Por: Larissa Minsky A. 23 mayo, 2010

Más allá de informar en profundidad sobre un tema, el reportaje de Ángela Ávalos que hoy destacamos en la portada de la revista, constituye solamente el principio de un esfuerzo multifacético por llamar la atención sobre el gravísimo problema del maltrato infantil en Costa Rica.

Y digo multifacético porque, aparte de la publicación en Proa , hoy se incluyen tres artículos sobre el tema en la sección de Opinión del diario; pasado mañana tendrá lugar un chat con dos expertas en violencia familiar, y el miércoles 26 se llevará a cabo, en el auditorio de La Nación, un foro de discusión en el que participarán autoridades responsables de la atención de la niñez y la adolescencia en Costa Rica.

No es posible que este flagelo siga creciendo sin que las instituciones responsables puedan contenerlo. No es posible que el trabajo deba hacerse a medias y con las uñas, al tiempo que crece la lista de niños muertos por la violencia de parientes o vecinos. No es posible que el Hospital de Niños detecte casos de abuso físico o sexual, y los pequeños pacientes regresen junto a sus agresores después del internamiento.

Nadie dijo que es tarea fácil. Porque detrás de estos casos terribles suele haber pasados igualmente terribles: violencia que, al cabo de los años, se devuelve con más violencia, familias enfermas y círculos viciosos que parecen imposibles de romper.

Pero en algún momento habrá que empezar, y todos estamos llamados a involucrarnos.

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