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El perverso chiste de Romney

Actualizado el 08 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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El perverso chiste de Romney

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El perverso chiste de Romney - 1
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El perverso chiste de Romney - 1

“Número 1”, declaró Mitt Romney en el debate del miércoles pasado, “las enfermedades preexistentes están cubiertas dentro de mi plan”. No, no lo están, como los propios asesores de Romney han admitido en el pasado y lo hicieron de nuevo luego del debate.

¿Mentía Romney? Bueno, era eso o estaba haciendo lo que equivale a un chiste perverso.

De todas formas, su intento por engañar a los votantes sobre este asunto fue la más engañosa o la más deshonesta –o ambas cosas– de las afirmaciones que hizo en el curso de esa hora y media.

Sí, el presidente Barack Obama hizo un trabajo notablemente malo a la hora de responder. Pero dejaré la crítica teatral a otros y en vez de eso hablaré acerca del asunto que debe ser el aspecto central en esta elección.

Eso dicho volvamos al chiste perverso: lo que Romney propone en realidad es que se permita a los estadounidenses con enfermedades preexistentes que ya tienen cobertura en salud conservar esa cobertura si pierden el empleo, en el tanto en que sigan pagando las primas. Da la casualidad que así lo consigna ya la ley del país.

Pero no es lo que cualquiera en la vida real quiere decir cuando habla de tener un plan de salud que cubre condiciones preexistentes, porque eso es válido solo para aquellos que, en primer lugar, logran conseguir un empleo con seguro de salud (y están en capacidad de mantener los pagos pese a perder ese trabajo).

¿Mencioné que el número de empleos que viene con seguro de enfermedad ha venido declinando de manera sostenida durante la última década?

Para decirlo de otra forma, lo que Romney hizo en el debate fue, en el mejor de los casos, hacer un juego de palabras con los votantes, al pretender que ofrece algo sustantivo para las personas no aseguradas cuando en realidad no está ofreciendo cosa alguna. Para todos los propósitos prácticos, sencillamente mintió respecto a lo que harían sus propuestas de políticas.

Sin protección. ¿Cuántos estadounidenses quedarían desprotegidos de acuerdo con el plan de Romney? Una respuesta es 89 millones. De acuerdo con la Fundación Commonwealth – no partidista–, ese es el número de estadounidenses que carecen de la “cobertura continua” que los haría elegibles para el seguro médico dentro de las vacías promesas de Romney. De paso, valga decir que eso representa más de un tercio de la población estadounidense menor de 65 años de edad.

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Otra respuesta es 45 millones, que es la cantidad estimada de personas que tendrían seguro de salud si Obama fuera reelecto, pero que lo perdería si Romney ganara.

Ese cálculo refleja dos factores. Primero, Romney propone revocar la Ley de Atención Médica Asequible, lo que significa eliminar todas las formas en las que esa ley ayudaría a decenas de millones de estadounidenses que tienen enfermedades preexistentes o que no pueden costear un seguro médico debido a otras razones.

Segundo, Romney está proponiendo recortes drásticos en Medicaid –para ahorrar dinero que él podría usar para recortar impuestos a los ricos– que negarían atención médica esencial a otros millones más de estadounidenses.

(Y no, pese a lo que él ha dicho, uno no puede recibir la atención que necesita con solo llegar al servicio de emergencias). Esperen, la cosa se pone peor. El verdadero número de víctimas de las propuestas de Romney en el campo de la salud sería mucho más alto que cualquiera de las dos cifras citadas, debido a un par de razones.

Una es que Medicaid no solo provee atención médica a estadounidenses demasiado jóvenes para recibir Medicare, sino que paga la atención de enfermería y otras necesidades de muchos estadounidenses mayores.

También, muchos estadounidenses tienen seguro de enfermedad, pero viven bajo la amenaza de perderlo. El plan de Obama eliminaría esa amenaza, pero Romney lo traería de vuelta y lo haría peor.

Las redes de seguridad no solo ayudan a la gente que en verdad cae, hacen la vida más segura para todo el mundo que tenga peligro de caer. Pero Romney eliminaría esa seguridad, no solo en atención de la salud sino en todas las áreas.

¿Qué hay de la afirmación posterior al debate de uno de los consejeros de Romney en el sentido de que los estados podrían intervenir para garantizar la cobertura para condiciones preexistentes? Ese es un sentido en muchos niveles.

Por una parte, Romney quiere eliminar las restricciones a las ventas de seguros interestatales, privando a los estados de poder regulador. Lo que es más, si uno se limita a exigir que las compañías aseguradoras cubran a todo mundo, las personas sanas esperarán hasta enfermarse antes de enrolarse, lo que llevaría a primas estratosféricas.

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Entonces uno necesita aunar las regulaciones para las aseguradoras con un requisito de que todo el mundo tenga seguro.

Y, para hacer eso posible, uno tiene que ofrecer subsidios para seguros a los estadounidenses que tienen bajos ingresos, por los que hay que pagar en el plano federal.

Y con lo que uno termina es –precisamente– la reforma a la salud que el presidente Obama convirtió en ley con su firma.

Uno desearía que Obama hubiera evidenciado esto de manera efectiva en el debate. Tenía todo el derecho para saltar y decir: “Van de nuevo con lo mismo”.

La afirmación de Romney no solo fue fundamentalmente deshonesta, ya ha sido ampliamente desacreditada y el mismo equipo de campaña de Romney ha admitido que es falsa.

Por el motivo que sea, el presidente Obama no hizo tal cosa, respecto a la atención médica ni respecto a otras cosas.

Pero, como dije, no importa la crítica teatral. El hecho es que Romney trató de desorientar al público y no se le debería permitir que se salga con la suya.

Traducción de Gerardo Chaves para La Nación

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y Premio Nobel de Economía del 2008.

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