“Soy un maje más,  pero con peluca”

Natural, espontánea y comedida, Hera Arannie rompió los moldes de la tele nacional y en el canal 9 hace historia con FarandulHera, un escalón más en su carrera de transformista

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Al verla de sopetón uno patina. ¿Será o no será? Con mallas negras, una especie de blusita rosada con vuelitos, cabello negro bien peinado, boca roja, cutis fino y voz suave. Pero la duda se disipa al instante' es Hera Arannie, lista para saltar al set y presentar FarandulHera, el espacio que tiene a su cargo en Entre Nos, en canal 9, lunes y miércoles, a las 9 p. m.

Lo que llama la atención al televidente es que ella, no es ella, sino él: Óscar Murillo Salas, hombre por donde usted lo mire, natural de Sarapiquí y desde hace 15 años transformista, estrella en las principales discos de “ambiente” y que ahora irrumpe –con garbo y donaire– en la pantalla casera.

¡Tranquilas! No es competencia desleal, porque Óscar está feliz de ser hombre, aunque confiesa que “desde niño me gustaban hombres y mujeres” y “soy feliz de ser gay, eso no me molesta para nada, la gente no entiende que más allá de una sexualidad soy profesional y que Hera es un personaje”.

El nombre artístico lo tomó prestado de la mitología griega, aunque más bien debería llamarse Tiresias, como el sabio vidente que fue hombre y mujer, por tanto sabía cuál de los dos disfrutaba más del amor.

Allá en Sarapiquí, Óscar vivió una infancia feliz. “Crecí en el campo y tuve la oportunidad de jugar con los chiquillos del barrio, correr a pata pelada en un pueblo donde no había delincuentes ni drogadictos. Jugué en el potrero, subí a los árboles, nadé en la quebrada, nunca estuve encerrado viendo televisión o como un apéndice de un videojuego”.

Ya más grande vivió en Alajuela, estudió Turismo y descubrió su vocación: ser transformista. Ahí encontró “la manera de combinar la actuación y el baile”, dos pasiones que traía desde niño. Como Hera ha caracterizado a cientos de personajes, entre ellos Lucille Ball, Marilyn Monroe, Edith Piaf, Amy Winehouse y hasta Freddy Krueger.

Al canal 9 llegó por méritos y aceptó la propuesta del productor de ese medio, quien andaba tras alguien diferente “con picardía, gracia y chispa”.

Además de la tele, dirige Heralicious , un programa en la emisora Rainbow, donde expone su faceta de activista social, porque Óscar es una persona sensible, desprendida, amiguero y que vive la vida, sin que la vida lo viva a él.

--¿Usted quiere ser mujer? --¡Noooo! Soy hombre todo el día. Me siento feliz siendo hombre. Amo vestirme de hombre, amo tener barba tupida. Si pudiera usaría “candado” y solo para los shows me transformo en mujer.

--¿Y' travesti? --Tampoco. En Costa Rica manejamos una jerga interna donde decimos que travesti es el que se viste de mujer porque quiere serlo en la vida diaria. La gran mayoría de travestis son mujeres que usan ropa de hombre, pero la sociedad les designa nombres despectivos: machorra, tractora, trailera.

--¿Qué es un transformista? --Pues una persona que se viste como alguien del sexo opuesto o hace una caracterización de alguna otra persona o algún personaje con fines artísticos.

--¿Quién es Hera? --Ahora es la presentadora de la farándula en el programa Entre Nos , de canal 9. También es una coreógrafa, anima eventos, es maestra de ceremonias, produce videos musicales, es actriz, presentadora de televisión, anfitriona. Como persona es modesta, agradecida, desenfadada, incisiva, irónica sin ser ofensiva. Posee un humor negro pero inteligente; es pícara, pero ante todo camaleónica.

--¿Cambia de color? -Los transformistas, igual que las modelos o los atletas, tienen una vida útil y llega un momento en que no dan más, pero como Hera es tan variable se mantiene vigente a lo largo de los años y siempre sale con algo diferente y cambia más vertiginosamente que Óscar.

--¿Quién es Óscar? --Soy yo, el empresario que maneja a Hera. Es estilista, maquillista, asesor de imagen, es como Pedro el Escamoso, que ha hecho de casi todo.

--¿Con quién hablo? --Depende. En este momento soy Óscar Murillo Salas, de 35 años, nacido en San José y criado en Sarapiquí, hijo de padres educadores y graduado en Turismo.

--¿Cuál es más importante? --Primero Óscar y después Hera. Tengo amigos cuyo personaje ha sido su peor droga, se los come, los consume y se apodera de ellos. Los he visto hundirse, pero yo manejo el personaje, no él a mí.

--¿Por qué Hera y por qué Arannie? --Hera, es una diosa griega, esposa y hermana de Zeus; era muy hermosa, con un carácter fuerte, defensora de las mujeres engañadas, porque Zeus se las hacía de cuadritos y era muy vengativa. Arannie es un apellido libanés que escuché una vez y me gustó mucho.

--¿Cómo se metió en el mundo de los transformistas? --En un vacilón de amigos. Éramos como 12 y uno de ellos, Rolando, se iba a vivir a Nueva York y acordamos hacerle una fiesta de despedida en el bar Marguis, en Alajuela. Inventamos hacer un show y yo interpreté Vogue , de Madonna, y Pantera en libertad , de Mónica Naranjo.

--¿Estaba guapa esa noche? --¡Queé vaa! Lucía horrible. Iba con un vestido de kiana negra, zapatos blancos con dorado y tacón cuadrado, sin peluca, me maquillé solo y me veía espantoso.

--¿Qué pasó al final? --Cuando llegué al bar había en la entrada dos anfitriones despampanantes, ¡es-pec-ta-culares!; eran dos monumentos que trabajaban en Deja Vu, la discoteca más grande y la meca del transformismo nacional en ese momento. Ellos quedaron muy impresionados con mi actuación y me ofrecieron trabajo.

--¿Aceptó de inmediato? -- ‘¡Jamás!’ fue la primera palabra que salió de esta boca; les dije que había actuado porque era la fiesta de mis amigos, pero no quería arriesgar mi reputación ante lo que la gente podría pensar y decir.

--¿Dejó pasar la oportunidad? -- Bueno, mi pareja me dijo que lo pensara, porque ellos habían visto mi talento y la verdad me picó el gusanito de la curiosidad. Tenía 20 años, y en ese tiempo lo que se estilaba era vestirse de mujer, hacer fonomímica y una coreografía.

--¿Cuándo se decidió? --A las semanas, esos dos muchachos me encontraron en un bar y andaban como locos buscándome porque en Deja Vu montarían un show de las Spice Girls y les faltaba Ginger, la pelirroja que se vestía con la bandera británica.

--¿Hizo alguna prueba? --Sí, me maquillaron, me pusieron tacones y caminé sobre el escenario; había unas graditas y me pidieron que las bajara. Como yo tenía experiencia en el modelaje lo hice sin mirar al piso y el coreógrafo me dijo que en tres meses aprendería a manejar las zapatillas. Así me integré al elenco de transformistas de Deja Vu.

--¿Le pagaron bien? -- Mucho, creo que ¢80.000 por presentación y como máximo ¢150.000. Hacíamos cuatro shows al año, pero eso llevaba un alto costo de producción, mucha planificación; el vestuario se traía de Estados Unidos, ensayábamos tres meses, cuatro horas al día, varias veces a la semana. Había espectáculos especiales para el Día de los Enamorados, Fin de Año, Halloween o el aniversario de la disco.

--¿Qué hacía en ese tiempo? --Yo estudiaba Turismo en el Colegio Universitario de Alajuela. Antes vivía con mi mamá y mi hermano menor, porque mis padres estaban por divorciarse, pero tuve un serio problema con ella y me fui de la casa.

--¿Cuál problema? --Mi madre era muy estricta y no aceptaba mi orientación sexual. Desde niño recuerdo que me gustaban las mujeres y los hombres. De hecho, era medio casanova y mis primos me envidiaban. Es que desde pequeñito era buen bailarín y eso servía de pretexto para conocer muchachas.

--¿Era muy enamorado? --Pues sí. En el colegio tuve una novia maravillosa, pero llegó el momento en que debí elegir y no podía llevar una doble vida. Revalué todo lo que hacía, no podía tapar el sol con un dedo.

--¿Sus padres sabían que era gay? --Los papás son los primeros en saberlo y los últimos en reconocerlo. Ese no fue un tema de discusión porque yo era muy mujeriego; pero en el pueblito donde vivía no tenía amigos para platicar esas cosas, por temor a que todo el mundo se enterara. Hasta que entré a la universidad, comencé el proceso de aceptarme como gay, hice amigos y tenía mi grupo.

--¿Por eso se fue de la casa? --Mamá y yo teníamos un carácter muy fuerte; la relación era tensa y antes de que empeorara mejor me fui. Salí a la carrera, un viernes a las 3 p. m.; cogí un salvequillo y eché unas medias, dos camisetas, unos calzoncillos. Con un sleeping bag y me fui con ¢350. Deambulé solo y tenía miedo de dormir en la calle. Una amiga me dio posada y ahí viví dos semanas.

--¿Cómo salió adelante? --Conseguí trabajo de recepcionista en un hotel y con el primer sueldo alquilé un apartamentito; compré cuatro vasos, cuatro cubiertos, cuatro cucharas, un paquete de platos desechables, un reloj despertador de ¢630, unos metros de quiana y marquiset para colocar cortinas en la única ventana que había. Dormí en el piso porque no tenía cama y usaba la camiseta como almohada.

--¿Dejó de estudiar? --No. Los shows fueron un salvavidas porque empecé a tener algunos otros pequeñitos en algunas fiestas. El fin de semana trabajaba y así me pagué la universidad.

--¿Tiene pareja sentimental? --Antes, ahora vivo solo con mis tres perras, que son como mis hijas. Koa, una labradora negra; Tara, una snauchzer; Camille, una weimaraner. No hay como tener libertad en tu propio espacio, uno sabe a qué hora lava la ropa, limpia y se organiza. Hace cuatro meses vivo en Sarapiquí, en mi casa propia, ahorré mucho y mi papá me ayudó a construirla.

--¿Se arregló con sus padres? --Hice las paces con mamá, ella ya murió. La familia aunque no la soportes es lo único que tienes. Hoy por hoy me quieren mucho; de hecho, es muy bonito porque tenemos proyectos personales, uno de ellos es ir a tatuarnos todos la palabra ohana , de Lilo & Stitch , que significa familia en hawaiano. Papá y yo somos muy buenos amigos.

--¿Cuántos tatuajes tiene? --Seis. El primero me lo hice a los 17 años y es un tatuaje tribal; tengo otro en el hombro derecho, se trata del dios hindú Ganesha. Me lo hice porque cada parte de su cuerpo tiene un significado para mí. El último me lo acabo de hacer en la muñeca derecha.

--¿Va al gimnasio? -- Nunca. A veces me pongo cremas, pero solo lo normal. Tengo buena genética, un poco de pancilla pero es por las birrillas ; nunca voy al gimnasio, si lo hago me volvería gigantesco. Estoy todo duro toque.-

-¿Algún arreglito? --Me corregí la nariz, rellené algunas arruguitas, pero no soy nada vanidoso, ni piqui . Soy un playo raro, no necesito vestir ropa de marca, de la moda lo que me acomoda; cualquiera que trabaje ante el público sabe que, muchas veces, uno trata de verse mejor, ya sea con una dieta o hasta con una cirugía plástica.

--¿Cuál personaje ha sido el más complicado de interpretar? --Madonna. Todos los transformistas quieren hacerla, pero desde que la interpreté en Vogue me dije que no, que no y que no la haría otra vez. Cuando empecé en la discoteca Oh, mi exjefe me exigió que hiciera Hung Up y me dio un video con el concierto de ella en Londres. Me senté horas y horas, durante días, para analizarla: cómo caminaba, el peinado, gestos y el vestuario. Me quedó de maravilla y puedo decir que soy uno de los mejores intérpretes de Madonna en el país; hasta una empresa me contrató para unas presentaciones en Palmares.

--¿Qué es lo negativo de ser transformista? --El estigma que viene con eso. Mucha gente cree que somos violentos, agresivos, sin principios morales o delincuentes. Nos tienen miedo porque las mujeres en Costa Rica son bajitas y menudas, pero la ven a uno altísima, con unos tacones enormes, fornida, bien vestida y maquillada' es impactante. También hay que soportar las bromas homofóbicas.

--¿Le echan “chinitas” en el canal? --Ellos me recibieron maravillosamente, echamos chascarrillos de situaciones que nos pasan, y aunque la gente ve la diferencia no es intimidante. Al principio sentí recelo con los técnicos, los camarógrafos, es que son majes, machos y decidí guardarme el personaje y sacar a Óscar para hablarles en su lenguaje: guevón, compa, ser un maje más del equipo pero con peluca.

--¿Le ha ocurrido alguna torta en un espectáculo? -- ¡Ufff! De todo. Me resbalé, se me cayó la peluca, se me rompió el vestido, olvidé la letra de una canción y tuve que improvisar y fue divertido. Una vez, imitando a Lucille Ball, me pasé de copas y mis amigos me tomaron fotos haciendo muecas.

--¿Cuántos trajes tiene? --Un cuarto lleno de ropa; zapatos, vestidos de noche, shortcitos , abrigos de piel, jeans . Desde hace muchos años, Aurelio Iser es mi diseñador y patrocinador; él es un cubano que viste a la mayoría de los transformistas y a misses del país.

--¿Qué tal el ambiente farandulero? --Horrible. En el transformismo hay mucha competencia y cuando uno se da cuenta siente la puñalada por la espalda. La reacción de mis compañeros no ha sido la esperada. Yo abrí camino y hago historia en la televisión nacional.

--¿Participó en concursos de transformistas? --Han hecho como 70.000 certámenes y en ninguno he participado. Me apasiona lo que hago y no necesito medir fuerzas con nadie, tal vez es que no me gusta perder. Hay quienes aman lo que yo hago y harían lo que fuera por ayudarme, me aplauden hasta la peor broma; otros me odian pero no necesito meterme a un concurso para demostrar que soy mejor. --¿Usted es creyente? --Soy católico, creo en Dios, siento que tengo una relación envidiable con Él porque soy muy honesto. No voy a misa porque me decepcionaron los escándalos; probé con la cristiana evangélica y me di cuenta que la fe no consiste en estar en una iglesia; la fe viene de uno mismo y del querer actuar bien y ser mejor persona.

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Noticia La Nación: “Soy un maje más,  pero con peluca”