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Un movimiento global en pro del cambio

Actualizado el 15 de junio de 2012 a las 12:00 am

En Río debemos empezar a crear un nuevo modelo para la economía del siglo XXI

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La próxima semana, un memorable acontecimiento reunirá a los líderes mundiales: la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible de Río de Janeiro. ¿Será un éxito? No me cabe ninguna duda. Es cierto que las negociaciones han sido largas. Al día de hoy, las diferencias sobre los pormenores del llamado “documento final” que emergerá de la Conferencia de Río son más numerosas que los acuerdos. No obstante, esto no es lo que marcará la tónica. Mucho más importante es lo que ya se ha logrado: impulsar un movimiento global en pro del cambio.

Río + 20 representa un hito en un largo camino. La famosa Cumbre para la Tierra de 1992 situó el desarrollo sostenible entre las prioridades mundiales. Hoy en día, nuestra percepción de este viejo imperativo es más matizada y más amplia: cómo lograr un mayor equilibrio entre las necesidades en materia de desarrollo de una población mundial que no para de crecer –a fin de que todos puedan cosechar los frutos de la prosperidad y de un robusto crecimiento económico– y la necesidad de conservar los recursos más preciados de nuestro planeta: la tierra, el aire y el agua.

Nuevo modelo de desarrollo. En Río, más de 100 jefes de Estado y de Gobierno se sumarán a unos 25.000 participantes para determinar el camino a seguir. Durante demasiado tiempo hemos usado el combustible y el consumo como vehículos para tratar de alcanzar la prosperidad. Ese modelo ha muerto. En Río, debemos empezar a crear uno nuevo, un modelo para la economía del siglo XXI que rechace el mito de que el compromiso entre el crecimiento y el medio ambiente debe ser nulo. Somos cada vez más conscientes de que, mediante políticas públicas inteligentes, los Gobiernos pueden fomentar el crecimiento de la economía, aliviar la pobreza, crear empleos decentes y acelerar el progreso social de forma que se respeten los finitos recursos naturales de la tierra.

En este sentido más amplio, creo que el impulso en pro del cambio ya es irreversible. Las pruebas nos rodean por doquier, ocultas a vista de todos en países grandes y pequeños, ricos y pobres. Barbados, Camboya, Indonesia, la República de Corea y Sudáfrica, entre otros muchos, ya están adoptando estrategias de “crecimiento ecológico” que hacen un uso más eficiente de los limitados recursos naturales, crean puestos de trabajo y promueven un desarrollo bajo en carbono. Armenia, Azerbaiyán, Egipto, Kenia, Jordania, Malasia, México, Nepal, el Senegal y Ucrania están aplicando nuevas tecnologías de crecimiento ecológico en sectores que abarcan desde la agricultura hasta el turismo.

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China se ha comprometido a cubrir un 16% de sus necesidades energéticas mediante fuentes de energía renovables para 2020 y tiene previsto invertir más de $450.000 millones de dólares de los Estados Unidos en reciclaje de desechos y en tecnologías no contaminantes, con arreglo a su actual plan quinquenal. En el Brasil, la gestión y el reciclaje de desechos proporciona trabajo a más de 500.000 personas, la mayoría de ellas marginadas. En virtud de su nueva ley nacional de garantía del empleo rural, la India ha comenzado a retribuir a personas para que se encarguen de mejorar la ordenación de los recursos naturales, como los bosques y el agua potable. Dondequiera que dirijamos la mirada, las autoridades nacionales y locales están adoptando principios y prácticas que, en conjunto, pueden ayudarnos a superar la perspectiva de la ruina ambiental y las crecientes desigualdades sociales, y a adentrarnos en una nueva era de crecimiento sostenible inclusivo y equilibrado.

Los Gobiernos y los Estados-nación no son los únicos que impulsan esta transformación. En Río, más de 1.000 líderes empresariales de todos los continentes transmitirán un mensaje común: mantener el statu quo ha dejado de ser una opción válida. Muchos de ellos son miembros del Pacto Mundial de las Naciones Unidas –voluntarios de un movimiento del sector privado cada vez más numeroso que entiende que, en el siglo XXI, la responsabilidad empresarial es inseparable de la sostenibilidad empresarial–. Por ejemplo, Nike (paladín de la llamada fabricación “de circuito cerrado” que reduce al mínimo la contaminación industrial) ha puesto en marcha un nuevo programa llamado Mata no Peito, expresión coloquial que en portugués significa “aceptar un desafío”, que contribuye a proteger los ecosistemas de los bosques del Brasil. Unilever se ha comprometido a obtener todas sus materias primas a partir de recursos sostenibles para 2020. Safaricom de Kenia ha incorporado la igualdad entre los géneros en sus políticas internas para crear un entorno adaptado a las necesidades de las madres.

Entre tanto, Microsoft ha anunciado que pronto logrará la neutralidad de carbono. Broad Group de China fabrica unidades de aire acondicionado no eléctricas que consumen un 200% menos de energía y en la actualidad está diversificando sus actividades en favor de otros productos de bajo consumo energético y edificios sostenibles. ToughStuff de Mauricio se ha propuesto suministrar energía solar asequible y fiable a más de 33 millones de personas en África para 2016, y Abu Dhabi Future Energy Company se está ocupando de la electrificación rural del Afganistán y la nación insular del Pacífico sur de Tonga.

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La línea dorada. La energía ocupará un lugar destacado en Río. Yo la llamo la “línea dorada” que conecta los puntos hacia un futuro sostenible –el principal impulsor del desarrollo, la inclusión social y la protección ambiental, incluido el cambio climático–. Por ello en 2011 puse en marcha una nueva iniciativa llamada Energía Sostenible para Todos. Nuestro objetivo: garantizar el acceso universal a los servicios energéticos modernos a las personas que carecen de ellos, es decir, una de cada cinco en todo el mundo; reducir el despilfarro de energía duplicando la eficiencia energética; y doblar el porcentaje de las energías renovables en la matriz energética mundial. En Río, los líderes de los Gobiernos, el mundo empresarial y la sociedad civil anunciarán infinidad de medidas para promover esos objetivos, desde el fomento del uso de cocinas menos contaminantes y más eficientes hasta el ofrecimiento de ayuda a los gobiernos para que refuercen el potencial de las energías geotérmicas y otras energías renovables.

La iniciativa Energía Sostenible para Todos es un modelo de asociación para el futuro. El principio en que se basa es simple, pero no por ello menos eficaz: las Naciones Unidas utilizan su incomparable capacidad de convoca- toria para lograr que todos los agentes pertinentes acudan a la mesa de negociaciones y trabajen por el bien común. En el fondo, de esto se trata Río+20.

Sí, las negociaciones en sí mismas son importantes. Los acuerdos que hoy se ponen por escrito, mañana determinarán las deliberaciones.

Pero Río+20 va más allá: es la expresión de un dinámico movimiento mundial en pro del cambio, y un gran paso hacia el futuro que todos anhelamos.

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