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¿Cuál método teológico?

Actualizado el 04 de junio de 2012 a las 12:00 am

Las ideas del filósofo sobre Jesús nos hacen pensar críticamente

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Después de leer el libro del filósofo Luis Diego Cascante intitulado El otro Jesús (Antanaclasis Editores, S.A. 2011) y la subsecuente polémica del autor con el sacerdote Víctor Hugo Munguía en La Nación , es necesario resaltar una confusión metodológica entre ambas perspectivas. No obstante, el libro tiene la virtud de situar en la literatura de nuestro medio costarricense una temática que muchos ignoran: la discusión académica sobre el Jesús histórico que surgió desde el siglo XVIII cuando los filósofos alemanes avisaron con argumentos del racionalismo liberal iluminista la manera ingenua de hacer teología.

En primer lugar, el libro puede comprenderse como una obra sobre el Jesús histórico, pues recoge algunos resultados recientes de la investigación histórica sobre Jesús de Nazaret a fin de hacerlos reveladores y exponerlos lógicamente, problematizando su uso para la teología católica. El libro constituye una reflexión crítica hecha con seriedad, pero no se adecua estrictamente a los métodos de investigación históricos, filológicos y arqueológicos.

En segundo lugar, los argumentos de Cascante parecen ser propios de un filósofo positivista, pues busca sobre todo “hechos” históricos lógicos donde solo hay escritos a partir de los cuales, a duras penas, se puede reconstruir alguna historia hipotética, con probabilidades. El libro se mueve incongruentemente utilizando los resultados de estudios metodológicos diversos y luego, por un salto inexplicable, pasa a aspectos teológicos eclesiales, lo cual crea una confusión desconcertante en cuanto a las conclusiones.

En tercer lugar, Munguía hace una lectura dogmática del libro y descubre rasgos “heréticos” desde la cristología prenicena, nicena o posnicena, según la cual juzga teológicamente. La lectura de él es anacrónica pues califica ideas del siglo XXI desde categorías teológicas antiguas, además de que su visión es clerical y eclesiocéntrica porque recomienda documentos pontificios y a estudiosos católicos que, a pesar de su valor teológico, muchos de ellos deben ser actualizados por los estudios de la llamada Third Quest . Desde cualquier método teológico, no es posible analogar los estudios bíblicos de carácter histórico a los dogmas cristológicos, porque los primeros están fundamentados en erudiciones históricas y los otros afianzados en la fe. En este error metodológico tropieza tanto Cascante como Munguía.

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La separación entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe que sucedió desde finales del siglo XIX, en tiempos de la Old Quest , con la escuela liberal alemana, no encontró solución y se empeoró con la propuesta existencialista de R. Bultmann durante la New Quest , ni siquiera la Third Quest ha ofrecido solución teológica, pues estudiosos católicos como J.P. Meier dejan de lado la fe para hacer historia. Únicamente algunos académicos del Jesus Seminar como J.D. Crossan pretenden despuntar tal división alejándose del dogma eclesial, haciendo significativa la figura de Jesús en la contemporaneidad, lo cual es una solución plausible, pero reconociendo que hay un salto hermenéutico entre la historia y la fe, a fin de historizar el kerigma.

Razón y fe. No obstante, entre el kerigma y la historia no hay metodología científica, el vínculo entre ambos puede ser la hermenéutica, si se trata de hacer un diálogo entre razón y fe. La investigación histórica académica sobre Jesús de Nazaret no es un criterio absoluto para la fe, y menos aún, para la fe eclesial que depende exclusivamente de los dogmas. Finalmente, en la polémica Munguía-Cascante, es necesario establecer un método teológico de tipo hermenéutico para superar las divergencias y poder dialogar. En todo caso, los textos bíblicos y la figura histórica de Jesús ya no son propiedad de unos cuantos maestros de verdades; en tal sentido las ideas históricas del filósofo sobre Jesús tienen valor porque nos hace pensar críticamente la manera ingenua de hacer teología hoy.

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