Por: Fernando Durán Ayanegui 2 septiembre, 2012

Como diría un aburrido locutor escocés, el fundamentalismo religioso tiene gran peso político en las sociedades islámicas, en Israel y en las sociedades cristianas occidentales. En Costa Rica, en los debates sobre fecundación in vitro, educación sexual y derechos de los homosexuales (para mencionar solo algunos) el fuego más apasionado proviene de los ámbitos eclesiales católico y protestante, con el último asentado en la Asamblea Legislativa y el primero fortificado en el poder ejecutivo y en un sector influyente de la prensa. En todo caso vivimos con eso y solo nos queda prepararnos para las algaradas que se avecinan, algunas rodeadas de peligros y otras dotadas de un excelente potencial humorístico. Ahora nos llegan desde Brasil los indicios de una discusión sobre un tema sobre el que no sabemos si reír o morirnos del susto. Se trata del nuevo concepto de familia que surge del derecho -así comienza a expresarse y no olvidemos que el próximo presidente de EE UU podría ser un mormón- al ejercicio de la poligamia y, desde luego, de la poliandria.

La noticia es sencilla: se registró notarialmente una unión familiar integrada en su raíz por tres personas, dos de ellas del mismo sexo, situación que configura, en el lenguaje hasta ahora políticamente correcto, un caso de poligamia o de poliandria, dependiendo de cuál género esté en mayoría dentro de esa cordial entente genital. La declaración formal de tal entidad fue inscrita en Sao Paulo por la abogada Claudia do Nascimento Domingues en beneficio de dos mujeres y un hombre (pero pudo haber sido cualquier otra combinación de tres personas). Según la letrada, no hay en la Constitución brasileña ninguna norma que impida a más de dos personas constituir una familia, lo cual permite sentar este singular precedente, y desde su punto de vista los problemas de fidelidad no cambian: quizás más bien se resuelvan en vista de que pareciera más fácil permanecer fiel dentro de un círculo matrimonial de, digamos, treinta personas, que dentro de uno de solo dos. Y en lo que se refiere a la aceptación social, todo está resuelto ya, como se ha visto en el caso de los sacerdotes católicos -técnicamente casados con la Iglesia- que reconocieron la paternidad de hijos biológicos que solo pudieron ser engendrados dentro de un régimen de poligamia de hecho.

La novedosa fórmula brasileña, asentada hace tres meses como una "escritura pública declaratoria de unión civil poligámica", ya tuvo un efecto jurídico al ser aceptada por un banco para la apertura de una cuenta mancomunada. ¿Qué dicen nuestra Constitución y don Justo Orozco?

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