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La ideología cuántica

Actualizado el 18 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

El peligro de lacharlataneríay el exhibicionismoverbal

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La ideología cuántica

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En algunos segmentos de la cultura “ilustrada” es común referirse a temas socioeconómicos y políticos aplicando términos propios de la Física Cuántica u otras ciencias naturales ¿Qué decir de esta tendencia a usar conceptos de una disciplina en otras? Cuando esa práctica está basada en un fundamento teórico, metodológico y experimental pertinente, se trata de un hecho estimulante y positivo; pero, si ocurre lo contrario, estamos en presencia de simple charlatanería y exhibicionismo verbal, ingredientes claves de lo que denomino ideología cuántica. ¿Cuáles son los requisitos de validez que permiten fundamentar el traslado de conceptos originados en la Física Cuántica a las disciplinas socio-humanistas, y viceversa?

El gran debate. En las primeras tres décadas del siglo XX los estudios de Werner Heisenberg, Niels Bohr, Max Born, Paul Dirac, Pascual Jordan, Wolfgan Pauli, Albert Einstein y Erwin Schorödinger, entre muchos otros afamados científicos, hicieron evidente que en el ámbito de la imagen física de la realidad había nacido lo que desde entonces se conoce como “nueva física”, sustentada en dos pilares: la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica.

Varias de las expresiones investigativas e intelectuales de este hecho se materializaron en el V y VI Congresos Solvay, celebrados en los años 1927 y 1930, en la ciudad de Bruselas. En el primero de los eventos mencionados tuvo lugar uno de los debates filosófico-científicos más importantes de la historia en torno al fundamento de la Física Cuántica y la naturaleza de la realidad, los protagonistas principales fueron Albert Einstein y Niels Bohr, quienes se enfrascaron en un diferendo a propósito de la relación observador-observado en Física Cuántica y el carácter completo o incompleto de esta disciplina.

La discusión sobre estos temas fue constante desde entonces. Se han obtenido avances en dirección a la solución de la disputa, pero no puede decirse que el conflicto haya sido superado. Y, mientras eso acontece en el ámbito de la nueva física, en filosofía la revolución cuántica implica un reposicionamiento de los diálogos asociados a análisis de Aristóteles, Tomás de Aquino, la filosofía clásica alemana, en especial Kant y Hegel, el empirismo, el positivismo, Brentano, Husserl, Heidegger, los existencialismos del siglo XX y Xavier Zubiri, entre otros.

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Lo que Einstein y Bohr discutieron, visto por el fondo de lo planteado por ellos, es análogo a lo que han reflexionado los filósofos desde antes de la Grecia clásica: ¿Qué es lo real? ¿Cómo se relacionan la subjetividad y la objetividad en los procesos de conocimiento? ¿Es factible arribar a una teoría completa de la realidad? ¿Por qué existe el ser y no más bien nada?

El contenido del diálogo sobre estos y otros temas relacionados esta en desarrollo desde hace milenios, se han logrado avances de forma y fondo pero hasta el momento no se cuenta con una visión o paradigma filosófico que ofrezca respuestas por completo convincentes. Existen muchas teorías, pero ninguna es completa ni alcanza un grado suficiente de desarrollo y, en la mayoría de los casos, se presentan vinculadas a grupos e instituciones que tergiversan y manipulan las investigaciones. Nada daña más a la Filosofía –y a la ciencia– que ser dominadas por intereses ajenos a su razón de ser: la búsqueda constante del conocimiento.

El emperador está desnudo. Siendo evidente el carácter inconcluso de los debates y las investigaciones en Física Cuántica y en Filosofía, se comprende que trasladar conceptos de la física a las disciplinas sociohumanistas y viceversa, es una operación altamente riesgosa, que fácilmente se convierte en simple juego verbal sin fundamento ni utilidad social más que el de provocar emociones y entusiasmos cuasi-religiosos Lo dicho me lleva a sostener la necesidad de respetar ciertas condiciones de legitimidad requeridas para que el uso social de conceptos originados en la Física Cuántica sea válido más allá del ámbito de trabajo de esa disciplina. Tales condiciones o requisitos son:

Primero: Cultivar la epistemología implícita en la nueva física, algo que en estos momentos esta en sus primeras fases de desarrollo.

Segundo: Obtener las implicaciones teórico-prácticas de la nueva física en la Teoría General del Conocimiento y en las Teorías Especiales del Conocimiento, lo que también se encuentra en etapas iniciales.

Tercero: Incorporar los resultados obtenidos en las dos operaciones anteriores dentro de las epistemologías propias de las disciplinas sociohumanísticas, las cuales, además, deben cultivarse y desarrollarse conforme las exigencias específicas de sus ámbitos de investigación.

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Cuarto: Efectuar análisis comparativos de los contenidos originados en las disciplinas sociohumanísticas con los propios de las ciencias físico-químicas y matemáticas, a fin de verificar o desechar en cada caso su mutua complementariedad.

Demagogia verbal y conocimiento. Al satisfacerse los requisitos de legitimidad indicados la búsqueda de un corpus unitario del saber científico-natural y socio-humanista, dentro del cual sea posible sintetizar los contenidos de la Física Cuántica con los de las disciplinas sociales y viceversa, resulta meritoria y su objetivo aparece como probable, pero no puede avanzarse en esta dirección con una ideología que opera de manera arbitraria, con absoluto irrespeto al método racional y crítico, y sin fundamento cognoscitivo suficiente, interesándose más por el mayor o menor despliegue de demagogia verbal, superstición y moda cultural, que por el conocimiento efectivo. Ocurre, en este último caso, lo sucedido al emperador en el cuento de Anderson, quien se paseaba desnudo por la ciudad mientras sus seguidores exclamaban que su vestido era hermoso.

Evitar el gato por liebre. Alan Sokal y Jean Bricmont, a principios de los años noventa del siglo pasado, hicieron la misma crítica que he realizado aquí, al afirmar que la tendencia a utilizar conceptos de las ciencias naturales en disciplinas sociohumanistas presenta los siguientes rasgos:

“1. Hablar prolijamente de teorías científicas de las que, en el mejor de los casos, solo se tiene una idea muy vaga.

2. Incorporar a las ciencias humanas o sociales nociones propias de las ciencias naturales, sin ningún tipo de justificación empírica o conceptual de dicho proceder.

3. Exhibir una erudición superficial lanzando, sin el menor sonrojo, una avalancha de términos técnicos en un contexto en el que resultan absolutamente incon-gruentes.

4. Manipular frases sin sentido. Se trata, en algunos autores, de una verdadera intoxicación verbal, combinada con una soberana indiferencia por el significado de las palabras”. (Véase la introducción a “Imposturas intelectuales”).

Cinco obras magistrales. Situándonos en un ambiente donde la ideología cuántica es el último grito de la moda, plagada de superficialidad y esnobismo verbal, conviene que en escuelas, colegios, universidades y otros ámbitos sociales se generalice el cultivo de las ciencias y las humanidades. Por esta vía se puede evitar la trampa de pasar gato por liebre cultivada en ciertas modas culturales. Bueno sería que las personas interesadas en el tema leyeran cinco obras que me permito sugerir: Quántum: Einstein, Bohr y el gran debate sobre la naturaleza de la realidad (Manjit Kumar), El camino a la realidad (Roger Penrose), Imposturas intelectuales (Soral y Bricmont), El gran diseño (Stephen Hawking) y Entre tecnócratas y wishful thinkers : La visión misionera de las ciencias sociales ” (Pedro Haba).

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