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Dos individuos, dos sistemas

Actualizado el 08 de mayo de 2012 a las 12:00 am

Dos casos de la vigencia de los DDHH como precondición al diálogo político

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Uno de los mayores beneficios tangibles de la globalización es el avance lento pero sostenido de los derechos humanos cual condición supra nacional y supra constitucional de las naciones. Es cierto que no estamos todavía muy adelantados, que es mucho el camino que falta por andar, pero ya los poderosos sienten como la transparencia en el manejo de las prerrogativas de sus conciudadanos, no son una gracia que ellos pueden conceder o no, sino una obligación que es parte de la funcion publica.

En países como Alemania, los derechos humanos pertenecen a la categoría de los asi llamados “Grundrechte”, derechos básicos, y están antes que cualquier tratado constitucional. Con esa categorización como premisa, que desactualiza muchas constituciones nacionales en cuanto a avances de la condición humana, mal puede el Gobierno de cualquier país salir ahora a invocar la trasegada “soberanía nacional” para tratar de violentar derechos inherentes y propios del ser humano. Derechos y garantías por cierto, no sujetos a ni localismos ni a condicionantes ético regionales. Digamos que quizás pueda un tal régimen pretender hacerlo, pero no podrá ocultarlo.

Recientemente dos casos vienen a mostrarnos la vigencia de los derechos humanos como precondición a cualquier diálogo político o económico, y su creciente importancia. Por una parte, la expresidenta de Ucrania, Julia Timoschenko, y por otra, el activista chino Cheng Guangchen. El primer caso muestra la constatación de la justicia como venganza, expuesta a través de maltrato carcelario que médicos de la ONG alemana Charite habrían diagnosticado y hecho publico. En el otro, un invidente que contra todas las adversidades supero la enorme pobreza de su Shadong natal, y logro casi de forma autodidacta aprender leyes en China (ya de por si algo milagroso). Alguien que ha dedicado su vida a defender casos de esterilización involuntaria hechos por el poder totalitario contra personas en ese país.

Preso durante años y luego con casa por cárcel para inhabilitarlo, el hombre se escapa, se refugia en la embajada de EE. UU. y hace un clamoroso llamado al Congreso norteamericano evidenciando la soledad de un individuo ante un sistema totalitario y represivo que cuenta con la anuencia e indiferencia occidente, solo por los beneficios económicos que aporta. Un hombre contra el silencio de más de mil millones de seres.

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En ambos casos, el mundo se ha detenido a ver qué es lo que sucede. Los Gobiernos de los demas países, tendientes en su pragmatismo a ver siempre sus propios beneficios como razones de Estado, han tenido que oír algo que escapa a la sustentacion crematística.

En un caso, existe la posibilidad de sanciones morales y económicas via el boicot de varios países a la copa europea de futbol que hospedan Ucrania y Polonia, si no se toman medidas que laxen el hermetismo del regimen ucraniano sobre las condiciones de retencion de la Sra. Timoschenko. En el otro, un sujeto nos pone en la mesa con su valenctia, el elefante rojo que nadie –especialmente ningun politico– quiere ni nombrar ni ver. Que el Partido Comunista chino se ha salido con la suya en esterilizar a masivas porciones de su población, que los derechos humanos tienen allí el mismo lugar que los sindicatos –totalmente inexistentes–, y que son los países occidentales mas preocupados sobre el tema de los DDHH, quienes mas cercanas relaciones mantienen con los que administran semejante sistema represivo.

Los dos casos dependen de la presión internacional para cualquier solucion, a que dudarlo. Sera probablemente la Unión Europea quien determine que sucederá en el caso Timoschenko. Seguramente el futuro de Cheng dependerá de las negociaciones entre la secretaria de Estado, Clinton, con sus homólogos en Pekín. Curiosamente, EEUU ha recordado que la flota aérea de Taiwán está obsoleta y que desde el 2006 está archivado un pedido para comprar aviones F-16. ¿Será así que vendrá de allí la luz que ni los ojos del señor Cheng ni los nuestros pueden ver?

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