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Obra inédita

Las pasiones de Néstor Zeledón

Actualizado el 02 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Obra inédita El Museo de Arte Costarri-cense abrirá una amplia exposición dedicada al notable escultor el martes 4

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Las pasiones de Néstor Zeledón

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Néstor Zeledón Guzmán emprende su propio camino; recorre su tierra y reconstruye su historia oyendo y viviendo a sus personajes, y nos los presenta como un grito angustioso de lo que se está inexorablemente perdiendo: la vida sencilla, llena de canciones viejas, de leña y de caña, de manos, bueyes y carretas, de jilgueros, guitarreros, casas de madera, tejas de barro, gentiles paisanos, jóvenes que aún creen en la vida y en el amor; y por eso lo tildan de “costumbrista”, como quien descubre en ello una carencia.

Amores y demonios. Cuando Néstor nos presenta a sus campesinos, sembradores, cogedoras de café, paleros, parejas de amantes, amantes solitarias', está dando rienda suelta a sus convicciones; está presentando esas páginas de su vida; está tratando de dejar constancia, con amor y solvencia, de la gracia de esa vida que se pierde irremediablemente; quiere reconciliarnos con lo elemental, con eso que no tiene precio. A veces nos sentimos sobrecogidos cuando, al ver su obra, nos damos cuenta de cuán nítidamente nos describe sus convicciones, lealtades, debilidades, fantasmas y demonios, sus apegos', que lo llevan, a veces, a representar lo que algunos llaman “lo incontable”, aguijoneado por necesidades expresivas y dudas.

Pese a todo, el artista no rehúye la crueldad porque sabe de nuestra inclinación hacia ella y porque ha sufrido a los dioses primitivos, crueles y rencorosos; y por esto aborda escultórica, pictórica, dibujística y literariamente “el hambre”, “la burocracia”, “el miedo”, “las fisgonas”, “Mateo el Sapo”', personajes que representan el otro lado oscuro del ser humano y que los ofrece con tanta repelencia y terror que no escatima recursos expresivos para hacerlos “impresentables”.

Guerra y paz. Zeledón se ha adentrado en las interioridades del ser humano; ha oído, sentido y vivido las historias del presidiario, de la prostituta, del alcohólico, y nos las relata por quienes no lo han podido hacer en nombre propio. Lo hace con la serenidad del que ve en el alma ajena y en la propia, y con un envidiable dominio del oficio.

El artista nos dice de sí mismo: “Mi equilibrio emocional se da gracias a que soy capaz de enfrentar mis fantasmas desde el momento en que los represento, porque, a partir de ahí, los domino y los manejo a mi antojo; si no fuera así, hace tiempo que me hubieran carcomido por dentro”.

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Su concepción del mundo reniega de las medias tintas y salta del bien al mal, de la paz a la guerra, de lo positivo a lo negativo, de la alegría a la tristeza'; pasa por todos los antónimos, pero, de lo que no cabe duda –aunque nuestro artista evita la moraleja– es de su opción clara por el ser humano porque no puede desprenderse de su propio aprendizaje de ser persona, lo que desemboca, a final de cuentas, en una concepción del mundo más generosa, cargada de utopía, rayana en la perfección.

Por otro lado, Néstor Zeledón nos abre las puertas de la esperanza, y, aunque no cree en el Dios que la cristiandad ha creado a su imagen y semejanza, nos ofrece el sufrimiento de Cristo, al que admira sobremanera, como redención, o la bondad de Francisco de Asís, como tabla de salvación, o la belleza de Eva, como summum de la perfección en representación de todas las mujeres, dignas de ser admiradas y respetadas como principio y fin de la especie humana.

Cambio de mundo. Desde los personajes que deben vivir un destino impuesto, como los de Éxodo, Los precaristas, Los marginados'; desde las trampas que nos tienden los instintos, como El grito, La espera'; desde los horizontes en los cuales se vislumbra el terror, como El miedo, Hambre, El horror de nacer', hasta la ternura extasiada de Francisco, la callada complacencia y compañía de Amiga, la vitalidad y la energía de Fuego, Aire', y la sólida concentración en el amor de El abrazo: todas son manifestaciones de ese vivir en los límites de la existencia como los vive nuestro creador.

Desde el momento en que utiliza los materiales nobles: madera, piedra, bronce, hierro', se opone claramente a la era de la reproducción técnica, que trae consigo una inflación de imágenes por la que se pierden sus valores y contenidos originales. La escultura es una actividad corporal, y Néstor es el mediador entre el material –en este caso, la madera, la herramienta– y su mente. El trabajo tiene mucho de rítmico, y las herramientas son la prolongación de la voluntad del artista. Con esas herramientas golpea y talla, hiere, modela y pule e infunde vida a ese material, que convierte en formas animadas y sensibles.

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Su pasión –porque Néstor es pasional– sensualiza las formas y hasta las sexualiza: unas llenas de gracia, otras de ternura, otras de humor. La austeridad no es uno de los fuertes de Néstor pues, aun en sus más escuetas esculturas, desborda pasión. La elegancia alada de sus obras conmueve el ánimo del espectador, de modo que, después de haber entrado en contacto con ellas, ya no volveremos a ver el mundo de la misma forma.

El autor es un escultor español nacionalizado costarricense. Sus obras se exhiben en diversos lugares del país y del extranjero; en Costa Rica, en particular en la Ciudad de los Niños (Cartago).

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