Yue Minjun

La ironía, tristeza que sonríe

Yue Minjun El artista chino más cotizado de nuestro tiempo ofrece una exposición en Francia

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“El hombre sufre tan terriblemente en el mundo, que se ha visto obligado a inventar la risa”, dijo el filósofo Friedrich Nietzsche, y es que la risa no es sinónimo de banalidad; por el contrario, la ironía nos permite enfrentarnos a situaciones que quizás no soportaríamos si las analizásemos con extrema sensatez. Efectivamente, reímos para no llorar.

Así, el artista chino Yue Minjun (Heilongjiang, 1962) pretende suscitar una profunda reflexión sobre los problemas de la humanidad mediante carcajadas satíricas que han alcanzado un contagio equiparable al del ‘mem’ (la idea que “salta” de un cerebro a otro).

Las risas de sus obras desatan una pandemia de imágenes en Internet, al igual que las fotografías en serie de Andy Warhol y las reproducciones alteradas del David de Miguel Ángel.

Tanta popularidad ha hecho de Yue el artista chino contemporáneo más cotizado mundialmente en tan solo unos años. Para el crítico Li Xianting, “los trabajos de Minjun encuentran un balance entre la ansiedad del Zeitgeist [espíritu de la época] contemporáneo y la ecuanimidad ética oriental”.

¿Cómo lo consigue?: riéndose de todo en tiempo y espacio: del lujo del Vaticano, de la cacería de terroristas, de la ambiguedad de los sexos, de las condiciones del proletariado en su país y de la masacre de Quíos (perpetrada por los otomanos contra la población griega de la isla de Quíos en 1822).

A fondo. En su trabajo, el artista chino reproduce eventos del pasado que imortalizaron ya otros pintores, como Francisco de Goya y Diego Velázquez; pero los reinterpreta a su sarcástico modo.

A esas obras célebres, Minjun añade su particular risotada (él mismo representado) como un personaje “cínico” que se mofa de las circunstancias. Tal parece que ese personaje burlesco dijera con su rostro aquella frase de Jorge Santayana: “Quien olvida su historia está condenado a repetirla”.

Las tragedias de la humanidad, vuelven con el pincel de Yue Minjun para recordar que aún cargamos los mismos lastres: encontraremos escollos que creíamos superados. No por coincidencia, su obra más conocida es Ejecución (óleo, 1995). En ella, Minjun aborda el delicado tema de la represión sufrida por los manifestantes de la plaza de Tiananmen en 1989. Se la compara con El tres de mayo de 1808 en Madrid, de Goya, y con Masacre en Corea , de Pablo Picasso.

No obstante, deben mencionarse tres elementos diferenciadores; por ejemplo, con El tres de mayo de 1808 : en la obra de Yue, los personajes aparecen en ropa interior, sus brazos no ofrecen resistencia y, claro está, ríen abiertamente antes de su ejecución. “Son libres, no temen a la muerte”, comenta el autor.

Debido a su delicado contenido, Ejecución fue vendida a un inversionista por cinco mil dólares con la condición de no mostrarla al público. Años más tarde, en una subasta de Sotheby’s, en Londres, la pintura fue comprada en $5,9 millones: es así la obra más cara de un autor chino contemporáneo.

En La masacre de Quíos (obra homónima de una de Eugène Delacroix), Minjun utiliza de nuevo la “apropiación” para incorporar su estilo. Su versión de la matanza que sufrieron los griegos superó los $4 millones en Hong Kong.

Otra pieza controversial es Papa (1997), alternativa al Retrato de Inocencio X , de Diego Velázquez.

En ambos trabajos, los elementos coinciden en orientación (el asiento papal), pero las diferencias yacen en el clima sicológico del pontífice: frente a la calma y la astucia del Inocencio X , de Velázquez, el Papa de Yue Minjun ríe desaforadamente y viste ropa interior'

En una época turbulenta, en la que una ridiculización de una figura religiosa puede despertar homicidios y quemas de embajadas, Yue Minjun niega que su trabajo hable de política o religión: “Pinto el gran escenario del mundo, el conflicto humano del que a veces vale la pena reírse”.

Aunque su arte es novedoso en sí mismo, se desarrolla en un movimiento denominado “realismo cínico”, famoso por valerse de la ironía y el “cinismo” para afrontar una realidad adversa. Veamos cuál es la tendencia de la que Yue Minjun se nutre.

“Realismo cínico”. Esta expresión fue acuñada en 1992 por el crítico Li Xianting en un artículo en el diario hongkonés Twenty-first . Li notó que varios artistas compartían la idea de un “desbordamiento emocional” que abarca el “cinismo, la rabia, la indiferencia o el humor”.

Según Li, el “realismo cínico” emergió en el decenio de 1980, luego de la apertura económica de China bajo el mando de Deng Xiaoping. Aquella tendencia estética sería efecto del desencanto de las utopías políticas y artísticas.

Entre sus exponentes destacan Yue Minjun, Fang Lijun, Guo Wei, Liu Xiaodong, Song Yongshong y Zhang Xiaogang.

Técnicamente, el movimiento se imbuye del “realismo socialista”, característico de la antigua Unión Soviética, que inspiró profundamente el arte chino gracias a los intercambios estudiantiles habidos entre Pekín y Moscú.

Los rasgos formales denotan una suerte de realismo, respetando (aunque no en todos los casos) elementos de proporción y negándose a concertar con las tendencias abstractas que florecieron durante el siglo XX.

Según Minjun, el realismo socialista tenía un propósito político; por ello, “erróneamente, se ha tratado de ‘leer’ todo el trabajo de los pintores realistas chinos contemporáneos en un contexto oficial”.

Por otro lado, Minjun ha negado reiteradamente que exista “cinismo” en su trabajo. “Lo que trato de hacer es construir sentido al mundo. No hay nada cínico ni absurdo en lo que hago. Pueden pensar que mis personajes son felices, pero hay algo detrás de ellos”, afirma.

La recepción del “realismo cínico” ha sido extraordinaria, y algunos cuadros se cotizan en más de un millón de dólares. Series 2 (1992), de Fang Lijun (Hebei, 1963) casi alcanzó $2 millones; y Bloodline: Big Family, n.° 1 (1995), de Zhang Xiaogang (Yunnan, 1958), se vendió en $3,5 millones.

Al fin, para Yue Minjun, maestro de la ironía, es un sarcasmo que por Ejecución no haya percibido más que cinco mil dólares.

El autor es periodista costarricense. Estudia mandarín en la Universidad de Química y Tecnología de Pekín.

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