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¿Qué papel asignar al Estado?

Actualizado el 30 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

El ámbitopolítico “local” debe incluir el contexto mundial o regional

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¿Qué papel asignar al Estado?

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WASHINGTON, DC - La crisis financiera de 2008 ha dado impulso a un debate global sobre el nivel y el tipo más adecuados de regulación estatal de los mercados. En los Estados Unidos es un tema clave en las próximas elecciones presidenciales, y también está ganando importancia política en Europa y los mercados emergentes.

Para empezar, los notables indicadores de crecimiento de China en las últimas tres décadas han dado al mundo un ejemplo de éxito económico de lo que muchos llaman el "capitalismo de estado". Por otra parte, las políticas de desarrollo de Brasil también han dado bastante peso al estado.

Las preguntas relativas al tamaño del estado y el rol sostenible del gobierno se encuentran al centro del debate en torno al destino de la eurozona. Muchos críticos de Europa, especialmente en los EE. UU., vinculan la crisis del euro con un desmesurado papel del Gobierno, a pesar de que los países escandinavos exhiben buenos resultados teniendo un alto gasto público. En Francia, el nuevo Gobierno de centro-izquierda se enfrenta al reto de cumplir su promesa de fortalecer la solidaridad social y, al mismo tiempo, reducir sustancialmente el déficit presupuestario.

Desilusión generalizada. Junto a los argumentos –en su mayoría económicos– sobre el papel del Gobierno, en muchos países se está viviendo una desilusión generalizada con la política y un creciente distanciamiento entre los ciudadanos y los Gobiernos (en especial los Gobiernos nacionales). En varias naciones están bajando los índices de participación en las elecciones nacionales, y nuevos partidos y movimientos, como el Partido Pirata en Alemania y el Movimiento Cinco Estrellas en Italia, reflejan un fuerte descontento con los gobiernos actuales.

En los EE. UU., el índice de aprobación del Congreso ha alcanzado un 14%, uno de los más bajos de los que se tenga registro. Muchos, como mi colega Bruce Katz de la Brookings Institution, creen que la única solución es transferir un mayor nivel de iniciativa política y de gobierno a los estados y municipios, en estrecha colaboración con el sector privado y la sociedad civil. Pero este enfoque también podría tener un lado negativo. Piénsese en España, donde un exceso de descentralización fiscal hacia los gobiernos regionales contribuyó significativamente al debilitamiento de unas finanzas públicas por lo demás sólidas.

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Un problema crucial en este debate global es que, a pesar de las realidades tecnológicas y de globalización del siglo veintiuno, la gobernanza y las políticas públicas se realizan en gran medida como si pertenecieran al dominio de la nación-estado. Para adaptar el debate a los verdaderos desafíos que enfrentamos, debemos centrarnos en cuatro niveles de gobernanza e identificar la mejor forma de asignarles las políticas públicas.

Deseos del electorado. En primer lugar, muchas políticas –como el apoyo a la infraestructura local, el ordenamiento territorial, la formación y facilitación de la producción industrial, las ordenanzas de tráfico y las normativas ambientales–, se pueden determinar en el ámbito local o metropolitano, reflejando mejor los deseos del electorado local.

Por supuesto, las relaciones exteriores y la política de defensa se seguirán llevando a cabo principalmente desde el segundo nivel, el estado-nación. La mayoría de los países tienen monedas nacionales y, por tanto, deben aplicar políticas fiscales y económicas que sustenten la integridad monetaria. Como nos ha recordado crudamente la crisis de la eurozona, la descentralización no puede adentrarse demasiado en el ámbito presupuestario, si es que no se quiere poner en riesgo la supervivencia de la moneda común.

El sistema estadounidense es manejable porque los estados se deben ceñir a presupuestos equilibrados, al tiempo que el Gobierno federal es responsable de la mayor parte de la política fiscal. Más aún, allí la regulación bancaria y los seguros de depósitos están centralizados, puesto que deben formar parte de una unión monetaria. La eurozona ha terminado por reconocer esta necesidad.

Por tanto, la gobernanza a nivel del estado-nación sigue siendo muy importante y está íntimamente ligada a la soberanía monetaria. El problema clave en la Europa de hoy es si los miembros de la eurozona avanzarán hacia algo parecido a un estado-nación federal. A menos que lo hagan, es difícil ver cómo puede sobrevivir la moneda común.

Gobernanza supranacional. También hay un tercer nivel de gobernanza, el regional o continental, que se encuentra más avanzado en la Unión Europea (y se está probando en América Latina, África y Asia) y puede ser de gran utilidad. Las uniones aduaneras, las zonas de libre comercio o los mercado únicos, como en Europa, permiten una mayor movilidad de bienes y servicios y contribuyen a disfrutar de beneficios de economías de escala a los que no es posible acceder de otro modo. El espacio Schengen de Europa es otro ejemplo de gobernanza regional supranacional. Además, en este nivel es posible abordar mejor ciertos temas relacionados con la infraestructura.

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Por último, tenemos el nivel mundial. La propagación de enfermedades infecciosas, el comercio y las finanzas mundiales, el cambio climático, la no proliferación nuclear, la lucha contra el terrorismo y la seguridad cibernética son apenas algunos de los problemas para los que son fundamentales la cooperación internacional y la gobernanza global.

En el mundo interdependiente de hoy, el debate sobre el papel de las políticas públicas, el tamaño y las funciones del Gobierno, y la legitimidad de la toma de decisiones públicas debe llevarse a cabo teniendo en mente de manera mucho más clara estos cuatro niveles de gobernanza. A menudo se superponen (por ejemplo, en temas de infraestructura y energía limpia), pero la democracia se podría fortalecer mucho si los problemas se relacionaran con los niveles en que las decisiones se pueden tomar de mejor manera.

Reto para la comunicación. Como ha dicho Pascal Lamy, director de la Organización Mundial del Comercio, no se trata solamente de llevar lo "local" al nivel "global": el ámbito político inherentemente "local" también tiene que internalizar el contexto mundial o regional. Es un gran desafío para la comunicación y el liderazgo político; sin embargo, si no se cumple será difícil conciliar democracia y globalización. El gran reto de las próximas décadas será cómo llevar a cabo un debate democrático en relación con estos cuatro niveles y estructurar un espacio político que refleje mejor los ámbitos económico y social.

Kemal Dervi ha sido ministro de economía de Turquía, administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y vicepresidente del Banco Mundial. En la actualidad es vicepresidente y director del Programa de Economía y Desarrollo Global de la Brookings Institution.

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