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A la manera de Chávez

Actualizado el 26 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Hugo Chávez estaba interesado en la Tercera Vía como lo había estado Tony Blair años antes

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A la manera de Chávez

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LONDRES – Recuerdo la fecha exacta de mi visita a Venezuela. Estaba tomando el sol junto a la piscina en la terraza del hotel Hilton de Caracas. Un camarero se me acercó y balbuceó algo sobre un atentado con una bomba en Nueva York. Fui corriendo a mi habitación y vi las imágenes sin editar, repetidas infinitamente, de dos aviones estrellándose en el World Trade Center.

Yo estaba en Venezuela el 11 de septiembre de 2011 para asistir a una conferencia sobre la “Tercera Vía”. Hugo Chávez estaba muy interesado en la Tercera Vía –un modus vivendi entre el capitalismo al estilo norteamericano y el socialismo estatal– como lo había estado Tony Blair unos años antes. El propio Chávez, vestido con uniforme de fatiga, honró brevemente la reunión con su presencia y recibió un volumen importante de textos marxistas de un profesor mayor.

Un día antes, yo había almorzado en el banco central venezolano y había estado sentado junto al vicedirector, Gastón Parra Luzardo. Él me dijo que todos los venezolanos creían que habían nacido con un “pan bajo el brazo” –es decir, el derecho a una porción de los ingresos petroleros del país–. Como resultado, nadie trabajaba mucho.

Un economista, Orlando Ochoa, me explicó que la búsqueda de rentas políticas dominaba la economía venezolana. Los oligarcas pelean para mantener el control sobre los ingresos petroleros, los populistas prometen redistribuirlos y ambos grupos se llenan los bolsillos robando todo lo que pueden. Nadie está interesado en generar riqueza.

“Nadie”, escribí en mi diario, “cree que Chávez llegue a cumplir su mandato. Lo ven como un payaso pernicioso más que como un revolucionario peligroso”. De hecho, hubo un intento de golpe contra él un año después. Chávez sobrevivió y ganó un segundo, un tercero y luego un cuarto mandato.

El legado de Chávez. El debate sobre el legado político de Chávez es una reconstrucción póstuma de las batallas ideológicas que se libraban mientras estaba vivo. La batalla por su legado económico es más directa: se limita a cómo manejaba Chávez la riqueza petrolera de Venezuela.

Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo y la estrategia económica de Chávez dependía de utilizar esa riqueza para resolver los problemas sociales de su país. Los primeros años de su mandato estuvieron dominados por su pelea por controlar a la compañía petrolera estatal del país, PDVSA.

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Luego de asegurarse el control político en 2003, Chávez despidió al 40% del personal de PDVSA. Su hostilidad hacia los actores extranjeros en la industria (expropió varios holdings de compañías petroleras estadounidenses en 2007) limitó la inversión y retrasó la producción.

Chávez convirtió a PDVSA en un feudo personal y la utilizó como una vaca lechera; muchos de sus programas sociales se financiaban directamente con el presupuesto de la compañía.

Privada de efectivo, PDVSA se vio obligada a recortar gastos en mantenimiento y expansión, lo que hizo aumentar la cantidad de accidentes y limitó la producción. Gracias en parte a las políticas de Chávez, Venezuela sigue siendo un actor menor en el mercado petrolero global, con una participación de menos del 3% en la producción mundial. Por lo tanto, es vulnerable a las fluctuaciones de precios y tiene que ir a la cola de Arabia Saudita y otros grandes productores de la OPEP.

Si bien el sector no petrolero de Venezuela ha estado creciendo, el petróleo todavía proporciona la vasta mayoría de sus ganancias en dólares. En la década pasada, el auge de los precios del petróleo generó una expansión económica, con excepción de un breve periodo luego de la crisis financiera de 2008.

Sin embargo, un desempeño débil de las exportaciones de petróleo y un marcado incremento de las importaciones vinculadas a la infraestructura, combinados con un crecimiento explosivo del gasto público alimentaron niveles de inflación consistentemente elevados, y hoy la tasa anual supera el 20%.

Esto ha ejercido una inmensa presión sobre la moneda sujeta al dólar de Venezuela, el bolívar. A comienzos de 2013, el Gobierno se vio obligado a anunciar una devaluación del 32% y dejó de emitir deuda gubernamental en dólares. La emisión de bonos en dólares fue un motivo importante de abuso, ya que los especuladores compraban deuda en dólares al tipo de cambio oficial, la vendían para hacerse de dólares billetes y luego los cambiaban por bolívares a una tasa mucho más alta en el mercado negro.

Con un acceso limitado a los mercados de capital globales, Chávez se dirigió a China en busca de préstamos, respaldados por contratos de ventas de petróleo. Los préstamos del China Development Bank tienen tasas de interés más altas que los mecanismos de préstamo tradicionales de Occidente, pero también tienen menos restricciones en materia de políticas y le permitieron a Venezuela evitar lo peor de la ira de los bonistas –al menos por ahora–.

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Reducción de desigualdad. ¿Adónde fue a parar la riqueza petrolera? Los programas sociales de Chávez fueron los principales beneficiarios. El solía recorrer los pueblos entregándoles cheques a los agricultores pobres. Los datos más confiables sugieren que logró reducir la desigualdad; durante su gobierno, el coeficiente Gini de Venezuela, una escala de 100 puntos que mide la desigualdad de ingresos, cayó de 50 a 39, la mayor caída en América Latina. La pobreza se redujo a la mitad -del 50% a aproximadamente el 25% de la población, mientras que la extrema pobreza cayó las dos terceras partes.

No sería apropiado decir que cada céntimo estuvo bien gastado. El nepotismo estuvo a la orden del día y la tasa de homicidios se triplicó, en parte debido a la corrupción en la policía y el sistema judicial. La petrodiplomacia de Chávez algunas veces adoptó formas bizarras, como la de ofrecer transporte en ómnibus barato a los londinenses para complacer al alcalde de izquierda de Londres, Ken Livingstone.

A pesar de sus extravagancias y su estilo autoritario, las masas lo adoraban. Creían fervientemente que él estaba de su lado y lo respaldaron abrumadoramente con su voto hasta el final, incluso cuando sabían que se estaba muriendo de cáncer. Seguramente entrará en el panteón de los héroes latinoamericanos.

Y ¿qué pasó con la Tercera Vía? Como secuela del colapso del comunismo, la mezcla de antinorteamericanismo y activismo estatal de Chávez parecía solo algo excéntrico. No podía existir una alternativa para los mercados libres y el neoliberal Consenso de Washington –o al menos eso parecía–.

Sin embargo, el ascenso de China, la relativa caída de Estados Unidos, el prolongado auge de los precios de las materias primas y el colapso financiero occidental de 2008 han creado un espacio para los experimentos políticos y económicos. Chávez sacó provecho de esa oportunidad, y el chavismo bien puede demostrar que es un fenómeno significativo mucho más allá de su patria latinoamericana.

Robert Skidelsky es miembro de la Cámara de los Lores, profesor emérito de Economía Política en la Universidad de Warwick, autor de una galardonada biografía de John Maynard Keynes

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