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La naturaleza bien escrita de Lucrecio

Actualizado el 24 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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La naturaleza bien escrita de Lucrecio

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Nadie sabe bien ahora cómo fue Tito Lucrecio Caro, quien habitó en Roma en el siglo I antes de Cristo, de modo que le tocó vivir en ese tiempo –tan curioso– en el que los años caminaban al revés y las personas eran nuestros antípodas en la cronología. Empero, semejante rareza no carecía de ventajas pues todos se rebajaban la edad y en cada aniversario cumplían un año menos.

Todo nos parece muy fácil ahora porque, cuando se nos acaba el año 2012, viene el 2013, que para eso está; empero, antes no era igual pues, yendo con los calendarios en reversa, la gente vivía alarmada, perseguida por la flecha del tiempo –que volaba hacia atrás– y se preguntaba qué le depararía el día de ayer y qué habría después del año cero, el hoyo negro de la historia. Al final no pasó nada grave, mas algunas cosas se perdieron, como en las mudanzas, porque uno no puede llevarse todo de una era a otra. Conforme pasa el tiempo, a las generaciones se les pixelea la memoria.

Entre tales objetos extraviados está la mayoría de los datos de la vida de Lucrecio. Fue un romano patricio y vivió ( circa ) entre el año -99 y el -55. Se aficionó a la filosofía de Epicuro, quien postuló una ética de la amistad y la moderación, y una teología de la indiferencia pues –aseguró– nadie podía comunicarse con los dioses, como si estuviesen olímpicamente haciéndonos política mientras los votábamos.

De Lucrecio ha quedado un solo libro : De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), escrito en hexámetros latinos pues la literatura estaba entonces tan atrasada que nadie se había inventado el “verso libre” y los poetas debían trabajar escandiendo sílabas.

De rerum natura es un poema extraño porque no es una obra lírica (recordemos que el poeta lírico habla de sí mismo cuando habla de los otros) ni es épica al modo de la Ilíada , libro que Henry Miller llamó “el manual del carnicero”.

En cierto modo, sí, podría decirse que De rerum natura es una épica, pero de la creación y la evolución del universo: una “narración” que empieza con los átomos caídos verticalmente; empero, algunos de ellos se desvían (por clinamen ) y chocan con otros, de manera que se unen y forman los objetos materiales; de estos surgen las plantas, los animales y los seres humanos.

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En el libro hay vislumbres de la selección natural pues sugiere que las especies de animales que sobreviven son las que poseen astucia, fuerza o agilidad (V, 855). De rerum natura es el poema filosófico más extenso. El irónico Eugenio d’Ors hizo su parte y escribió: “El poeta-filósofo vive en casa ajena. El casero de Lucrecio es Epicuro; el casero de Dante es la escolástica” ( Confesiones y recuerdos [2000], pág. 142).

Benjamin Farrington nos revela que De rerum natura estaba prohibido en las escuelas del imperio romano porque no irradiaba mitología, a diferencia de la Eneida ( Ciencia y política en el mundo antiguo , cap. XIV). Lucrecio intentó explicar todo con un heroico realismo. Para ser más verdadera, toda ciencia social debe vincularse a alguna ciencia de la naturaleza. Lo demás es pensamiento mágico.

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