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Cultura

Aquí palpita el arte

Actualizado el 13 de junio de 2010 a las 12:00 am

Un niño lleva en una de sus manos el estuche con su violín. En la otra, sostiene un lienzo con la pintura que él mismo creó. Aquella imagen se repite, una y otra vez, en la Escuela Municipal de Artes Integradas (EMAI) de Santa Ana, el corazón de la cultura en ese cantón.

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La mirada de Nils Calderón no se separa del lienzo. Un pequeño guiño en su entrecejo evidencia la concentración que lo invade mientras intenta reproducir aquel paisaje en la tela perturbadoramente blanca que se extiende frente a sus ojos.

El jovencito tiene 13 años y vive en Pozos de Santa Ana. Él recibe clases de pintura mientras su hermana, Saderlay, de 11, ensaya danza un piso más arriba de donde él está con su caballete.

A su lado, María Aurelia Ramírez Granados, de 64 años, reproduce el reflejo del bosque sobre un lago.

“Me encanta pintar; me llena de energía y me relaja”, confiesa esta vecina de Santa Ana centro, mamá de cuatro muchachas y abuela de ocho nietos.

Nils piensa muy parecido a María Aurelia. A su manera, considera lo que hace como algo novedoso. “Me gusta y me distrae del colegio”.

Aunque son personas de diferentes oficios, edades y barrios, tienen un punto de encuentro común aparte de su gusto por diferentes manifestaciones del arte. Son alumnos de uno de los semilleros culturales más importantes del país: la Escuela Municipal de Artes Integradas (EMAI).

Semillero

Rodeada de los cerros de Santa Ana, esa escuela palpita en el centro de ese cantón josefino.

La visitamos un sábado de estos. El director de EMAI, Jorge Acevedo, dice que es el día más activo de la semana. Es cuando Nils dedica más tiempo a la pintura y doña María Aurelia dispone de más horas alejada de los oficios hogareños .

Por allá, retumba el ensayo de la cimarrona. Más acá, un grupo de muchachos repasa sus malabares formando figuras en el aire. En los pisos de arriba, una rondalla de guitarras suelta algunos boleros, y la orquesta sinfónica despereza algunas piezas de Mozart.

Por lo general, entre semana, la actividad se comienza a sentir pasadas las 4 p. m., cuando niños y adultos salen de los centros educativos y vuelven del trabajo.

Ese sábado, gran parte de los 3.000 estudiantes de la escuela se regocijan en el aprendizaje de diferentes expresiones artísticas: danza, música, pintura y teatro.

No están ahí por obligación. Karla Cascante empezó por llevar a su hijo, Bolívar Torres, de 11 años, a clases de pintura.

Tanta fue la emoción, que ahora ella recibe lecciones junto al niño. Los sábados, después de pintar, Bolívar pasa a su clase de percusión.

“Apenas salimos de la escuela –en Piedades de Santa Ana– nos venimos para acá. Él es mi único hijo y a través del ensayo aquí, aprobó los cursos para hacer estudios con la Sinfónica (juvenil)”, contó Karla, orgullosa.

Bolívar es uno de cientos de niños, jóvenes y adultos que han encontrado en la EMAI un semillero para ver crecer su talento.

Entre semana, es muy común verlos recorrer los pasillos del nuevo edificio. Las instalaciones fueron inauguradas en mayo, con apoyo de varias empresas privadas pero, sobre todo, con el soporte financiero de la municipalidad local.

Desde hace 12 años, cuando empezaron a funcionar en uno de los salones de la biblioteca municipal santaneña, se han topado con la visión y colaboración de alcaldes y regidores de ese cantón.

El soporte ha llegado a tal nivel que, al día de hoy, la Municipalidad de Santa Ana los apoya financieramente con un 3% del presupuesto, además de haber aportado $2 millones para la construcción del nuevo edificio.

Este centro de cultura es un proyecto municipal, ejecutado por la Asociación EMAI. ¡Imagínese usted si todas las municipalidades hicieran lo mismo!

“Este es el secreto: que los niños y la juventud reciban educación integralmente. Así, vamos a tener mejores individuos y ciudadanos.

“Es la mejor inversión que cualquier gobierno y sociedad civil puede hacer”, mencionó Acevedo, a quien todos allí llaman Maestro.

Versatilidad

La EMAI tiene orquesta juvenil, orquesta sinfónica infantil, sinfónica elemental, big-band, cimarrona, grupo de música latinoamericana...

La mitad de sus 3.000 estudiantes son becados. La ayuda permite a aquellas personas –sobre todo, jovencitos– de muy escasos recursos seguir sus aspiraciones artísticas.

En la escuela, la matrícula es de ¢12.000 y no se paga mensualidad. “Queremos dar un servicio a la comunidad”, dijo la administradora Míriam Padilla.

Y lo están logrando. En La Promesa, una comunidad de unas 500 personas, en los bajos del río Virilla, hay varios jóvenes interesados en la música.

Es una forma de quitarle a la delincuencia posibles “peones” o cabecillas. El programa social de EMAI, permite que algunos de sus 70 profesores vayan a dar clases de arte durante un año a zonas en pobreza extrema.

Si los estudiantes responden, se les permite continuar los estudios en la sede de Santa Ana.

“La incorporación a este tipo de programas da más posibilidades de surgir a la gente. Estas son las armas de la paz”, dice el Maestro Acevedo.

Por esa misma razón y aunque el programa recibe un apoyo financiero importante de la comunidad santaneña, se tiene el interés de expander el modelo a otros lugares del país.

Es inevitable. Cuando la gente ama las bellas artes y llega hasta sus oídos la buena fama de esta escuela, es imposible que no toquen sus puertas para matricularse en alguno de los cursos.

Desde el cantón de Vásquez de Coronado, asisten los hermanos José Francisco y Óscar Vega, quienes participan en la orquesta de guitarras dirigida por el joven maestro Diego Rosales, una de las adquisiciones más preciadas dentro del cuerpo docente.

El ingeniero de sistemas Jorge Miranda también viaja desde Hatillo.

Los hermanos Campos lo hacen desde el centro de San José. Todo lo que han aprendido en la EMAI los ha convertido en uno de los grupos más cotizados para tocar en actividades religiosas por todo el país.

Interés social

Sin duda, las actividades desarrolladas por esta casa de la cultura son parte de un programa con perfil social.

Basta con pasar por allí un sábado cualquiera para notarlo. El arte, en sus múltiples variedades, brota por las paredes del moderno edificio e inunda gran parte del centro del cantón santaneño.

Definitivamente, es un lugar para la familia. Karla y su hijo, Bolívar, lo comprobaron.

De igual manera, lo han hecho los hermanos Campos desde hace muchos años; prácticamente, desde que se inició la escuela.

Rosa María Rodríguez se divierte los fines de semana junto a sus hijos María Lourdes, Alejandro y María José –de 17, 9 y 12 años, respectivamente–. La mamá recibe pintura junto a su primogénita. Los más chiquillos aman el violín.

“Esto da mucha paz. Solo venir aquí le cambia a uno el carácter. Para mí, es la mejor medicina, y para los chicos es una gran ayuda porque hasta les ayuda para concentrarse en sus estudios”, comentó la señora.

Mauricio Jiménez es profesor de la cimarrona. Él es parte de una familia santaneña donde este tipo de música de fiesta forma parte de la herencia que se ha transmitido de generación en generación, por más de cien años.

Dos de sus hijos ensayan con él todos los sábados, junto a un grupo de muchachos tan, pero tan jóvenes, que ninguno de ellos tiene la cédula de identidad tramitada en el Registro Civil.

Entre flautas, clarinetes, saxofones, trombones y tubas y, por supuesto, el redoblante y el bombo, la cimarrona de la EMAI se lanzó a pista con La Nicoyanita, una danza guanacasteca tradicional en turnos de pueblo. Más rápido que ligero, se soltaron una jota muy famosa, Viva San Mateo.

Valores a través del arte

La profesora de danza, Andrea Navarro, dirige a un grupo de pequeños que no pasan de los 12 años. Disciplina, tolerancia, creatividad, concentración... son algunos de los valores que la novel instructora transmite a sus discípulos.

Tanto disfrutan los jóvenes aquí que, según los datos de la administración, la deserción anual no llega ni al 1% de toda la matrícula. Al contario, agrega Míriam Padilla, hay una larga lista a la espera de que se abra cupo en alguno de los grupos.

Los alumnos más chiquitos tienen 2 años de edad. Pertenecen al programa de estimulación temprana de la EMAI. Chiquitos hasta los 6 años de edad, aprenden en ese programa danza, teatro, música y artes plásticas.

También hay cursos para adultos, porque se dieron cuenta de que, mientras esperaban a sus hijos o nietos, papás y mamás no tenían nada qué hacer.

Por eso, Diego Rosales dirige a madres, padres y abuelos en una rondalla capaz de interpretar los mejores boleros. En total, hay tres orquestas de guitarra.

Jorge Acevedo es quien comanda a la sinfónica juvenil de EMAI.

Los integrantes son jóvenes comunes y corrientes. Está el violinista con sus Nike y su cadena al cuello, cual Daddy Yankee. Está su colega de instrumento: una joven con un camanance que logra opacar el fucsia fosforescente de su bufanda. También está el melenudo concertista de aire intelectual, quien, de vez en cuando, sonríe mostrando sus frenillos.

De repente, al finalizar el ensayo, uno de ellos brinca a la lección de guitarra, mientras la otra sale corriendo para no perder ni un minuto de su clase de pintura. ¡Así se mueve todo ahí!

La gran demanda por aprender aumenta las necesidades de crecimiento de la escuela. Por eso, los planes no paran.

Pronto, abrirán un café para que sus estudiantes y los visitantes puedan degustar de algún postre escuchando música, y observando alguna exposición de arte en su recién abierta galería.

También dentro de sus proyectos está la incorporación de las nuevas tecnologías en el arte.

“Queremos formar técnicos en grabación, en artes visuales, introducir video y fotografía”, comentó Acevedo, quien hoy, como hace más de una década, no le impide a su sueño crecer.

Todos estos proyectos serán posibles con la ayuda municipal, de los ministerios de Cultura y Educación, y de la empresa privada a través de la Asociación de Empresas para el Desarrollo (AED).

A partir de agosto, el auditorio ubicado en el tercer piso de la escuela servirá para realizar conciertos, todos los sábados, a las 7 de la noche.

Se están integrando dos grupos: el de Amigos de EMAI y el de padrinos, con el fin de que los fondos que allí se recauden permitan continuar y ampliar la labor social a comunidades de escasos recursos.

Es de interés de la EMAI llevar su proyecto a otras municipalidades del país.

El resto es lograr que otros gobiernos locales sigan el ejemplo del santaneño, permitiéndole a cientos de costarricenses interesados en las bellas artes dar rienda suelta a su espíritu.

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