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La laicidad no contradice la fe

Actualizado el 30 de junio de 2012 a las 12:00 am

Esperaríamos que en este nuevo debate prevalezcan el respeto y la tolerancia

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La laicidad no contradice la fe

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Con la presentación, por parte de algunos diputados del Partido Acción Ciudadana, PAC, del Frente Amplio y del Movimiento Libertario, de un nuevo proyecto de reforma al artículo 75 de la Constitución Política, según nos informa LaNación del 27 de junio, se abre una vez más el debate sobre la procedencia de dejar atrás el anacronismo de nuestro Estado confesional para definirlo –acorde con los tiempos que vivimos– como uno laico.

En estas mismas páginas, a través de los artículos “Nuevo aire para un Estado laico” (08/04-2010), “El Vaticano favorece un Estado laico” (12/07/11) y “Laicidad como base de la relación Estado-Iglesia” (08/11/11), he abogado por una modificación en ese sentido.

En ellos he expuesto la conveniencia de introducir ese cambio a nuestra Carta Fundamental y he abundado en citas de documentos y discursos que demuestran la posición favorable de la Iglesia católica y de Su Santidad Benedicto XVI a la laicidad del Estado.

Creo importante dejar establecido que, como católico, apoyo la reforma porque es el propio Evangelio de Cristo el que introduce en la historia de la humanidad la distinción esencial de lo que el hombre le debe a Dios y lo que le debe al César y porque compartimos con el papa Ratzinger que “la laicidad, de por sí, no está en contradicción con la fe” y que “la religión y la fe no están en la esfera política, sino en otra esfera de la realidad humana”, así como que “la política, el Estado no es una religión sino una realidad profana con una misión específica”.

Además, el principio de laicidad es una doctrina expuesta en la constitución pastoral “Gaudium et Spes” del Concilio Vaticano II, por la cual “las realidades temporales se rigen según sus normas propias, pero sin excluir las referencias éticas que tienen su fundamento último en la religión”.

Por lo tanto, la laicidad que promovemos es la “sana laicidad” o “laicidad positiva” de la que nos habla la Iglesia católica y no en la concepción del “laicismo” que es hostil a la religión. Creo, como también lo afirma la Iglesia, que un Estado laico no debe ni puede significar el deseo de marginar, rechazar o erradicar la dimensión religiosa o la presencia de las confesiones religiosas en la vida social de un país.

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Sin duda alguna, este proyecto de reforma constitucional no solo tendrá un trámite legislativo dificultoso, sino que será defendido por unos y atacado por otros con ahínco, vehemencia y pasión y, aunque es prácticamente imposible evitar que sobre el tema se expresen las posiciones intransigentes y fanáticas de uno y otro signo, esperaríamos que en este nuevo debate prevalezca el respeto y la tolerancia sobre las manifestaciones de laicismo radical o de fanatismo religioso.

Por otra parte, esperamos que en esta oportunidad la posición de la jerarquía católica costarricense sea congruente con la de la Iglesia universal, el Papa y las autoridades del Vaticano, y que no vean fantasmas donde no los hay.

Considerando que el catolicismo es la religión de la mayoría de los costarricenses, la iniciativa de los diputados del PAC, Frente Amplio y Movimiento Libertario, tiene mérito por su valentía, dado su posible costo político. A pesar de que para muchos políticos este es un tema espinoso, lo deseable sería que diputados de otras fracciones se sumaran a la iniciativa.

Ojalá que esta vez no predomine la pusilanimidad de algunos políticos y que, aunque para algunos no sea un tema “prioritario” en la agenda nacional, si es que hay alguna, acepten al menos poner el tema sobre la mesa para abordar su discusión seria y responsable.

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