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El ministro de la Presidencia: vocero, jinete y pararrayos

Actualizado el 18 de enero de 2013 a las 12:00 am

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El ministro de la Presidencia: vocero, jinete y pararrayos

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El afán de los expertos de quitar obstáculos entre Zapote y Cuesta de Moras convierte al ministro de la Presidencia en una figura clave del sistema político dibujado en el informe presentado ayer.

Para empezar, el ministro de la Presidencia deberá ser ratificado o rechazado por la Asamblea Legislativa, con la intención de lograr una mayor legitimidad y aceptación, al menos preliminar, de parte de los partidos políticos representados en el Congreso.

Después debería ir cada dos semanas a comparecer, sí o sí, ante los diputados para debates previamente reglados, con la intención de rendir cuentas sobre el desempeño del Poder Ejecutivo.

Así se pretende que el ministro de la Presidencia obtenga un mayor poder político y lo aproveche ante el Congreso como voz no solo del gabinete, sino del Poder Ejecutivo como un todo.

Estas funciones propuestas por los expertos se asemejan a la figura de “primer ministro” que existe en los regímenes parlamentarios (donde el gobierno está subordinado al Congreso y hay controles mutuos).

La diferencia mayor en Costa Rica sería que el jefe del Gobierno seguiría siendo el presidente de la República, como corresponde en el sistema presidencialista, en el que el mandatario ejerce el poder separado del Parlamento.

Con las recomendaciones conocidas ayer, este mayor nexo entre Ejecutivo y Legislativo, de rendición de cuentas y cabildeo de leyes, reposaría sobre las espaldas del ministro de la Presidencia.

“Esto permite al presidente de la República involucrarse en los asuntos, pero no estar en la trinchera (política). Esto permite un análisis más global de los problemas nacionales. Sería un primer ministro entre comillas”, dijo el exdiputado Francisco Antonio Pacheco, uno de los seis autores del informe presentado ayer a la presidenta Laura Chinchilla.

Cara del Ejecutivo. Para otro de los miembros del grupo de expertos, el exdiputado Constantino Urcuyo, el cambio propuesto permitiría “que haya un responsable político”.

La mayor presencia del ministro de la Presidencia podría convertirlo entonces en un pararrayos de las críticas de los diputados hacia el Gobierno.

En caso de inconformidad de los legisladores, estos podrían establecer la censura y entonces obligarlo a dimitir.

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Urcuyo lo explicó: “Esto no es nada nuevo, porque la Constitución introduce el voto de censura, pero sin consecuencias. Lo nuevo es que debe haber interpelación de manera regular (al ministro de la Presidencia)”.

Aunque ninguna reforma sería ya aplicable para el actual ministro de la Presidencia, Carlos Ricardo Benavides, este aplaudió en principio la recomendación.

“Lo veo bien en el tanto se recoja la propuesta completa: las nuevas responsabilidades junto con la potestad del Ejecutivo de pedir el adelanto de elecciones legislativas”, contestó anoche.

“Ciertamente, se trata de un cambio muy grande del modelo. Estamos hablando de una transformación de la figura”, añadió el actual ministro de la Presidencia.

Sobre la obligación de ir dos veces por mes al Congreso para comparecer y responder preguntas previamente establecidas, opinó que “no debería ser alarmante”. “En los regímenes europeos ocurre con algunas diferencias de formato, pero se da en lo esencial y puede resultar efectiva”, contestó.

Consultado el exministro Rolando Laclé, quien fungió en el gobierno de Calderón Fournier, también avaló en primera instancia la propuesta de los expertos.

“Entre más funciones se le den al Ministerio de la Presidencia, mayor coordinación habrá, no solo con la Asamblea Legislativa, sino en general con todos los sectores de la vida nacional”, declaró Laclé.

El exjerarca señaló la necesidad de figuras fuertes en ese cargo y recordó a Carlos Manuel Castillo (con Oduber) y Rodrigo Arias (en ambos gobiernos de su hermano Óscar). Colaboró el periodista Hugo Solano.

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