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La peor goleada en la historia del futbol

Actualizado el 02 de junio de 2013 a las 12:00 am

Del 31-0... al 2-1

Samoa Estadounidense, un país SIN TRADICIÓN, cayó 31-0 en el 2001. Diez años después, consiguió una victoria inédita. La historia será llevada al cine.

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La peor goleada en la historia del futbol

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Nada fácil debió ser cargar sobre sí con el triste episodio de haber recibido la derrota más abultada de la historia del futbol, en un partido entre selecciones: un 31-0 en el 2001. Un récord mundial con pocos visos de ser superado, que en nada abona al orgullo para la modesta Samoa Estadounidense , que por mucho tiempo fue el peor seleccionado del planeta y en Oceanía tiene una escasa trascendencia en el balompié universal.

Incapaces de quitarse la etiqueta de “perdedores eternos”, al sumárseles 30 derrotas seguidas, 129 goles en contra y solo dos a favor en 12 partidos eliminatorios, los samoanos parecieron aplicar el refrán de que “lo bueno de la vida se hace esperar”.

Y así, casi 20 años después de su debut internacional en 1994, el débil equipo consiguió saborear por fin las mieles del primer triunfo de su trayectoria internacional, en 2011.

Antes de ese año, nada fue fácil. El panorama se les puso cuesta arriba desde el vergonzoso 31-0 que les propinó Australia, el 11 de abril del 2001, en Coffs Harbour, al norte de Sidney, Australia.

Este país, un pequeño paraíso polinesio con 60.000 habitantes, ubicado en el océano Pacífico sur, es un territorio administrado por Estados Unidos desde 1951. Exhibe el dudoso honor de ser el equipo nacional más goleado del planeta.

De hecho, las escandalosas palizas recibidas en tres eliminatorias precedentes justificaron a tres cineastas británicos a seguir los pasos de los polinesios al inicio de la ruta a Brasil 2014 y llevar su caso a la gran pantalla.

El producto del rodaje es el documental Next Goal Wins , que relata cómo se gestó semejante milagro. Así lo plasmó Jennifer Davies en la última edición de FIFA World .

Aquella paliza

Previo al juego ante Australia, hace 12 años, el amateur equipo samoano llegó mermado al no convocar a varios jugadores por problemas legales con sus pasaportes. Por eso lo tuvo que formar con adolescentes inexpertos y, en su primera eliminatoria, Samoa Estadounidense sufrió la debacle por el abultado 31-0. En cuatro partidos, recibió 57 tantos, sin sumar ni uno a favor.

Solo aguantó 10 minutos con el arco imbatido y luego llegaron 30 tantos más.

Las 3.000 personas le gritaron 31 veces “gol” al arquero debutante, Nicky Vitolio Salapu, quien escuchó las risas sarcásticas australianas, cada vez que él recogía el balón del fondo de las mallas. {^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-06-02/RevistaDominical/Articulos/RD02-GOLEADA/RD02-GOLEADA-summary|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteConExpandir^} Avergonzado y triste, pasó a la historia como el portero más apaleado en un choque oficial. Tras aquella masacre, en la que el samoano estaba en otras y no tiró al arco hasta el minuto 86, hubo confusión entre los encargados de actualizar el marcador electrónico del estadio, pues figuró un erróneo 32-0.

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Varios periodistas, incluso, perdieron la cuenta. Al atacante australiano Archie Thompson le atribuyeron por error 14 goles, uno más que los que realmente anotó.

Pero, en un recuento minucioso, el resultado se revisó con lupa y FIFA pudo corregirlo para dejarlo en 31-0.

Llegar al éxito

Después de tocar fondo, solo cabía mejorar. La dirigencia samoana contrató al riguroso técnico holandés Thomas Rongen, quien en Estados Unidos ya había dirigido a clubes y a la Sub-20.

Su primera medida fue polémica, pues llamó al veterano portero Nicky Salapu, para reivindicar su figura, 10 años después del humillante 31-0 con Australia. Él aceptó abandonar su escondite en Seattle (EE. UU.), donde se desempeñaba como mecánico de vehículos. “A Nicky lo invité a volver para que superara su trauma. Era un riesgo, no sabía si se atrevería, pero necesitaba a alguien en el grupo que hubiera pasado por ese trago tan amargo”, justificó Thomas Rongen.

Tras seis semanas de extenuante trabajo, el 22 de noviembre del 2011 hubo un final feliz en la primera fase de Oceanía para Brasil 2014.

Los pupilos de Rongen consiguieron acabar con la interminable racha de derrotas y se impusieron 2-1 frente a Tonga, para sellar su primera y única victoria en las eliminatorias mundialistas.

El triunfo tuvo un sabor de redención para Salapu, quien aún sufría por el 31-0.

“Al finalizar el partido, corrí en busca de Salapu y me abracé con él. Estaba llorando y lo primero que me dijo fue: ‘Ahora puedo decirles a mis hijos que no soy un perdedor’. Eso fue más importante para mí que el partido en sí”, compartió Rongen.

Pese a que no avanzó a la segunda fase, tras el 1-1 ante Islas Cook –su primer empate oficial– y la caída 0-1 con su vecino Samoa, el triunfo de 2-1 contra Tonga le permitió a Samoa Estadounidense ceder el último lugar –el 209– en el ranquin de la FIFA.

Idéntica sensación tuvo Rongen. Por su fantástica labor en la Polinesia, tomó una atractiva oferta para dirigir hoy la academia de futbol del Toronto FC, en Canadá.

La gesta y el espíritu de su futbol fueron captados en unas 300 horas de filmación, a cargo de los cineastas ingleses Kristian Brodie, Steve Jamison y Mike Brett .

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La edición ya quedó lista. La cinta Next Goal Wins , de 88 minutos, se le presentó en marzo a la FIFA y será estrenada antes del Mundial.

Sin proponérselo, Salapu pasó a ser la figura del documental, y mientras, el video de los 31 goles aún es objeto de burla en YouTube.

La herida de Nicky Salapu sanó a sus 35 años de edad, en el 2001. Fue un milagro del equipo que, alguna vez, fue el peor del mundo.

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