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Con palabras de bendición

Actualizado el 22 de abril de 2004 a las 12:00 am

Jason Frenn salió de un hogar desintegrado para ayudar a otros

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Jason Frenn creció entre los típicos estira y encoje de unos padres divorcios. Observó a su madre hundida en una botella de licor y en medio de relaciones inestables.

Pocos imaginan que esa historia precede al hombre que visita barrios marginales, en la capital, para llevar ayuda material y también espiritual.

Oriundo de California, Estados Unidos, Frenn empezó un camino como misionero que lo trajo, a principios de los años 90, a este país.

"Vine a tomar un curso bíblico de un mes y encontré a gente tan hermosa que decidí mudarme para acá", explicó.

Con 37 años, está casado desde hace 15 con Cindee Frenn.

La pareja tiene tres hijas, dos perros y una tortuga, comentó con un tono bastante chistoso.

Su vida la ha dedicado a Dios, como pastor de las comunidades evangélicas del país.

Él es actualmente uno de los ministros de la congregación Asambleas de Dios.

Este "gringo", quien conoce muy bien los dichos ticos, ha movido cielo y tierra para que el mensaje del que llama su "mejor Socio" llegue a más creyentes de este país.

Su última locura, o inspiración, como prefiera llamarla, es la jornada a la cual bautizó: "Hay esperanza en Jesús".

Con apoyo de iglesias de los Estados Unidos, y un comité local, Frenn empezó ayer dicha jornada en el estadio Ricardo Saprissa de la capital.

Su reto es llevar a más de 20.000 personas, durante cuatro noches, para hablarles del cambio que Jesús hizo en él y puede hacer en los demás.

Su tarea evangelizadora empezó anoche y culminará este viernes por la noche.

"Mi familia era creyente pero no iba casi a un templo. Yo tampoco, hasta que una familia mexicana me invitó a la iglesia y empecé a comprender el amor de Dios"´, contó con entusiasmo unos días antes.

"Poco a poco empecé a conectarme con Él y cambié mi idea de estudiar historia o política, para aprender más sobre la religión", agregó el predicador, quien tiene una maestría en liderazgo eclesiástico.

A su amor por Dios, le sigue su devoción familiar.

De su actual esposa se enamoró cuando tenía 17 años.

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"La conocí en la universidad y me pareció tan hermosa que me presenté con ella", recordó.

Su relación lo ayudó a sanar viejas heridas, sobre todo, con su padre y madre.

Cuando contrajo matrimonio, decidió que era hora de cortar con su anterior historia y prometió convertirse en un buen padre y esposo.

Su inquieto espíritu lo llevó a poner en un libro la historia de su vida, un relato que espera pueda darle una luz a otros.

Poder para cambiar es el nombre de su obra que está llena de enseñanzas espirituales.

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