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El paisaje

Actualizado el 12 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Somos resultadodel paisaje,del pensar y sentir horizontes

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Paisaje es lo que el terreno nos permite ver de cerca y lo que oscuramente diseña a la distancia; lo que percibimos y lo que imaginamos, el árbol que podemos tocar sin esfuerzo y el horizonte que apenas adivinamos.

Durante el transcurso de su historia, los pueblos aprendieron a contemplar el paisaje... cuando había tiempo para detenerse a mirar. Siempre fue el paisaje y el hombre, con el arado o con el fruto recogido, como pastor desde las colinas o en el barco surcando océanos y trascendiendo inmensidades.

El paisaje fue realidad e incertidumbre, entorno conservado y distancia retenida por una constante forma de mirar. Luego, todo lo demás. La perplejidad primero y la ilusión después como realidad imaginada. Permanentemente, otro paisaje presentido.

Atreviéndose a descubrir, el hombre se encontró con distintos pueblos y diferentes culturas, y hasta con Dios que lo llamó casi con apresuramiento. Abraham, mirando hacia el lugar de su raro destino, abandonó Sumeria obedientemente. Atravesó desiertos, montañas y valles, fundó la nación de Israel, enseñándola a creer en el prodigio y transmitiendo su fe por los siglos de los siglos. Consecuencia del paisaje, surge la idea de lo sublime, el concepto de excelsitud.

En época después, y desde un acantilado de la isla de Ogygia, Ulises miraba tristemente el atardecer, pensado en Ithaca, en su casa, su esposa y su hijo, llorando por su lejano y abandonado hogar. Sin el paisaje, la guerra de Troya no hubiera tenido lugar, ni Homero jamás habría existido, ni la poesía, ni el valor como leyenda, ni “los dioses como hombres inmortales ni los hombres como dioses perecederos”.

Contemplando el paisaje nació el arte, la ciencia, la religión y todo lo que depara la imagen de un mas allá siempre anhelado, y hasta la filosofía, consecuencia de la armónica combinación de la vista con el pensamiento, de la lejanía con la razón.

Somos resultado del paisaje, del pensar y sentir horizontes, del encuentro del minuto que ha transcurrido con el tiempo que se resiste a llegar sin haber nunca marchado; recuerdo y esperanza unidos en un mismo concepto de infinitud. Somos, hemos sido, pero dejamos de serlo por transformada realidad sorprendida.

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Perdimos la necesaria vida tranquila que nos ofrecía la oportunidad para mirar. Olvidamos el pasado y la realidad del futuro por apresurada y codiciosa forma de vivir. Nos quedamos sin los sueños que dieron firmeza al carácter y a la fe; han quemado todos los conquistadores caballos de madera que derribaron imperios y levantaron culturas de firme y profunda espiritualidad.

¡Nos borraron el paisaje que permitió mantener fuertemente unidos la inteligencia y el corazón!

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