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Los niños de ayer, hoy son los maestros

Actualizado el 23 de junio de 2012 a las 12:00 am

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Los niños de ayer, hoy son los maestros

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Músicos profesionales y conocidos directores de orquesta de la actualidad, recuerdan con cariño las lecciones que aprendieron en las aulas y pasillos del Instituto Nacional de Música.

La chelista Patricia Herrera recordó que ella fue una de las niñas que asistió al Teatro Nacional a hacer la prueba. Cuenta que ese día había más de 3.000 personas en una fila que le daba varias vueltas al edificio.

“No se me olvida que yo estaba demasiado emocionada; siempre quise aprender a tocar un instrumento y mi profesor era Paul Friedof, principal de chelos de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN)”, aseguró

Marvin Araya, director de la Orquesta Sinfónica Juvenil y uno de esos músicos que ha estado durante 40 años en la institución, dice que él no olvida un hecho curioso que le ocurrió en 1972, antes de hacer la audición.

Según cuenta, antes de ingresar a la prueba, escuchó a un muchacho decir que su clarinete estaba desafinado. La frase le pareció tan llamativa que, en media audición, cuando Gerald Brown le preguntó qué instrumento quería aprender a tocar, lo único que se le ocurrió fue “clarinete”.

“Yo no sabía que era un clarinete, era solo un chiquito de ocho años... qué iba a saber qué era eso. Siempre pienso que si hubiera escuchado decir que era un bombo, hubiera dicho eso, pero escuché ‘clarinete’ y eso hizo que hoy sea el primer clarinetista de la OSN”, aseguró.

Para otros artistas como el cantautor Bernardo Quesada, el instituto, además de enseñarle de percusión, también le dio lecciones sobre la vida.

“Para mí, el Instituto es el eje de mi formación. Con mis profesores yo aprendí todo lo que se necesitaba para ser músico en cualquier parte del mundo”, dijo.

El cantante de Como luna creciente recordó que a sus 15 años, en una clase con el percusionista Bismark Fernández, aprendió algo que aún guarda en el corazón.

“Yo le llevé una lección de percusión, la toqué y cuando terminé, el tipo fue y agarró una guitarra que yo andaba. La afinó y me cantó una canción de Silvio Rodríguez ( Por quien merece amor ), y me dijo: ‘Yo puedo tocar esta canción así’, y lo hizo con la letra y las notas correctas, pero sin gracia. Luego volvió a cantar la misma estrofa, pero poniéndole alma, vida y corazón”, recordó.

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Añadió: “Luego me dijo: ‘Haga música, no toque notas Bernardo’. Lo más curioso de todo es que en ese momento él tenía 17 años y ya era el percusionista principal de la Sinfónica”.

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