Actividades: La tarde de este sábado, el parque metropolitano volvió a ser el epicentro de diferentes actividades artísticas y lúdicas

Por: Jessica Rojas Ch. 13 abril, 2014
El niño Marco Just, de 1 año y 4 meses, fue ayudado por su padre en las ligas y se divirtió durante un buen rato. Fotografía: Albert Marín.
El niño Marco Just, de 1 año y 4 meses, fue ayudado por su padre en las ligas y se divirtió durante un buen rato. Fotografía: Albert Marín.

La primera parada que hizo Richard Varnot en La Sabana, ayer, fue en una improvisada clase de baile urbano.

A sus 60 años y con 1,85 metros de estatura, sobresalía entre las decenas de bailarines amateur que seguían los pasos del profesor Miguel Bolaños, del grupo de danza urbana La Zona.

Hace pocos meses que vive en Costa Rica; su casa la tiene en Ciudad Colón. Su acento estadounidense es fuerte y no entiende ni una palabra en español, pero este sábado fue uno más del gentío que disfrutó el esplendor del arte en el FIA.

La Sabana volvió a ser un escenario tan variado como extenso; por todo el parque metropolitano se desarrollaban diferentes espectáculos que iban desde la música hasta el circo y el baile flamenco.

La excepcional voz del ruso Aleksandr Trofina impresionó a los asistentes en la tarima Música del Mundo. | ALBERT MARÍN
La excepcional voz del ruso Aleksandr Trofina impresionó a los asistentes en la tarima Música del Mundo. | ALBERT MARÍN

En este último apartado, la agrupación española Juerga Flamenco fue una de las más admiradas entre quienes se apostaron frente a la tarima del Banco Nacional. Con su espectáculo Una historia de amor gitano y con el ritmo inconfundible de la guitarra flamenca, estos españoles lograron hacer que el público, entre vueltas y palmas, se hiciera uno con los bailarines que estaban sobre el escenario.

Más hacia el oeste de La Sabana, un pequeño carro llamaba la atención: lleno de colores y con un rótulo que aseguraba que era el cine más pequeño del mundo logró atraer la mirada de varios presentes. Como si fuera arte de magia, cada ocho minutos, 10 personas entraban al vehículo para disfrutar de la proyección de un cortometraje dentro de la pequeña sala de cine.

“Pasen que queda poco campo, apúrese, acomódese. Pónganse guapos porque les van a sacar fotos”, gritaba el español encargado de abrir las puertas de aquel carro-cine.

En otro sector, la tarima del Circo estuvo llena durante la presentación vespertina de payasos y acróbatas.

El Jardín de Esculturas del Museo de Arte Costarricense se convirtió en una academia de baile. | ALBERT MARÍN.
El Jardín de Esculturas del Museo de Arte Costarricense se convirtió en una academia de baile. | ALBERT MARÍN.

El parque hizo las veces de teatro al aire libre con diferentes localidades y espectáculos para admirar. Ninguno interrumpía a otro; no había momento en el que una canción o una actividad se cruzaran entre sí; todo era armonía.

Los presentes tenían la gran ventaja de estar a pocos pasos de todas la acción. Así pasaban de escuchar cantando al ruso Aleksandr Trofina, del teatro Mariinsky, junto al grupo Bis-Quit, y acompañar a sus hijos a jugar en las paredes para escalar o verlos volar en los trampolines.

Para gozar. Los novios Daniela Corrales y Gonzalo Murillo aprovecharon un espacio en el zacate de La Sabana para descansar.

Mientras ellos disfrutaban la brisa y el sol de la tarde para departir juntos; observaron la variedad de shows que ofreció el FIA.

“Venimos a ver de todo un poco. Descansamos aquí porque hay mucho que observar; aunque me pareció mejor el festival de hace dos años”, aseveró Murillo, quien es vecino de Cartago.

Como ellos, amigos, familias, grandes y niños se dieron el gusto de sacarle el jugo al penúltimo día del Festival Internacional de las Artes, que arrancó el jueves 3.

Nota: Se corrigió una información con respecto al show de Juerga Flamenco.