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Por partida doble

Actualizado el 20 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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“25 de agosto, 1212: Vendí a crédito, a un mercader de Baden-Baden, 6 corderos”, escribió en su registro empresarial un pastor de Fussen. Y agregó: “Olvidé su nombre”. Pero no se detuvo allí, pues también indicó: “No estoy seguro si fueron 6”. Las particularidades de este cuento son inventadas por este articulista, pero lo que no es inventado es que la contabilidad de entonces era, en Europa, la zona más avanzada en la materia, así de rudimentaria.

El método de contabilidad actual, por partida doble, se comenzó a utilizar más o menos cuando Cristóbal Colón descubrió América y constituye uno de los más importantes aportes intelectuales a la economía empresarial. Para algunos analistas, el capitalismo difícilmente hubiera florecido en la forma que lo hizo, hasta copar prácticamente todas las actividades económicas, sin la ayuda de la contabilidad por partida doble.

El método se basa en criterios muy simples. El primero es que lo que se tiene (denominado Activo) menos lo que se debe (Pasivo) es lo que realmente se posee (Patrimonio). Eso fue reordenado en lo que se conoce como la “ecuación fundamental de la contabilidad”: Activo > Pasivo más Patrimonio. Los inventores de este método acordaron que al lado izquierdo lo llamarían Debe y al derecho Haber.

También acordaron que, como matemáticamente igual efecto tiene restar una cantidad al lado izquierdo de una ecuación que sumarla al derecho, en los registros no se harían anotaciones con signo negativo, solo con signo positivo y que si una cuenta del activo tenía que ser reducida (porque, por ej., se recibió el pago de una acreencia), eso se anotaría al Haber. La convención fue igualmente simple para establecer si se gana o se pierde en los negocios: Ingresos menos Costos y Gastos igual Utilidad.

Toda transacción da origen a registros en el Debe y en el Haber; de ahí el nombre de contabilidad por partida doble. Una venta al contado da origen a un ingreso a caja, a una reducción de los inventarios, a gastos de venta y, se espera, a una utilidad. Sin embargo, la utilidad podía ser negativa si los costos y gastos superan los ingresos. El Debe y el Haber tienen que balancear. Cuando no mostraran sumas iguales, es que hubo algo mal registrado y procede trabajar tiempo extra hasta que se identifique el error de anotación.

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La adopción masiva del esquema contable de partida doble se atribuye a un fraile franciscano, matemático, amigo (entre otros) de Leonardo da Vinci y Piero della Francesca, llamado Luca Bartolomeo de Pacioli, a finales del siglo XV, aunque otros dicen que versiones rudimentarias del método ya existían y que lo que Pacioli hizo fue sistematizarlo en su obra Particularis de Computis et Scriptoris . Sea que fueran ideas originales u ordenadas de otras que ya estaban en el ambiente veneciano, se trata de una notable contribución al progreso de la humanidad y hoy difícilmente se concibe que una empresa de mediano tamaño pueda operar sin un sistema de registro de ese tipo. Por ello Pacioli es conocido como el “padre de la Contabilidad”.

Con el paso del tiempo, la contabilidad se prestó para la creatividad humana, buena y mala, como cuando se quiere reclamar una bonificación gerencial indebida o hacer lucir, ante potenciales inversionistas, más atractiva a una empresa. El subestimar conscientemente las provisiones por cuentas incobrables, o el valor presente de los compromisos incurridos bajo esquemas de pensiones, por ej., hace parecer que una empresa es sólida cuando en realidad podría no serlo. Y aquí es donde juegan un papel importante la ética profesional, las auditorías y hasta las cárceles.

La contabilidad también tiene su lado humorístico. “¡Al fin –le manifestó alegremente el joven esposo a su mujer– somos dueños de nuestro bebé: ya terminamos de pagar al pediatra!”. “¿Es usted millonario?”, preguntaron alguna vez a Walt Disney. “A juzgar por lo que debo, sí”, contestó. “¡Debe haber, pero no hay!”, respondió Cantinflas al tendero cuando le pidió cuentas por el negocio que le había encomendado temporalmente. Por favor, decimos nosotros, no confíen al bucólico pastor de Fussen ni a Cantinflas, y por supuesto nunca a Al Capone, los registros financiero-contables de la CCSS, ni los de la trocha, ni los de la platina, ni...

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