Por: Hassel Fallas 11 febrero, 2013

Ileana Boschini es geóloga y sismóloga del ICE, tiene tres años de teletrabajar en su casa, en Moravia, San José. Es una de los 240 empleados del Instituto que lo hace.

En los cuatro días semanales que no va a la oficina, Boschini economiza combustible y ocho horas de manejo de ida y vuelta a La Sabana, en hora pico.

“Antes, en la oficina, me costaba concentrarme. Ahora no me distraigo. Reviso informes y coordino con los técnicos usando el correo electrónico o por teléfono, sin problemas”, dijo Boschini.

Estudios de la Comisión Nacional de Teletrabajo afirman que la productividad sube hasta 20% en esa modalidad laboral.

A menudo, Boschini también visita proyectos hidroeléctricos y geotérmicos, y desde el lugar donde esté, vía Internet, emite informes para que ingenieros del ICE tomen decisiones.

“Mejoró mi calidad de vida y mi condición física. Se me ha aliviado la colitis. Gasto más en alimentos, pero no se compara con el ahorro en tiempo, salud y hasta en ropa”, expresó la geóloga.

Empresa mejora. Catherine Reuben, directora de la Cámara Costarricense Norteamericana de Comercio, cree que con el teletrabajo la empresa también gana “porque crece sin necesidad de más espacio físico o equipos” .

Esa idea de ser más competitiva hizo que, en diciembre del 2011, Flor Obando, gerente de Electromática, decidiera enviar a sus cinco colaboradores a trabajar desde la casa. Cerró la oficina en San José pues “nunca estábamos. El trabajo es visitar clientes”.

Hoy, el ahorro en costos fijos es de hasta un 70%.

En Intergrapgics, firma de diseño gráfico y web, su gerente, Ricardo Arce, usa el teletrabajo como incentivo para sus colaboradores. “Hay mucha competencia y retener al recurso humano es un ahorro a largo plazo”.

Arce define objetivos y metas claras a sus teletrabajadores. “Mis reglas son: estar conectados a Skype, disponibles para los clientes por e-mail y el celular”.

Métricas. Cuando Florida Ice & Farm inició su plan de teletrabajo, midió la productividad de sus colaboradores por su tiempo de respuesta, calidad de las tareas y satisfacción de jefes y compañeros.

Cuatro años después, Gisela Sánchez, directora de Relaciones Corporativas de Florida, destacó que los resultados son positivos y por la madurez del programa y del personal ya no es necesario aplicar más parámetros de productividad que la evaluación de desempeño anual que habitualmente se hace a cada colaborador.

“Los jefes y los tomadores de decisiones son los que deben cambiar el casete por un chip. Si usted no confía y va a estar mortificado , mejor no lo haga”. Tal es la recomendación de Flor Obando.