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La lealtad en el ejercicio del poder

Actualizado el 30 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Acabar conel lastreantidemocrático delas listas cerradas

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La lealtad en el ejercicio del poder

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En Costa Rica la potestad de legislar reside en el pueblo (Art. 105 Constitución Política), y este, por medio del voto, la delega en la Asamblea Legislativa. Sin embargo, aunque cada 4 años el pueblo vota, no elige a los diputados, porque estos son incluidos en una lista cerrada, una "lista sábana", propuesta por los partidos políticos. Por eso la mayoría de los ciudadanos no conoce los nombres de los legisladores (Encuesta de Unimer para La Nación , 1/08/12) y mucho menos la postura que asume cada uno de ellos en la aprobación de las leyes. Por ende, tampoco podemos estar satisfechos con su trabajo.

Calidad de la democracia. La calidad y el desempeño de los legisladores afecta directamente la calidad de la democracia. Hay dos factores determinantes en la aptitud y en el desempeño de los diputados en la Asamblea Legislativa:

1. El mecanismo institucional y legal por el que obtuvieron la curul. Este depende de las normas electorales y del proceso de selección por el que fueron escogidos como candidatos, que en el caso de Costa Rica se da, primero, dentro del seno de cada partido político en un proceso generalmente cerrado. Luego, en las elecciones nacionales del 1.° de febrero, los partidos presentan a los electores una lista cerrada.

2. Sus aspiraciones futuras o incentivos personales para continuar una carrera política. En este tema, la doctrina habla de lealtad retrospectiva (derivada del pasado) y lealtad prospectiva (en el futuro). La lealtad retrospectiva es una especie de deuda con quien posibilitó la elección del legislador. La lealtad prospectiva es para el futuro, es la que deben los diputados a quienes tendrán la clave para la continuidad de su carrera. Ambos tipos de lealtad no son excluyentes y pueden debérseles a los mismos agentes políticos o partidos, especialmente en regímenes como el nuestro.

Reelección parlamentaria. En los sistemas en que sí existe la reelección parlamentaria, junto con el registro público de votación de los diputados (publicación de sus decisiones en cada proyecto o ley aprobada), y la posibilidad de revocarles el mandato, la lealtad en el futuro tiene un gran peso. Y lo más importante es que tiende a ser mayor con respecto a los votantes que a otros actores políticos como el partido o el futuro candidato presidencial, lo que hace que los legisladores actúen más proactivamente para defender y promover los intereses de los ciudadanos.

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En Costa Rica. Por el contrario, en los países como Costa Rica, donde se elige a los diputados por listas cerradas y no existe reelección parlamentaria sucesiva, la continuidad de la carrera del diputado en algún otro cargo político o público no depende de los electores. Por lo tanto, su lealtad generalmente no es, como debería ser, hacia nosotros, sino que se convierte en una especie de deuda con el partido. Esto es así porque el partido –o su cúpula–, además de permitir o denegarle la entrada a la lista privilegiada de candidatos a una curul, decide en qué posición se sitúa cada candidato, de lo que dependerá su mayor o menor oportunidad de resultar electo. Así, el partido conserva un control fuerte sobre la vigencia política del diputado y este debe, por ende, serle leal.

Existe un proyecto de ley en la corriente legislativa, el 18331, que propone reformar el actual sistema de listas cerradas por uno en que se elija a 15 diputados nacionales con la opción del voto preferente, más 42 diputados electos por circunscripción electoral; esto significaría que quien quiera obtener la curul deberá dar a conocer sus credenciales y aptitudes entre los votantes y disputar su elección con los candidatos de otros partidos a nivel de su circunscripción; esto debería ser, en buena teoría, un efectivo filtro de calidad de los candidatos a diputados.

Abrir las listas. Hay quienes consideran que ese no es el camino, pues puede haber interferencia de la cúpula partidaria incluso a nivel de distritos o circunscripciones electorales. Opinan que la solución contra las listas cerradas está en que los partidos estén obligados a celebrar convenciones abiertas, en las que pudiéramos participar todos los ciudadanos, y fuéramos entonces nosotros y no una pequeña élite política, la que escoge quiénes serían los candidatos a las diputaciones por cada partido. Esto significa abrir las listas desde su misma génesis.

Estas son dos posiciones serias, que merecen un debate nacional profundo. Nuestro país tiene mentes políticas y académicas brillantes que harían un gran servicio si entran en un intercambio público de ideas y propuestas, que nos dé luz a los demás ciudadanos para que podamos formarnos un mejor criterio. Pero, sobre todo, necesitamos con urgencia que el debate se dé en la Asamblea Legislativa, pues es de ahí de donde saldría la necesaria reforma constitucional y legal para acabar con el lastre antidemocrático de las listas cerradas, para permitir la reelección parlamentaria, la revocatoria de mandato y el registro del historial de votación de cada diputado, entre otras cosas necesarias. Este tema debe ser prioridad en la agenda legislativa y somos los votantes quienes lo podemos y debemos demandar, ojalá unidos en una sola voz que se haga sentir con suficiente firmeza. Los invito a visitar http://www.poderciudadanocr.org y empezar a sumarse a la iniciativa por un cambio.

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