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‘Yo no soy quién para juzgar a la mamá de Pablo Escobar’

Actualizado el 05 de mayo de 2013 a las 12:00 am

La reconocida actriz afirma que interpretar a la madre del famoso narcotraficante le dejó muchas más dudas que respuestas sobre su personaje.

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‘Yo no soy quién para juzgar a la mamá de Pablo Escobar’

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Tiene poco más de 50 años de carrera artística, y cada uno de ellos le ha valido el mérito de llevar el título de: “gran señora de la actuación”, en su país natal, Colombia.

Para la actriz Vicky Hernández, que ha transitado por uno y mil caminos del teatro, el cine y la televisión; el secreto del éxito es ser consecuente con lo que se piensa, pero en especial con todo aquello que se hace en la vida.

Su click con la actuación fue a primera vista, sentimiento que compartió con su hermana mayor, María Isabel Hernández, quien hoy es abogada y socióloga. Cuando tenía seis años comenzó a hacer teatro, cuando esto “era tan solo un misterio”, pasó de hacer televisión en blanco y negro a color. Su vida cambió.

La misma mujer que interpretó a Doña Enelia, la madre de Pablo en la serie de Escobar: El patrón del mal , también fue capaz de darle vida, y de forma simultánea, a Gracia Herrera en la novela La traicionera , una señora que era capaz de hasta predecir el futuro.

De verbo directo, con una honestidad que más de uno le envidia, esta mujer, nacida en Cali y madre Mateo y Juan Sebastián, se ha ganado, según ella, la fama de ser incómoda. Sin embargo, esa parte que duerme en ella se despierta ante la “estupidez y la injusticia”.

Enumerar sus logros sería interminable, por lo que Vicky, quien no deja de ser actriz para asumir su rol de mujer, prefiere hablar de anécdotas que se esconden detrás de la serie de Pablo Escobar, mientras se encuentra fuera de Bogotá cumpliendo su sueño: sembrar plantas para luego cosechar vida.

Para Vicky Hernández, una de las actrices más consolidadas de Colombia, ¿qué significó estar en la ambiciosa serie de Pablo Escobar?

Fue un trabajo sumamente agradable, porque a nivel de actuación era algo muy interesante. Los compañeros y el equipo de producción fueron maravillosos. Sabía que sería un proyecto muchísimo más cuidado y planificado, porque es una parte importante de la historia contemporánea de Colombia y que está muy fresco en cada una de las memorias.

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¿De dónde surge el interés de interpretar a la mamá de Pablo?

Porque era una mujer que ha sido muy poco descifrada. Si bien es cierto, hay algunos datos sobre ella e iconografías, me parecía interesante entrar en ella. Para mí, era imperioso el investigar, interpretar y cuestionar unas emociones, pensamientos e ideas que debía tener esa señora. No se trataba de hacer una representación arqueológica, sino de interpretar lo que ella pudo sentir, imaginar o hacer.

Para muchos de sus seguidores, el hecho de que no sea una actriz que se encasilla es lo que la distingue. ¿Eso era lo que buscaba con doña Enelia?

Sí, claro, desde luego, era el riesgo de hacerlo. Creo que, para cualquier artista, el riesgo es el motor de todo y existe la posibilidad de que no funcione y de que todo salga mal. Es importante arriesgar con elemento, en base a lo que se conoce.

Algunos de los televidentes aseguran que la mamá de Pablo era una mujer súper dual, ya que por un lado lo reprendía, pero por otro lo alentaba. Después de analizar este personaje, ¿siente que es así? ¿Qué descubrió de ella?

Aunque no lo creas, me quedé con muchas cosas sin descubrir (ríe). Me quedé sin descubrir casi todo, porque en los libretos mi participación era muy pobre, bastante limitada. Lo que llegó a ver el televidente de mi personaje se daba por lo que yo proponía a los directores, pero en libreto, la historia era otra, con intervenciones breves y sin gracia.

Según ha dicho, siempre es importante estudiar y analizar a la persona que interpretara. En este caso, ¿qué elementos indagó?

La verdad no tuve mucho tiempo, porque todo se dio sobre la marcha. Aquí se hacen unas pruebas, que se conocen como castings, y que son muy tontas, la mayoría de ellas. Cuando se dio la oportunidad, yo estaba haciendo un papel antagónico en La traicionera .

¿Cómo llegó a la serie? Recuerdo que fue algo inmediato, porque no sabíamos si se podía dar por el tema del horario. Me avisaron un sábado en la tarde, el domingo me consiguieron la peluca y viajé a la locación de Villavivencio. El lunes, a las 6 a. m., ya estaba grabando. Hice las dos cosas en simultáneo. Así que básicamente, lo que tenía de ella eran referencias y me devoré todo el material que conseguí. Además, me puse a pensar, que es lo que más me gusta hacer (ríe).

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Ese primer momento, encontrarse cara a cara con esa realidad. ¿Qué es lo primero que viene a su mente?

Creo que ese debe ser el trabajo de todo actor, no queda más que hacerlo. Recuerdo que dispuse de mi cabeza, mi cuerpo, el alma y el pensamiento en ella.

¿Qué tiene doña Enelia de Vicky?

Para serte honesta, todos los personajes tienen algo de los actores, porque a fin de cuentas, es uno el que los trabaja. Uno no puede hacer metamorfosis completamente, es uno el que le imprime el carácter y el espíritu a los personajes. Yo no me puedo transformar en una mujer que no soy. La mamá de Pablo quizá podía tener cosas mías, pero yo abogué por características que pensé que ella podía tener, por el comportamiento que ella tuvo.

¿Cuál fue ese comportamiento?

Creo que más que todo permisividad, no solo ella, sino la familia en general, sus amigos y el gobierno. Si la gente no hubiera permitido que Pablo existiera, no se hubiese dado el fenómeno que se dio alrededor de él. Yo creo que Pablo Escobar es el resultado de una sociedad fragmentada, porque la sociedad es la autora de estos personajes, al darle mucha más importancia al poder y al dinero.

¿Siente que de alguna manera se sobredimensionó el poder de Escobar? En realidad, para mí, si él no hubiese tenido al lado personas que lo secundaran tanto en la política, en la fuerza armada, en la familia, estoy segura que él no hubiese llegado hasta dónde él llegó. La mamá, quizá, le permitió por muchas razones, porque su familia disfrutó lo que él hacía, así que lo apoyaba.

De hecho, usted ha declarado que, a pesar de ello, no podría juzgar nunca la actitud de la mamá de Pablo.

Por supuesto que no, porque yo también soy madre. Lo que pasa es uno no puede, de modo alguno, ignorar las presiones de la sociedad. Colombia es una sociedad muy complicada y con un Estado que ha abandonado al pueblo, así que no veo que un Estado que no le dé opciones a la gente pueda reclamar mucho.

¿Qué recuerda de esa realidad que se vivió con Pablo Escobar?

Lo que recuerdo es el horror, pero no fue solo Pablo. Por eso le digo, que la responsabilidad no fue solo de él, sino de cada una de las personas que se dejaron sorprender por el poder.

Surgieron informaciones que indicaban que las hermanas de Pablo Escobar se pusieron en contacto con la producción para decirles que su mamá no se vestía como usted salía en la serie. ¿Fue esto cierto?

Sí y no. La realidad es que yo conocí a una de las hermanas de Pablo, un día que estábamos grabando en Medellín, la escena del bautizo del hijo de Pablo. Resulta que ellas eran muy amigas de la persona que nos alquiló la casa en la que estuvimos. Yo estaba sentada en la sala del lugar, sin moverme, porque era una casa ajena (ríe) y uno quiere mantenerse sereno. En eso, una señora se me acerca y me pregunta cuál es mi personaje y le digo que el de la mamá de Pablo y noto una reacción de sorpresa en ella.

¿Quién resultó ser esa señora?

De la nada me dijo: ‘Ah, entonces es usted la actriz que interpreta a mí mamá en la serie’. Ahí me di cuenta que era una de las hermanas de Pablo y me quedé fría, porque no esperaba que ella se me acercara y me dijera eso. Ella me miró de arriba y me dijo que su mamá no se ponía alhajas y que se vestía muy bien. Yo le dije que no quería ofenderla y le pedí que me contara sobre su madre para ver qué podíamos cambiar y ser fieles al recuerdo que tenían.

¿Se dio esa reunión?

Sí, claro. Aprovechamos ese mismo momento y ellas pusieron a disposición de nosotros la ropa de la mamá y se la alquilaron al canal. Fue muy extraño conversar con ellas, porque uno no sabe cómo va a reaccionar uno y ni ellas. Hay una timidez muy grande, porque yo me pongo en el lugar de ellas, y no me gustaría que ofendieran el recuerdo de mi madre. Coincidencialmente, toda la ropa de ella me quedó bien (ríe).

¿Cree que ese respeto que mostró hacia ellas fue lo que hizo que resultaran ser más abiertas con usted?

Yo debo decirle, sinceramente, que ellas en un momento de la conversación me comentaron que estaban muy contentas por el hecho de que fuera yo y no otra actriz, porque consideraban que yo era una persona responsable y seria. Yo no sabía cómo tomar eso (ríe tímidamente).

Después de que se transmitió la serie, ¿tuvo otro contacto con ellas? D

No. En realidad nunca volví a tener contacto con ellas, solo esa vez. Ni yo las busqué, ni las llamé, ni ellas a mí.

Si hubiese tenido la oportunidad de conversar con doña Hermilda, la mamá de Pablo, ¿qué sería lo que le diría?

(Suspira) Lo primero que le diría es que me perdonara los atrevimientos que ella consideró que tuve. Que si se sintió traicionada, que me disculpe, y que yo traté de entender que para ella debía ser muy duro haber vivido en un país como el nuestro, haber tenido cinco hijos y tener que sacarlos adelante sola.

Ha dicho que, a su edad, no ha podido hacer todo lo que ha querido, pero que como buena rebelde, es algo que seguirá intentando lograr...

Toca (ríe). Después de que uno ha aprendido a vivir así, en la actuación, es muy difícil devolverse. Uno tiene que continuar hasta el final y cómo mejor me vaya en la vida. De eso se trata.

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Lysalex Hernández A.

lysalex.hernandez@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coordinadora editorial en la Revista Teleguía de La Nación. Licenciada en Periodismo Social por la Universidad Internacional de las Américas. Escribe sobre documentales, series de TV y streaming y todo lo relacionado al mundo del entretenimiento.

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