“Hay muchos peces en el mar”, pero hay quienes salen a pescar a la vuelta de la esquina o hasta en su propia casa. ¿Cómo puede alguien ser tío y suegro a la vez? ¿Cuñado y primo al mismo tiempo? Es lo que sucede cuando, en vez de anzuelos y cuerdas, es la sangre la que jala.

 6 enero, 2013

Tal vez fueron esos ojos marrones tan parecidos a los suyos, o la blancura de su piel, o quizá el caminado peculiar que tienen todos los Arroyo de La Guácima, lo que hizo que se enamorara de ella sin percatarse de que era su mismo caminado. Él la veía todas las tardes en casa de su hermano mayor, Lito Arroyo, quien se había casado con su prima hermana Neli Arroyo, quien a la vez era hermana de su enamorada. Neli hacía los quehaceres del hogar junto a ella y le enseñaba a sembrar la huerta. Él seguía prendado mientras sudaba en el patio del frente el jugo de caña en cada machetazo.

Un día se acercó a su prima y le declaró su amor. Seis meses después, se casaron en la iglesia de La Guácima. Hoy, después de 60 años, ella, Margarita Arroyo Calvo, ya no vive. Y él, Aristides Arroyo Arroyo, la sigue recordando tan blanca como la blancura propia. Un par de conchas del mismo mar.

El matrimonio de Aristides y Margarita es uno de los últimos registrados en que ambos cónyuges eran primos hermanos. Si bien la práctica no cesa por completo, es menos recurrente que en el pasado.

Dice el genealogista Mauricio Meléndez Obando que hasta la década de 1950, el casamiento entre personas con algún grado de consanguinidad era un fenómeno más común. Sin embargo, actualmente esto ha ido en decadencia debido al crecimiento poblacional y las relaciones exogámicas entre individuos.

“Yo solo tuve una novia y nada más”, recuerda don Aristides con una voz apenas perceptible. “Eran muy escasas ahí”, agrega mientras se ríe con su risa octogenaria.

Una razón de estas uniones endogámicas era la escasez poblacional y el poco interés por buscar una pareja en comunidades externas.

Meléndez confirma que una excusa habitual para pedir la dispensa en matrimonios de consanguinidad era apelar a la escasa población.

Permiso sagrado

La solicitud de dispensa es una fórmula que hace el párroco o sacerdote pidiendo permiso al obispo de la diócesis correspondiente para proceder con un matrimonio entre personas que tienen relación de consanguinidad hasta el cuarto grado, es decir que compartan entre ellos un tatarabuelo.

Cuenta doña Rosa Lara (nombre ficticio para respetar la solicitud de anonimato de esta entrevistada), que ella vivió en unión libre con su primo hermano durante 12 años, pues ninguno de los sacerdotes de su parroquia permitía ese matrimonio. Hasta que llegó un padre que envió la fórmula de la dispensa al obispo pues quería que la pareja contrajera matrimonio antes de que su unigénito hiciera la Primera Comunión.

El presbítero de Florencia de San Carlos, Albán Arroyo, especialista en derecho canónico, asevera que la Iglesia Católica impide tajantemente los matrimonios de línea recta de consanguinidad, o sea padre-hija, madre-hijo o hermanos, por una razón social y fisiológica. No obstante, las relaciones entre primos(as) o tíos(as) con sobrinos(as) se pueden dar siempre y cuando se examine cada caso y se cuente con el aval del párroco y del obispo.

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“Si hay muchas relaciones previas, en las cuales los abuelos eran primos hermanos y yo me quiero casar con una prima hermana, eso es un peligro en cuanto a los hijos.

”Pero como el matrimonio es de derecho natural, no se puede impedir, solo se advierte [de la probabilidad en los daños genéticos], y se da la dispensa”, comenta el prelado.

El riesgo del amor

La razón social dice que el matrimonio se debe celebrar preferiblemente entre personas que no son parientes para que así pueda existir una relación más heterogénea entre familias. La razón fisiológica tiene que ver con las enfermedades genéticas.

Los genes tienen formas alternativas que se llaman alelos. Cuanto mayor parentesco, más parecidos son entre sí estos genes, no así los alelos de estos genes, que siempre son distintos entre sí. Algunos de estos alelos tienen mutaciones o cambios genéticos que nos hacen susceptibles a ciertas enfermedades.

Cada persona tiene dos alelos de un mismo gen, uno del papá y otro de la mamá. Si se recibe algún daño del papá pero no de la mamá, muchas veces esa enfermedad no se presenta. Se necesita que estén dañados los dos alelos para que esta anomalía se manifieste.

“En los casos de consanguinidad, aumenta la probabilidad de que dos alelos dañados se junten. Cuando hay mucha gente que está relacionada a nivel familiar en un pueblo, es más probable que se casen siendo parientes. Esta gente se cruza, tiene hijos y ellos pueden presentar algunas enfermedades”, indica el genetista Alejandro Leal.

Según el especialista, no se puede determinar con exactitud la recurrencia de las enfermedades congénitas, puesto que estas tienen un componente genético que no es claro de establecer. Hay factores ambientales que se juntan con los genes y hacen que no sea fácil discernir cuál factor es predominante. Enfermedades comunes en nuestro país como el cáncer gástrico, las discapacidades cognitivas y las cardiopatías, no tienen definidos sus componentes genéticos.

En la familia Arroyo Arroyo, de La Guácima y ahora asentados en Carrillos de Poás, Alajuela, los hijos de don Aristides y su prima hermana difunta, Margarita, presentan un extraño cuadro patógeno en sus organismos.

Se trata del síndrome de Gilbert, una enfermedad que afecta al 5% de las poblaciones. Se considera una enfermedad hereditaria que ocasiona niveles elevados de bilirrubina en la sangre. Este pigmento biliar (bilirrubina) se expande por todo el organismo y causa una leve ictericia a los individuos. La enfermedad no requiere de ningún tratamiento por tratarse de un trastorno benigno que no afecta la esperanza de vida de la persona.

De los diez hijos de Aristides y Margarita, solo dos se eximen del síndrome, pero no así de las enfermedades renales. Cuenta Arnulfo Arroyo, el hijo menor, que debió cederle un riñón para un trasplante a su hermano Agustín, quien irremediablemente murió por una bacteria en un pulmón.

Después, dos de sus hermanos mayores murieron de leucemia a los 18 años y además presentaban deficiencias renales. Incluso, según Arnulfo, en la hoja de defunción de su madre se cita también esta deficiencia en el funcionamiento de los riñones.

Costumbre de reyes

En la época de la monarquía, durante el siglo de oro en Europa, se acordaron políticas matrimoniales entre las casas reales. Un claro ejemplo es el de los Habsburgo españoles, que se casaban entre familia para asegurar la posición política y alianzas en el entorno.

Con esta estrategia, el poder estaba seguro, no así la salud. Carlos II, llamado “el hechizado”, fue el último rey de España de la Casa de Austria, debido a que arrastraba en su nombre la sucesión de múltiples matrimonios consanguíneos, y por tanto, su salud se vio quebrantada. No pudo dejar descendencia por su esterilidad. Además contaba con una gran cabeza deforme y un mentón sumamente largo. Sus piernas apenas podían sostenerlo pues era raquítico, y tenía problemas de discapacidad cognitiva. Un rey nada típico.

Tampoco fue típica la unión conyugal entre dos esposos en Poás de Alajuela, que si bien no eran reyes ni vivían en un castillo, fueron comprometidos tal y como lo hacía la Corona.

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Él era Emilio Vega Espinoza, sobrino de Casto Vega. Don Casto era muy celoso con sus hijas y a todas las que tuvo entre sus 18 hijos, les arregló su matrimonio con mozos de su confianza. A una de sus hijas menores, Claudia Vega Gómez, apenas cumplió sus inocentes 13 años, la casó con Emilio, su sobrino, de 29 años.

“Él vivía cerca; me gustaba un poquillo, no mucho. Papá decidió casarnos porque no le gustaba que fueran novios a visitar la casa. Él decía: ‘Si se casan, que él siga viniendo; pero si no se casa, que jale”, rememora la voz adulta de Claudia.

La melodía romántica en su noviazgo solamente sonó por mes y medio, tiempo suficiente para que don Casto arreglara los detalles nupciales en su retirado Poás.

Según cuenta el genealogista Meléndez, uno de los factores de la endogamia es la búsqueda de unir poder político y económico al arreglar matrimonios entre familiares o vecinos de una misma zona.

Cincuenta y seis años de matrimonio y diez hijos después, Claudia no tiene ninguna queja de su ya difunto marido. Con él procreó al décimo hijo, que como el rey Carlos II, cuenta con discapacidad cognitiva.

“Yo no sabía nada, era una inocente. El último fue el que salió con enfermedad de retraso mental. Todos los hijos los tuve sin saber nada de que podían salir enfermos. No sabía siquiera que, en mi juventud, me iba a venir esa ‘enfermedad’ que le viene a la mujer todos los meses”, relata doña Claudia, de 74 años.

Salidos del tronco

“La moral de antes no es la misma de la de ahora”, dice Arnulfo Arroyo. Él tiene dos hijos: Sebastián, de 5, y Kaína, de 15. Ellos han aprendido bien la orden de su padre de “cuidado y se fija en alguno de sus primos”.

Hasta Nena Arroyo, hermana de Arnulfo, ha querido mantenerse alejada de sus primos hermanos. Relata su esposo que antes de ser novio de ella, llegaba un primo a pedirle visita a su tía Margarita, pero Nena, dura como piedra, negó siempre la entrada.

“Nena decía que no iba a hacer la misma ‘juponada’ de los tatas. El primo venía hasta llorando para que le permitieran ser novios”, bromea el cuñado de Arnulfo.

“Yo les decía a mis hijos que, cuando crecieran, no se enamoraran de ningún primo, porque vean lo que me pasó a mí. Una señora en Poás me decía que casarse así no servía porque uno estaba pecando contra Dios”, asevera doña Claudia.

Costa Rica es un país pequeño conquistado en la colonia por pocos personajes. Los apellidos más comunes de hoy son los mismos de ayer.

“Es posible que todos vengamos de un tronco común” dice el genealogista Meléndez.

“Al final, todo el mundo viene de troncos comunes. Entonces, normalmente alguien que se case en el mismo barrio, siendo ambos nativos de ese lugar, van a ser parientes lejanos”.

La endogamia popular del pasado trajo a esta generación del presente.

La sangre jala y, al final, como dice el cuñado, “llega un punto en que todo el mundo se hace el maje”.

Un pueblo de primos

Es un día cualquiera en Poás de Alajuela. Wálter Murillo Herrera se levanta temprano y se va al centro de San Pedro a comprar el pan donde los Murillo Hidalgo. En el parque lo espera el famosísimo Miguel Ángel Murillo Ávila, más conocido como Pirigallo. Hablan por 15 minutos y don Wálter se retira para irse a casa en bus de San Rafael con Francisco Pachico Murillo Carvajal. Antes de cruzar el umbral de su morada, se topa con su prima y ahijada Andrea Murillo López, con quien se pone al día con las noticias familiares.

Todos provienen de un mismo tronco. Don Wálter y su madre rememoran la historia del pleito por la bomba de agua entre los hermanos Murillo Cheles, como los llamaban por ser tan albinos de piel. También rememoran a Francisca Murillo, la matrona de los Mamachicas, y no olvidan tampoco a los Fusilicas. Tres apodos que traen consigo la historia de Poás. Todos apellidados Murillo.

Según un estudio de filiación genealógica de Ramón Villegas, tanto los Fusilicas, Mamachicas y Cheles tienen como ancestro común a Rafael Murillo Herrera, quien se casó con Ramona Rojas González en Heredia el 8 de febrero de 1831. Sus hijos, Celedonia María, Jerónimo, Sinforosa, Domingo, Aurora y Manuel Antonio, contrajeron matrimonio en San Pedro de Poás entre 1863 y 1883, extendiendo así la variedad de los Murillo en la zona.

Las investigaciones genealógicas arrojan cifras relativas a un parámetro que establece el “endocruzamiento”. La consanguinidad puede estimarse en las familias y en grupos o poblaciones enteras, mediante el cálculo del llamado coeficiente de endocruzamiento (F).

Un estudio de Ramiro Barrantes en 1991, determinó que los mayores índices de endocruzamiento en el país se dan en la población de Poás, seguidos de los de Belén, Acosta y San Isidro de Heredia.

Sin embargo, los índices de endocruzamiento en Costa Rica no son tan altos comparados con los de otros países. Por ejemplo, el 50% de los matrimoniso en Pakistán son entre primos hermanos.

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