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letras de cambio

Actualizado el 30 de junio de 2012 a las 12:00 am

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Existe un principio fundamental en la vida: hacerse responsable por los actos propios. Bajo el principio de auto responsabilidad, conforme voy tomando decisiones en la vida, si me va bien, mejor para mí, y si me va mal, salado. Sin embargo, la naturaleza humana hace que tratemos de ayudar a los que no se pueden valer por sí mismos. Así, bajo el concepto de familia los padres cuidan y mantienen a sus hijos hasta que estos puedan valerse por sí mismos y tomar sus propias decisiones. Algunos hijos también se hacen cargo de sus padres cuando estos se hacen mayores.

La compasión no solo la practicamos en el núcleo familiar, sino además como sociedad. La misma Biblia nos encomienda hacernos cargo de las viudas y los huérfanos. Por eso se han creado mecanismos para velar por aquellos que no se pueden valer por sí mismos, o que les ha ido muy mal en la vida. Así se justifica la ayuda social del Estado. Ayuda para los muy pobres, que sin ella jamás podrán salir de esa condición. Ayuda a los enfermos, discapacitados o adultos mayores, que requieren de ayuda básica.

La pregunta que surge es cómo definir quiénes son los que verdaderamente requieren de ayuda. ¿Cuánto hay que ayudar a ciertas personas, y cuánto se debe dejar a la propia responsabilidad de las personas y sus consecuencias? Hay una línea gris muy difusa, y cada uno puede tener una opinión diferente sobre donde trazarla. El padre de familia toma esa decisión a nivel muy personal, dependiendo de su capacidad económica o del nivel de preparación que sienta que tengan sus hijos para seguir sus vidas solos. Otras veces son los hijos los que toman esa decisión, porque valoran más la libertad de tomar sus propias decisiones.

Pero cuando es el Estado el que debe tomar esa decisión, no es tan fácil. Si corta la línea muy abajo, se podría estar cometiendo una injusticia, al dejar por fuera a mucha gente que de verdad sí necesita ayuda. Pero, si la corta muy arriba, el problema es que se puede generar un incentivo perverso. Si las personas piensan que el Estado "debe" ayudarlos en todo, entonces dejarán de hacer cosas que en verdad sí pueden hacer por sí mismos. ¿Para qué hacerlo, si ahí está "papá Estado"? Pero 1 Timoteo 5:5 advierte que, si la viuda "...solo piensa en divertirse, está muerta en vida". De igual manera, la misma familia podría sentirse liberada de responsabilidades ante la existencia de un gran Estado paternalista, y dejar de cuidar a los suyos. 1 Timoteo 5:4 también dice que si la viuda tiene hijos o nietos, "...son ellos los primeros que deben ayudarla en todo lo que necesite".

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Me parece que en el mundo actual esperamos mucho del Estado, pero estamos poco dispuestos a hacernos responsables por nuestros propios actos. Por eso andan por ahí muchas "viudas alegres" viviendo a costas de los demás, y de hijos irresponsables que no ayudan a los suyos.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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