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La patria no es una piñata

Actualizado el 26 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

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La no reelección del señor magistrado de la República don Fernando Cruz Castro señala un hito importante en la vida de la nación. Nos recuerda la debilidad y el tono gris de los límites, cuando las pretendidas mayorías ejercen el poder avasallando voluntades y normas. Pero además pone de manifiesto cómo se tejen términos y conceptos para emplearlos contra la población y contra la división de poderes.

Desde hace un poco más de dos décadas los ciudadanos empezamos a escuchar el término ‘ingobernabilidad’; de pronto los políticos nos dijeron a los ciudadanos que nos habíamos vuelto ingobernables.

Sin embargo, el nuevo término cayó como anillo al dedo a la mal autodesignada clase política de este país, que lamentablemente tiene y ejerce el poder, como al mejor estilo de las viejas prácticas latinoamericanas, o sea, el poder por el poder, el tráfico de influencias para mantener estilos de vida propios de palacio, el amiguismo, la corrupción galopante, como la bien llamada trocha mocha o los proyectos de vivienda nada claros ni transparentes liderados por la Comisión Nacional de Emergencias, o la consabida explotación minera entrega- da en bandeja de oro macizo a intereses foráneos, el desmantelamiento de la CCSS, o el caos de la red vial nacional que, a nivel simbólico, retrata perfectamente la incapacidad de nuestros gobernantes de tapar huecos, tender redes y puentes para facilitar el libre tránsito.

Se han olvidado que gobernabilidad es coordinar, promover redes, interactuar con otros actores sociales, tender puentes, dialogar, procesar las demandas ciudadanas, es tener la capacidad continua de adaptación entre la regla y el acto, la oferta y la demanda, la regulación y el resultado y no promover ‘leyes mordaza’ para que la ciudadanía quede callada por ley.

Hoy tenemos entonces que la globalización y el neoconservadurismo trajeron e implantaron ese término mágico que da a Zapote la pretendida racionalidad para quitar y poner magistrados. No, señores, no es que el magistrado Cruz provoque ingobernabilidad. Ya él de todas maneras tiene su dimensión propia: honesto, independiente, valiente, estudioso, prudente.

No nos lleven a error, que lo que falta en este país es gobernabilidad, estadistas, mujeres y hombres de bien, que administren como buenos padres y madres de familia la cosa pública.

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Le recordamos a don Fabio y a su cuadrilla, que se han atrevido a amenazar por los medios masivos de comunicación social el ejercicio autónomo del Poder Judicial que no se confundan, que los costarricenses tenemos entereza, valentía y dignidad para defender en las calles y donde sea necesario lo que nos queda de democracia. Que no lograrán ponernos de rodillas ante el poder, cuando lobos disfrazados de ovejas quieren perpetuar el saqueo de la patria como si fuera su piñatita de feliz cumpleaños.

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