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Ni llorando ni callando: proponiendo

Actualizado el 10 de marzo de 2013 a las 12:00 am

En esencia, seguimos siendo ticos; cuando del contacto en persona se trata, todo vuelve a la normalidad y hablamos en chiquitico

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Soy, para todos los estándares modernos, un “adicto al Facebook”. Esa sería la forma “fácil” de etiquetar mi afición, pero dejarlo ahí sería una falta de respeto con usted como lector. Permítame entonces explicarme: me dedico a la comunicación colectiva, así que no solo me apasiona estar informado, también es mi trabajo. En esa eterna búsqueda del “noticiero ideal” he terminado encontrando en la red azul el más personalizado de los periódicos: sin toros, sin avioneta set y con el mínimo necesario de sucesos.

Otra de las ventajas que ofrece la plataforma es la pluralidad de opiniones, escenario ideal para poder enriquecer la propia. Pero quizás el más interesante de los aportes de Facebook, sea el desnudarnos tal cual somos. Según una investigación de Unimer para El Financiero en setiembre del 2012, ya más de 850.000 costarricenses habían abierto su cuenta... y aunque la enorme mayoría hagamos hasta lo imposible por mostrar en la pantalla la mejor versión de nosotros mismos, más a menudo de lo deseado terminamos retratando nuestra idiosincrasia pasivo-agresiva de cabo a rabo. Facebook pone la palestra y nosotros la cuerda.

Día tras día, leo decenas de quejas... tantas, que realmente uno se pregunta en qué tipo de estudio podría siquiera sugerirse que somos el país más feliz del mundo. Para mayor asombro, en numerosas ocasiones los reclamos no pasan de ser ecos de sí mismos: la gente se repite una y otra vez; ¡les resulta más atractivo invertir su tiempo renegando de los pasatiempos ajenos que encontrando los propios!

Lo más simpático del asunto es que en esencia seguimos siendo ticos; cuando del contacto en persona se trata, todo vuelve a la normalidad y hablamos en chiquitico , como asustados, pero basta que nos sentemos frente a la pantalla para que toda esa bilis acumulada termine adornando el teclado. ¿Tan cara está la tarifa mínima del Colegio Profesional de Psicólogos?

Frente a la mafia del cinismo no hay mucho que hacer si el intercambio se da en “la vida real”, pero afortunadamente en la web podemos prescindir de ellos con un solo clic, como quien tantea aguacates en la feria: “No gracias, este ya está pasado”. Es en ese proceso de filtrado y depuración que saltan los héroes de la calle, los catalizadores del progreso, los que proponen, los que construyen, los que crean.

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Es en ese contexto que recuerdo a Sandra Soto cada vez que alguien culpa al Gobierno del más absurdo de los contratiempos (porque claro, todo, todo es culpa de Laura). Meses atrás, cuando el blog Fusil de Chispas entrevistó a la Presidenta, se abrió un espacio de preguntas para los lectores. En medio de la previsible batería de insultos y de reclamos, surgió la consulta de Sandra como un remedio infalible frente a la vagabundería y la crítica vacía: “Doña Laura, ¿en qué le puedo ayudar?”.

Así, en medio de tantos pañuelos saturados en lágrimas, destaca uno que se ofrece para recoger sudor, que es lo que nos hace falta: hablar menos y bretear más. ¿No le parece?

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