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La ortografía usada en los medios informáticos irrumpe en la literatura

Actualizado el 24 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Otros decires La ortografía empleada en los nuevos medios electrónicos irrumpe también en la literatura

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La ortografía usada en los medios informáticos irrumpe en la literatura

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Hace un tiempo, un error ortográfico era motivo de susto; en cambio, hoy da risa. Para muestra, un botón: el “Ola k asen” en solo dos días se volvió un mem literario. Existen más de 250.000 búsquedas en Google destinadas a saber de dónde salió, y una de las explicaciones sobre su origen es que “hace burla a LoOOZz ke ezZcrib3N AZzzZZziii de BoOnithooOO y LegiBLee”.

Ortografía. Podrían ser muchas las razones por las que la ortografía se ha flexibilizado hasta la deformidad: comodidad, dejadez, economía, irreverencia, velocidad. Lo cierto es que ver una falta en un post , en un mensaje de texto o en un tweet hoy en día ya no le quita el sueño a nadie.

Sin embargo, el asunto va todavía más lejos, aunque algunos se aferren con uñas y dientes a las normas de la Real Academia Española y quieran delimitar la impertinencia solo a la telefonía móvil, el chat , Twitter o Facebook.

Los nuevos medios (ya ni tan nuevos) no son solo herramientas de comunicación, sino también formatos con sus propios códigos.

Según la Fundéu (Fundación del Español Urgente), la negligencia en la grafía y en la puntuación, y la velocidad de intercambio de los SMS, ocasionó que, durante estos últimos años, evolucionara un pseudolenguaje mal escrito que intenta usar la menor cantidad de letras para decir algo.

Eso llevó a que las abreviaturas de xa (para) xq (porque) y x (por) –solo por mencionar algunas–, los emoticonos o las letras en alta (para pegar gritos) se tradujeran a un nuevo lenguaje literario: un recurso de estilo del que los narradores más arriesgados se valen para sacarle el jugo. Los errores ortográficos no solo se han saltado la cerca de lo mal escrito, sino que, si se procura la emulación de un chat , una escritura demasiado correcta ya no resulta verosímil.

Experimentación. En su libro El lectoespectador (Seix Barral), el crítico y escritor español Vicente Luis Mora establece una clasificación de narradores según su capacidad de riesgo y de experimentación. Los divide en tres: los tardomodernos, los posmodernos y los pangeicos.

Los narradores tardomodernos serían los que utilizan esquemas narrativos sustentados en estructuras decimonónicas: novelas con planteamiento, nudo y desenlace, con personajes sólidos construidos según el mito anacrónico del yo-fuerte renacentista, con tramas comprensibles, escasa complejidad temporal y un gusto claro por el sublime estético, al que se llega a través del estilo.

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Los posmodernos no distinguen entre alta y baja cultura, utilizan muchas referencias provenientes del pop y los medios de comunicación, elaboran una propuesta formal que esconde su nihilismo de fondo tras disfraces irónicos, frívolos o corrosivos, y pertenecen a un universo audiovisual.

Los pangeicos pertenecen a un universo digital, utilizan esquemas y estructuras de los medios de comunicación (algo más profundo que las referencias de los posmodernos) para construir la narración, y no distinguen creación tradicional y creación on line . La mayoría tiene blog o sitio en Internet, que alimenta a la narrativa luego publicada en libro.

Novela costarricense y riesgo. En la actual literatura costarricense podemos encontrar algunos ejemplos de ese tipo de rompimiento normativo para dar coherencia al relato dentro de la lógica de una historia.

Por ejemplo, en Bajo la lluvia Dios no existe , de Warren Ulloa Arguello , se establece un diálogo entre dos personajes a través del Messenger:

***

De pronto vi que Mabe se conectó y tenía su estado de “no disponible”. La saludé: Hola, yo con el seudónimo de Comehongos. Esperé unos segundos y me respondió. Ella se ponía Lilith.

Lilith dice: kmo ests??

Comehongos dice: Paranoico

Lilith dice: Por??

Comehongos dice: He estado makinando tonteras: P

No me respondió durante unos minutos. Luego puso:

Lilith dice: Q clase de tonteras? :D

Comehongos dice: Mis papás, esos maes andan en algo, bueno mi tata.

Lilith dice: Por q lo dics?!!!

***

En algunos fragmentos de Breves en el tiempo , de Blas Dotta , también se observa la utilización de un lenguaje posmoderno arraigado en el mundo audiovisual, así como reflexiones del narrador acerca de lo que significa la virtualidad:

***

El mundo es un photoshop: Animar es perder el miedo al movimiento de las líneas, a componer por capas, a entender que todo es ficticio.

...

Me entretuve sublimado un ser con otro. La mezcla perfecta. Un cuerpo software que no requiere de más memoria que la de mi habilidad. Todo va y viene, pero el espacio virtual no tiene más tiempo que la inmediatez. Demanda de información que nos consume en búsqueda de alimentar nuestras mentes febriles.

Dizque trabajo.

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...

¿Para qué me conecté? ¿Era esa la pregunta de la época? ¿Ser o no ser a través de la red de redes?

En Facebook me perseguían grafitis que no contestaba, los millones de seres intercambiando información, ideas y oportunidades en lo que se basaba todo.

***

El último ejemplo es la reciente novela de Jessica Clark , Un fuego lento , a la que podríamos calificar de pangeica según la clasificación propuesta pues trasciende las fronteras del formato impreso y trae lo sobrenatural a través de la realidad aumentada. Esto significa que los lectores pueden descargar una aplicación gratuita a sus teléfonos y, al apuntar sus cámaras a las imágenes del principio de cada capítulo, podrán ver pequeñas animaciones en 3D. Podríamos afirmar que es la primera novela costarricense que propone interacción multimedial a sus lectores.

Tradición y ruptura. Las rupturas son tan viejas como la historia de la literatura. El formato tradicional de la página es tan arbitrario como lo fue el papiro, la tablilla de cera o la pared de una pirámide.

Tampoco la novela estuvo a salvo con James Joyce, un lúdico vanguardista capaz de echarse abajo todas las convenciones narrativas de la época, subordinando para siempre las razones de ser de la novela (el tema, la intriga, el argumento) al manejo del estilo y del lenguaje.

En cuanto a Ulises, Joyce explicó: “He planteado tantos enigmas y quebraderos de cabeza que tendré ocupados por siglos a los profesores que discurrirán sobre todo lo que he querido decir, y esa es la única manera de asegurarse uno su ‘inmortalidad’”.

El riesgo de tanta prueba es quedarse sin lectores. Jorge Luis Borges decía en son de broma que él (como el resto del universo) nunca había leído Ulises , pero que leía y releía con felicidad algunas escenas. Muchísimo tiempo antes, Virginia Woolf arremetió contra esa novela de manera descarnada:

“Pienso que es un fiasco. Hay genio, es cierto, pero no del mejor. El libro es difuso y turbio: presuntuoso y vulgar. No puedo evitar pensar en uno de esos pilluelos de escuela primaria, lleno de espíritu y de talento, pero tan seguro de sí mismo, tan egoísta, que pierde todo sentido de la medida, se vuelve extravagante, presumido, chillón y tan maleducado que consterna a la gente que tiene buena disposición hacia él, y, a los que no la tienen, los aburre sin más”.

En su defensa, en cambio, el académico George Steiner establece que Ulises –libro “ilegible”– humillará, confundirá y espantará al lector pues ese es el objetivo principal de la ilegibilidad final.

Se intenta superar los límites técnicos aceptados, romper violentamente la tradición al decidir, por la razón que fuera, crear estilos nuevos para expandir las fronteras expresivas. Sin duda, Ulises , de James Joyce, rompió todos los espejos y liberó para siempre las riendas de la narración.

Quizás le haya llegado la hora a la ortografía, ese barquito de papel que hoy x hoy ya naufraga en las tórridas aguas de la inmediateZ.

La autora ha ganado el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría del en Cuento por su libro “La piel no miente”.

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