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Visita a un pequeño gigante de Asia

El país donde no existen las aguas negras

Actualizado el 28 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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El país donde no existen las aguas negras

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Singapur. Como buen país tropical, en Singapur llueve mucho; casi tanto como en Costa Rica. Un día cualquiera de octubre la ciudad amanece con un aguacero torrencial, pero ofrece un cielo despejado y lleno de sol a mediodía.

Poco importa lo fuerte que llueva: el líquido que cae a los techos y a las calles pasa a un sistema de drenajes y canales de 7.000 km que se extiende por casi todo este pequeño país y termina en 17 reservorios.

El eficiente uso del agua en esta ciudad sin acuíferos es un ejemplo más de cómo las necesidades de esta nación asiática la ha llevado a tomar decisiones de avanzada.

No solo llevan el agua de lluvia a lagos artificiales: cerraron la salida al mar de ríos para aprovechar el líquido y tratan y reutilizan las aguas que en Costa Rica se llaman negras, servidas o sucias, pero que en Singapur son oficialmente las “usadas”, que se limpian y vuelven a ser potables. Prácticamente todas las aguas usadas (216.800 piscinas olímpicas por año) se recolectan en un sistema aparte del que recibe las llovidas.

Como todo en este lugar, el éxito actual es el fruto de la planificación pasada y el éxito futuro dependerá de la planificación actual. Por eso, en su contexto no es extraño que tengan perfilada la demanda y la oferta de agua que tendrán, no en el 2020, ni en el 2040, sino en el 2060, que es dentro de casi medio siglo.

Hasta hace pocas décadas, dependía casi completamente del agua de la vecina Malasia para no ahogarse y poder crecer. El primero de los dos contratos por los cuales compraban su agua venció en agosto del 2011 y fueron capaces de no renovarlo gracias a la captación de lluvia, desalinización de agua marina y la limpieza del agua usada.

El próximo contrato vencerá en 2061 y, según explicó Lim Siew Wee, de la agencia del agua PUB, el objetivo es no renovarlo. De ahí la importancia de la planificación.

“El agua usada hoy puede cubrir el 30% de las necesidades del país, pero para el 2060 deberá cubrir el 50% de la demanda. También estamos aumentando nuestras capacidades para que la desalinización cubra el 30%”, explica Lim.

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El asunto no es tan sencillo como almacenar sin fin el agua de lluvia. Si se hiciera así, el centro financiero de Singapur se inundaría con cada chaparrón pues está justo al lado del reservorio número 15, el del río Kallang, creado en el 2010.

La salida del río está bloqueada por una barrera de concreto de 350 metros que lo separa del mar, la Marina Barrage. Durante las lluvias, el embalse es controlado para que la ciudad no se inunde. Unas gigantescas compuertas se abren en la barrera en caso de que la marea esté bajando y unas potentes bombas sacan el exceso si hay marea alta a un ritmo de casi siete piscinas olímpicas cada segundo (sí, es la casa de bombeo más potente del mundo).

¿Qué era la basura? En 1960, el área de Singapur era de 581 km². Al 2012 son 704 km². En el 2030 será cercana a 800 km².

Los desechos de las excavaciones para infraestructura, edificios y cuevas donde guardarán en el 2014 gigantescas reservas de petróleo, dan material para los rellenos con que reclaman terreno al mar, pero ahora hasta los desechos de los pobladores sirven para ese fin.

Por supuesto que tratan de reutilizar y reciclar todo lo posible, pero llega a un punto donde simplemente se tiene un desecho, o “basura” para los costarricenses.

Esa basura es procesada. Alguna es incinerada e incluso esas cenizas llegan para servir como material de relleno, un concepto que ha permitido hasta unir distintas islas pequeñas para crear una sola y grande ahora dedicada a la industria, la Jurong.

Ya está definido el espacio de 350 hectáreas donde los desechos procesados comenzarán a ganarle al mar en los próximos años.

El reclamo de Singapur no se ve mejor en ningún otro lugar que en Marina Bay, precisamente justo al lado de Marina Barrage y a pocos metros del centro financiero.

Una década pasó entre el momento en que terminó el relleno y cuando se autorizó que se empezaran a levantar las construcciones, gigantescos rascacielos que ya cambiaron el skyline.

“La espera se dio para que el terreno se asentara lo suficiente. Si se construía en el momento se hubiera tenido que usar pilotes y eso hace todo más complicado”, explica Peter Ho hak Ean, presidente de la Autoridad de Redesarrollo Urbano.

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Además, fiel a su estilo de hacer una ciudad amigable con el ambiente y las personas, un gran parque, Gardens by the Bay (los Jardines de la bahía), domina al centro.

“Nos preguntaron para qué íbamos a ‘desperdiciar’ espacio en un parque y nosotros respondimos que con un gran parque los terrenos aledaños iban a valer mucho más que sin él, y así ha sido”, explica Tan Jun Han, uno de los planificadores de esta Autoridad.

El concepto es parte de la idea de no tener jardines en la ciudad, sino de lograr que la ciudad entera se desarrolle en medio de un jardín, respetando lo más posible el medio ambiente.

Todas las grandes firmas de arquitectura del mundo quieren ahora dejar su huella en este pedazo de tierra tan pronto como sea posible. Poco importa que el terreno se le compre al Estado por un plazo establecido que no pasa de los 99 años, tras lo cual regresa a su dominio, con lo que tenga encima incluido.

“El espacio que tenemos es muy poco y no sabemos si lo que se construye hoy va a ser lo que se requiera en el futuro. Por eso, la ley impone esta condición”, dice Tan Jun Han.

La gigantesca maqueta de la autoridad planificadora muestra hoy como cubos de madera café lo que serán los rascacielos de los próximos años. Cuando el edificio está listo, un modelo a escala toma su lugar. El futuro no les da sorpresas.

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