los funcionarios a prescribir determinados medicamentos, la mayoría de ellos de un costo muy alto y no siempre debidamente justificados.

PUBLICIDAD

Estos, diría yo, son los principales frentes que los jerarcas actuales deberían dedicarse a combatir. Sabemos que ninguno de estos es de solución inmediata ni fácil, pero todo el pueblo exige, por razones de confianza y de tranquilidad, muestras tangibles de que algo grande y positivo está ocurriendo, y no como está sucediendo en el norte del país a la trocha'y mocha.

  • Comparta este artículo
Archivo

Siete plagas de la Caja Costarricense del Seguro Social

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota