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Fluctuaciones

La inteligencia se transforma

Actualizado el 06 de mayo de 2012 a las 12:00 am

Fluctuaciones Como el estado de ánimo, el coeficiente intelectual es un atributo que cambia con los años

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                         escultura  de Auguste Rodin.El pensador (1902),
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escultura de Auguste Rodin.El pensador (1902),

La mayoría de la gente cree que el coeficiente intelectual es un atributo genético con el que nacemos y que se mantiene de por vida, como el color de los ojos. En realidad se parece más a otros atributos de nuestro cuerpo y mente que fluctúan a lo largo de los años, como el peso corporal, el estado de ánimo, los niveles de energía y la tensión sanguínea.

El cociente intelectual, también denominado “coeficiente intelectual” o CI, consiste en una puntuación que se obtiene al efectuar a una persona una serie de preguntas especialmente diseñadas para medir su inteligencia. En él, se adjudica 100 como valor central de una inteligencia media. Quienes puntúen más de 100 se hallan por encima de la media.

Como dato curioso, se sabe que el CI medido o estimado de algunos personajes famosos del mundo de la política, la ciencia y las artes, al menos duplica la inteligencia media, como el genio renacentista Leonardo da Vinci, el científico Gottfried Wilhelm von Leibniz o el político y religioso inglés Thomas Wolsey. Por su parte, Beethoven, Darwin, Einstein, Cervantes y Mozart, rondaban la inferior pero nada despreciable puntuación de 160.

Hasta hora se creía que la capacidad intelectual es estable a lo largo de la existencia, pero investigadores británicos han descubierto que el CI puede elevarse o reducirse de forma significativa a lo largo de la vida adulta. Eso sí, aún no se ha encontrado la razón fisiológica de este fenómeno.

El estudio, realizado por investigadores del Centro Wellcome Trust de Neuroimagen de la Universidad Londres (UCL) y el Centro para la Neurociencia Educacional, ambos en el Reino Unido, muestra por primera vez que el CI no es constante.

La inteligencia en el sube y baja. La investigación dirigida por la profesora Cathy Price, de Welcome Trust, concluye que el coeficiente intelectual –la medida estándar de la inteligencia humana– puede aumentar o disminuir significativamente durante la adolescencia, y estas variaciones se asocian a cambios en la estructura cerebral.

En el 2004, los expertos británicos estudiaron la estructura cerebral de 33 jóvenes sanos de entre 12 y 16 años de edad, mediante imágenes de resonancia magnética, y repitieron esos escáneres cerebrales en el 2008, descubriendo cambios significativos en las puntuaciones del CI registradas con cuatro años de diferencia.

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En relación con personas de su misma edad, algunos de los participantes habían mejorado su desempeño en hasta 20 puntos en la escala estándar del CI. En cambio, el rendimiento intelectual de otros había caído en una proporción similar.

Estudios previos han aportado evidencias de que la estructura del cerebro también puede cambiar y adaptarse durante la vida adulta. Muchos investigadores creen que nuestro coeficiente intelectual también puede modificarse acorde a este proceso.

Según Roberto Colom, catedrático de Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid, en el siglo XX se ha documentado en países occidentales y orientales –más y menos desarrollados económicamente– el llamado “efecto Flynn” (en honor al científico James Flynn), que consiste en un incremento generacional de la inteligencia tal y como la miden los psicólogos. La “ganancia”, que ha sido calculada en tres puntos en el CI por década, se ha observado en bebés, niños de educación preescolar, niños en edad escolar y adultos.

Recuerda Colom que “el científico catalán Josep María Lluis- Font –que en 1970 obtuvo las puntuaciones de un grupo de niños en un test de inteligencia aplicado en Barcelona– administró 30 años después el mismo test a un grupo equivalente de niños. El experimento reveló una ganancia de inteligencia equivalente a tres puntos de CI por década, precisamente el incremento promedio observado internacionalmente”.

“Recientemente, Jonathan Wai y Martha Putallaz han publicado un artículo explorando casi dos millones de casos y encontrando que entre los individuos más inteligentes también se aprecia un efecto Flynn. Por tanto, el incremento generacional de inteligencia se produce entre los más y los menos inteligentes”, señala Colom en un artículo publicado en El País .

La motivación cuenta. Otro estudio de la Universidad de Pensilvania concluyó que un CI elevado es producto de una gran inteligencia y una gran motivación. Mientras, un CI bajo puede deberse a la deficiencia en alguno de esos dos factores.

Los expertos observaron que algunas personas se motivan más que otras cuando no hay nada en juego y que el coeficiente intelectual que arrojan las pruebas de inteligencia es menor en aquellos que no hallan ningún incentivo en realizarla. “La falta de motivación al hacer un test afecta significativamente al resultado”, señalaron los autores del trabajo basado en el seguimiento de 250 personas desde su adolescencia hasta los 20 años.

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