Planes futuros En abril, el montaje se presentará en el centro penitenciario La Reforma; en junio, se mostrará al público en general

Por: Katherine Chaves R. 18 noviembre, 2013

“Las feministas han logrado que todos hablen –para bien o para mal– sobre el género femenino. Han logrado estar en la palestra pública; en cambio, ¿quién habla de los hombres? ¿Quién nos entiende? ¿Qué saben de la masculinidad?”.

Los bailarines Gustavo Vargas y Xabier Irigibel también presentaron esta coreografía en la Universidad de Costa Rica. Foto: Cortesía de Inés Aubert
Los bailarines Gustavo Vargas y Xabier Irigibel también presentaron esta coreografía en la Universidad de Costa Rica. Foto: Cortesía de Inés Aubert

Esas preguntas que rondaban una y otra vez en la cabeza del bailarín costarricense Gustavo Vargas fueron las que lo motivaron a realizar una coreografía, con la que busca explicarle a la sociedad algunas actitudes de los hombres.

La puesta en escena, llamada Gustavo, Doro y Julián y que es financiado por el Programa Nacional para el Desarrollo de las Artes Escenicas (Proartes), se estrenó en setiembre ante 120 reos del centro penitenciario La Reforma. Debido el éxito alcanzado, se volverá a presentar en ese mismo lugar en abril.

Vargas, quien baila en esta coreografía al lado de Xabier Irigibel, comentó que quieren llevar, de nuevo, el montaje hasta la cárcel, ya que los privados de libertad se impactaron con el mensaje.

“Fue bien interesante ver cómo ellos se veían en mí o en Xabier. La idea es darles un concepto diferente de lo que significa ser hombre, hacerles entender que uno no necesita ser grosero para ser hombre y, claro, se quedaron boquiabiertos”.

También tienen planes para presentarla al público en general en junio. “Aún no sabemos dónde, pero estamos buscando opciones a ver qué hacemos”, agregó.

Cada paso. En nueve cuadros coreográficos, la obra muestra cómo la violencia y la delincuencia están muy relacionadas con la masculinidad, dijo el coreógrafo. También ofrece maneras para cambiar esa forma de actuar.

Según el coreógrafo, en escena, se ve la compleja vivencia de dos hombres, que tienen muy arraigados los viejos mandatos sociales.

“En la vida de estos muchachos, machistas, también se entremezclan la paternidad, la vida profesional, la pornografía, la violencia y el estrés”, aseveró Vargas, quien dijo que la obra dura 45 minutos.