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Un libro muy importante

Actualizado el 08 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Un libro que educará y alejará del oscurantismo

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Como una marea infinita, la humanidad da algunos pasos adelante para luego retroceder, a veces más allá de donde había iniciado su eterno camino. ¿Somos más civilizados, mejores personas que nuestros antecesores, que vivían en cavernas y cazaban con armas hechas de piedras? Hemos avanzado, y mucho, en varios aspectos de la vida, sobre todo en las ciencias, en la comodidad que brindan los inventos tecnológicos, pero en la solidaridad, en la ayuda mutua, en los actos bondadosos, el avance ha sido más lento y, en algunos casos, nulo.

Es cierto que ya no se torturan ni queman públicamente a quienes se atreven a disentir de ciertos dogmas religiosos o proclaman verdades científicas que contradicen los dogmas, pero todavía hoy día luchan en las calles del Medio Oriente facciones de diferentes religiones o estalla el odio entre los mismos cristianos en los verdes campos de Irlanda.

Es cierto que ciertos eventos horribles, como cuando un papa ordenó que se le cortara la lengua, que se sometiera a innumerables torturas y se quemara vivo a Giordano Bruno, filósofo, escritor y, desde todo punto de vista, el hombre más brillante de su época y quien, además, era sacerdote, es algo que solo existe en el pasado y ya a nadie se le condena a una hoguera física, pero todavía existen las hogueras religiosas que buscan el escarnio público de personas cuyas ideas no están de acuerdo con el pensamiento religioso o político de la mayorías.

La reciente condena que recibió el ministro de Educación, Leonardo Garnier, por un cuento, o sea, una ficción, publicado hace ya bastantes años y que llegó hasta el Congreso, es una muestra clara de un retroceso en la libertad de expresión y la difusión del pensamiento. Parte de esta condena se debió a que el señor Garnier se atrevió a enfrentarse al oscurantismo religioso al decidir –¡por fin!– no ocultar vergonzosamente, como se ha venido haciendo toda la vida, la sexualidad, sino, enseñarla como una materia más en todos los colegios. Esta importante decisión debió haber recibido solo elogios y no la tenebrosa condena que ha recibido de círculos oscurantistas y retrógrados.

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En contraste con este fanatismo religioso, ha brotado, como una luz que todo lo ilumina, la publicación del libro “El derecho humano a la educación para la afectividad y la sexualidad integral” publicado por el Doctorado en Estudios Latinoamericanos, Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad Nacional. Como bien lo indican en la presentación el Dr. Vernor Muñoz, coordinador del Doctorado en Estudios Latinoamericanos, y la Dra. Carmen E. Ulate Rodríguez, directora del Instituto de Estudios de la Mujer, “El libro recoge una serie de textos, escritos por personas de muy diversa formación y visiones ideológicas y políticas, que, sin embargo, comparten la necesidad de apoyar el recientemente aprobado Programa de Estudios de Educación para la Afectividad y la Sexualidad Integral del Ministerio de Educación Pública. La puesta en marcha de un programa de educación sexual había sido postergada durante décadas, dejando incólume un sistema educativo y patriarcal. Creemos que la educación sexual integral forma parte indisoluble del derecho humano a la educación y por este motivo celebramos la aprobación del Programa de Estudio de Educación para la Afectividad y la Sexualidad Integral”.

La lectura de un libro como este, solo bien le puede producir al lector ya que lo alejará del oscurantismo y el fanatismo religioso y lo acercará más al conocimiento, a la verdad, y significará un gran avance en la marea infinita que es la humanidad.

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