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Soy ladrón de libros

Actualizado el 27 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Me declaro un Robbin Hood de libros, porque los robo para beneficiar a toda la comunidad

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Una amiga, jubilada de la Biblioteca Carlos Monge de la Universidad de Costa Rica, está realizando un excelente trabajo de ordenamiento y mantenimiento de mi colección personal de libros. Entre ellos, acabo de encontrar uno de Amitai Etzioni que Milton Clark, apreciado colega exprofesor de la Escuela de Administración Pública de la UCR, me prestó hace más de veinticinco años. Me sirvió como punto de partida y referencia para escribir una obra intitulada Espacio y tiempo en ciencia social (UCR 2000 y UNED 2008). Tenga paciencia, Milton, todavía pienso regresarte esa valiosa obra, a pesar del dicho popular “Tonto es quien presta un libro y más tonto el que lo devuelve”.

Al respecto, me justifico con el doctor Sherman Thomas, quien, entre las muchas cosas que ha hecho maravillosamente bien, fue presidente de la Asociación de Padres de Familia del Colegio Metodista. Se cuenta que, en esa capacidad, le plantearon, como grave problema, la falta de devolución o desaparición de libros en la biblioteca de esa institución; a esto, Sherman respondió que eso no lo consideraba problema; todo lo contrario, que ojalá los estudiantes se llevaran todos, para usarlos y disfrutarlos a gusto.

Pero también me da satisfacción regalar libros. Por ejemplo, en algún momento oí a Thelmo Vargas decir que le gustaba leer libros viejos “¡seguro por eso es tan neo-liberal!”, pensé; entonces, en una visita a París, le adquirí una obra sobre análisis de servicios comerciales, publicada a finales del siglo 19 o principios del 20. Y también aproveché la oportunidad para traerle otro a Fernando Durán Ayanegui, quien una vez me mostró un tomo oliente a moho, seguramente de antiguedad similar.

¡Qué horror! También me estoy dando cuenta de que tengo dos libros de Rodrigo Facio, los cuales consulté hace algunos años, cuando editaba un conjunto de artículos sobre ese epónimo. Recuerdo ciertamente que los pedí prestados en la Biblioteca Carlos Monge, sin límite de tiempo, pero no para dejármelos.

Si con otros amigos, colegas o instituciones he cometido crimen similar, les ruego aprovechar la oportunidad por hacerme los reclamos correspondientes. Y, por si pudiera servir como descargo, les informo que las obras han sido usadas ampliamente en numerosos libros y artículos científico-académicos que he escrito, así como más de quinientos artículos periodísticos, a lo largo de cuarenta años.

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Pensándolo bien, me declaro un Robbin Hood de libros, porque los robo para beneficiar a toda la comunidad nacional con mi producción intelectual. Más aún, en esa capacidad, reclamo jerarquía y reconocimiento internacional, porque la Editorial Universidad de Costa Rica acaba de publicar una obra en inglés intitulada Emerging colors in science: Transdisciplinary Essays (Colores emergentes en ciencia: Ensayos Trans-disciplinarios), de la cual soy compilador, editor y coautor con Roger Penrose (físico-matemático, Universidad de Oxford, Inglaterra), Roger S. Jones (físico teórico, Universidad de Minesota, EE. UU.), Peter Gärdenfors/ Frank Zenker (filósofos y científicos cognitivos Universidad de Lund, Suecia) y Stephen Barr (físico-teórico, Universidad de Delaware, EE. UU.).

¿Que me estoy “echando flores”? ¡Por supuesto que sí! Aprendí eso de Lord Mountbatten, último virrey de la India y tío de Elizabeth II, quien fue asesinado en un ataque de revolucionarios irlandeses (IRA). Se cuenta que, al concluirse la última entrevista concedida por él, el periodista le hizo una “acusación” similar; a la cual respondió, con el buen humor que lo caracterizaba: “Caballero, usted tiene razón. Y a nadie importante conozco que no se hubiera hecho al menos un poco de propaganda personal en alguna oportunidad”.

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