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Los movimientos del péndulo

Actualizado el 22 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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Tiene razón el periodista Álvaro Murillo cuando se refiere a la situación político-electoral bajo el título “Aguas revueltas y muchos pescadores” (vea La Nación, 3/02/2013, páginas 4 y 5 A). Lo mismo cabe decir del reportaje de Esteban Oviedo titulado “Una masa joven e indiferente lleva el peso de elección 2014” (vea La Nación, 4 de febrero). Estas son imágenes periodísticas que expresan con fidelidad la coyuntura actual y permiten ahondar en el estudio de las fuerzas socio-políticas. Algo de ese análisis intento en lo que sigue.

Sociedad progresista. A través de las oscilaciones del péndulo de la historia costarricense el país ha evolucionado desde el modelo de desarrollo oligárquico-exportador, pasando por la estrategia de sustitución de importaciones y Estado socioliberal de derecho, hasta la promoción de exportaciones y desaparición de monopolios en el sector público. Este itinerario contiene vacíos y errores, pero sus méritos han conducido a una sociedad de clases sociales medias, liberalismo moderado, inserción en la globalización y extremismos ideológicos controlados, lo que sin duda es un hecho positivo.

Asunto clave en el análisis político es el de la hegemonía. Si se cuenta desde 1940 hasta el presente puede hablarse de una hegemonía dominante en el caso del Partido Liberación Nacional, que en los períodos 1950-1978, 1982-1990 y 2006-2010 se transformó en el eje articulador del desarrollo socio-económico. En los años 1990-2002 el Partido Unidad Social Cristiana asumió la condición de actor hegemónico que complementó la hegemonía del PLN. Esta fue una experiencia de corta duración que desembocó en la crisis partidaria iniciada hacia finales del 2004.

El Partido Acción Ciudadana, por su parte, es una posibilidad incompleta de hegemonía. Los partidos políticos evangélicos, el extremismo liberal y la izquierda no son hegemónicos ni alcanzan la condición de posibles hegemonías. Conforme a lo dicho el dinamismo de la coyuntura actual está determinado por cuatro objetivos estratégicos distintos y contrapuestos: Mantener la posición hegemónica (PLN), reposicionar la condición hegemónica (PUSC), desarrollarse como hegemonía completa (PAC) y crear una hegemonía de nuevo tipo (Frente Amplio-Morismo histórico). Arismo, figuerismo, mongismo, calderonismo, ottonismo y morismo, son las corrientes principales de este engranaje de fuerzas y escenarios. Colocando como telón de fondo lo dicho, considérense algunos hechos puntuales.

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Es ingenuo pensar que la decisión de abandonar la contienda electoral sea una derrota para el arismo, se trata de un cambio de táctica frente a una coyuntura desfavorable. Un paso atrás, sí, pero ¿cuántos y cuáles hacia adelante? La declaración de don Rodrigo Arias perfila los objetivos del arismo en los próximos meses y años: Posicionar su legado histórico, insistir en los ideales que lo han inspirado y ser parte de la reconfiguración de fuerzas al interior del PLN y del país. El principal contendor del Arismo no es lo que representan Johnny Araya Monge, el figuerismo o la oposición política, sino más bien la percepción mediática negativa que lo acompaña desde hace algunos años. Es en este contexto donde conviene recordar que con el arismo ocurre lo que con otros movimientos políticos: mueren y resucitan, para volver a morir y resucitar repetidas veces.

El Dr. Óscar Arias Sánchez y el Lic. Rodrigo Arias Sánchez conocen este arte de alquimia política, lo han practicado a lo largo y ancho de sus vidas. Parte del intento de reposicionar el arismo son dos ideas que el Lic. Rodrigo Arias ha planteado desde hace algún tiempo “'el crecimiento económico sin equidad no es el crecimiento que buscamos'” y no puede alcanzarse el desarrollo si antes no se construye un nuevo Estado democrático, eficiente y de calidad. Estos planteamientos coinciden con los realizados por otros grupos políticos, lo que hace pensar en la posibilidad de diálogos y acuerdos de fondo.

En cuanto al expresidente José María Figueres Olsen, él optó por una vía de acceso a los asuntos públicos que le permitiera fortalecer su influencia sobre la base de un proyecto temático y de diálogos con sectores sociales (Proyecto País); si tal iniciativa desembocaba o no en una alternativa electoral era algo que debía resolverse conforme a los datos coyunturales. Esos datos no favorecieron al expresidente, de ahí su decisión de no participar en la convención del PLN. En tales condiciones no se vislumbra un liderazgo nacional ejercido por don José María, pero el figuerismo si constituye una fuerza relevante articulada en torno a dos fuentes intelectuales: El Proyecto País y la tradición intelectual y política de José Figueres Ferrer.

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¿Un viaje al futuro? En lo que respecta al Lic. Johnny Araya Monge, él era, hasta el día que don Rodrigo Arias se retiró, el candidato mudo. Favorecido en las encuestas no necesitaba expresar pensamientos de fondo sobre el desarrollo nacional, ni evidenciar valores de ética política. Pero todo cambió. Ahora don Johnny debe mostrar de qué está hecho su pensamiento, qué valores morales guían su vida, en qué se distingue de quienes le adversan.

A propósito de esto último, una vía de diferenciación es plantear la construcción del Estado de Bienestar del siglo XXI en el marco de la globalización socioeconómica, al tiempo que define lo que para él significa el retorno a las raíces del liberacionismo. Este viaje de retorno: ¿es un paseo a la prehistoria o una incursión en el futuro? En el PLN, cuando otros dirigentes se toparon con el mismo tema, lo resolvieron en el sentido de la reinvención. Así lo hicieron José Figueres Ferrer y Óscar Arias Sánchez, Orlich, Oduber, Monge y Figueres Olsen. En el caso de don Johnny, ¿es una visita a los cementerios de la socialdemocracia o es la socialdemocracia del siglo XXI?

¿Qué decir de la oposición política? Entregados a la retórica aliancista, los grupos de oposición han olvidado las alianzas con la gente, no han cultivado su desarrollo partidario ni forjado liderazgos alternativos ni elaborado planteamientos programáticos comunes. El universo opositor es una olla de grillos donde reina un oportunismo salvaje y se dan cita irreconciliables tendencias tales como el neoestatismo, el liberalismo social y económico, y las que simpatizan con la dictadura cubana, admiran el mesianismo chavista y estiman que en Costa Rica existe una dictadura mediática y transnacional liderada por el periódico La Nación. Si esta olla de grillos se coaliga en un solo bloque y gana las próximas elecciones, el Gobierno será una pesadilla de terror.

¿Qué pueden hacer los movimientos no liberacionistas para dejar de ser olla de grillos? Catapultar un liderazgo que obligue a la formación de tres bloques: Uno de centro reformista liberal-social; otro de centro reformista neoestatista, y otro de izquierda. ¿Cuál es la consecuencia de lo indicado? Que uno de los bloques se transforme en el polo de atracción de la mayoría electoral no liberacionista, y se convierta en la alternativa real de poder.

¿Qué liderazgos pueden gestionar lo dicho? Visualizo dos posibilidades: El Dr. Ottón Solís Fallas o una candidatura percibida sin vínculo orgánico con los avatares negativos de la política. En cuanto al Dr. Solís, estimo que el divino hacedor le ha dicho que sea candidato, pero don Ottón tiene oídos para oír y no escucha, ojos para ver y no mira. Su dilema es el peso de su destino, que no obliga pero inclina.

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