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Los hijos del nuevo milenio

Actualizado el 09 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

TECNOLÓGICOS, precoces y DESAFIANTES con la autoridad: tres rasgos de los chicos del área metropolitana nacidos entre el ocaso del siglo XX y la alborada del XIX, en el año 2000.

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Nunca antes se habían visto, pero bastaron pocos segundos para que descubrieran que tenían mucho en común, empezando porque todos nacieron en el vértice de dos siglos y terminarán el 2012 con 12 años de edad.

Inquietos, desinhibidos y simpáticos, 11 preadolescentes accedieron a conversar durante tres horas sobre sus intereses, inquietudes y sueños en un ambiente de camaradería.

La publicista Adriana Jiménez Álvarez moderó esta sesión que reunió a seis chicos y cinco chicas, el pasado martes 28 de agosto en las instalaciones del Grupo Nación, en Llorente de Tibás.

Si bien las conclusiones de ese encuentro no pueden generalizarse a todo el país, sí permiten esbozar un retrato de cómo piensa y siente esta población. La muestra contempló a menores del área metropolitana que actualmente cursan el quinto o sexto grado de primaria o el primer año de secundaria en instituciones públicas y privadas, y pertenecen a sectores económicos medios y altos de la población costarricense.

Claro está que en otras zonas del país, sobre todo las más alejadas de la capital, la realidad puede ser muy distinta, y de mostrarla también nos ocupamos en esta edición.

Se recurrió además a la opinión de algunos psicólogos, psicopedagogos y docentes para complementar este análisis cualitativo, cuyo objetivo era profundizar en temas como familia, amigos, tecnología, pasatiempos, educación, ambiente y participación ciudadana, entre otros.

En términos generales, podría decirse que los chicos en cuestión constituyen un grupo etario que se encuentra a las puertas de la adolescencia, pese a que todavía presentan muchos rasgos de la infancia. Aunque detestan ser tratados como niños, en algunos aspectos siguen portándose como tales.

Por estar en el filo de esa metamorfosis, es muy probable que mucho de lo que dijeron en este encuentro cambie por completo en el plazo de un año.

Nativos digitales

La característica principal de este grupo se vincula con el hecho de que su universo gira alrededor de la tecnología. Estos niños, parte de la llamada generación Z, son conocidos también como “nativos digitales” pues parecen traer una habilidad innata para manipular cualquier aparato electrónico ( ver nota adjunta ).

El celular es el dispositivo que más los distingue. Los 11 participantes portaban el suyo el día del encuentro (varios eran de pantalla táctil y poseían incontables aplicaciones) y contaron que, en la mayoría de los casos, fueron sus padres quienes se los regalaron, en parte porque se portaron bien y obtuvieron buenas notas, pero también para poder “rastrearlos”.

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Más que hacer llamadas telefónicas, dicen utilizar estos aparatos para enviar mensajes de texto ( chatear ), tomar fotos, escuchar música y acceder a Internet por conexión Wi-fi. Muchos emplean el servicio prepago o afirman que sus padres asumen el pago de la tarifa mensual bajo la advertencia de que no pueden exceder un monto acordado. Uno que otro añadió que apartaba dinero de su mesada para recargar el teléfono.

En sus casas, tienen fácil acceso a computadoras (portátiles y tabletas), reproductores de música como iPods y consolas de videojuegos avanzados (Wii, Play Station 3, Xbox 360, Nintendos y DS, entre otros).

Otro punto de convergencia entre los participantes de la sesión es que pasan “conectados” el mayor tiempo posible. Es a través de Internet que buscan maneras de divertirse y de entablar relaciones con sus pares.

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El uso de redes sociales como Facebook es una práctica vista como “normal y necesaria”, aunque suelen escuchar que su abuso podría ser dañino. Sin embargo, califican de frikis –o extraños– a quienes las esquivan por completo. “Cuando salgo de clases, lo primero que hago es prender la compu . Ahí me pongo a bajar música, veo algunos programas y me conecto a Face para hablar con mis amigos y saber qué está pasando. Uno ahí se entera de todo”, relató una de las participantes, quien cursa el quinto grado.

De acuerdo con la psicóloga clínica Dyalá Castro Cabezas, la era digital les brinda a estos pequeños una visión de mundo más amplia, con acceso a todo tipo de información en forma instantánea. “Esto es ventajoso por el desarrollo cognitivo que pueden tener. Sin embargo, genera la falsa sensación de que las cosas en la realidad se pueden conseguir con la misma velocidad que en los espacios virtuales”, advirtió la especialista.

A su juicio, los aparatos electrónicos están haciendo que muchos menores desarrollen destrezas que antes eran poco comunes, como resolver situaciones de manera rápida, poseer mejor memoria visual y ser más exigentes con las respuestas que demandan.

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Sin embargo, estos dispositivos también los exponen a nuevas situaciones de riesgo; entre ellos, la posibilidad de que se aíslen, disminuyan su capacidad de comunicación oral, sustituyan los vínculos persona a persona y se expongan a la violencia, la pornografía o el bullying o ciberbullying (muchos de los participantes aseguraron que ellos o sus amigos han sido agredidos, criticados o difamados en el ciberespacio).

Según esta especialista, el antídoto contra estas amenazas no es la prohibición, sino la debida supervisión y el acompañamiento de los padres y formadores, algo que –según lo expresado en la sesión grupal– no pareció estar sucediendo. Muchos de los chicos manifestaron que acceden a este tipo de tecnología a cualquier hora y que nadie se acerca a ver “en qué están”.

“Yo tengo amigos que se hacen dos perfiles en Face , uno para aceptar a la mamá y los tíos, y otro para otra gente”, confesó una de las niñas.

‘Hacer feo’

Cuando no están tecleando en su celular o jugando videojuegos en una consola, ¿a qué dedican su tiempo libre? Todos coincidieron en que les encanta “hacer feo”.

Utilizan esta expresión para referirse a cuando se entretienen sin un fin específico y solo buscan “matar el tiempo” ya sea en sus propias casas, en el vecindario o en los malles , adonde van con grupos de compañeros a comer, al cine, a recorrer locales o simplemente a darse una vuelta.

Entre las actividades recreativas no tecnológicas que más los apasionan están la práctica de algún deporte como futbol, baloncesto, taekwondo o andar en patineta (uno mencionó que le gustaba salir a caminar con el papá a la montaña y otro dijo que surfea).

Sin embargo, la mayoría de quienes tienen este tipo de pasatiempos son hombres y lo hacen cuando las obligaciones escolares se los permiten. Los fines de semana, dijeron otros, van a cursos de cocina, de robótica o de inglés. Las mujeres, en cambio, prefieren hablar con los amigos, ver televisión, ir al cine, salir a comer y hacer piyamadas en la casa.

Escuchar y compartir música le gusta a hombres y mujeres. Entre los géneros favoritos destacaron el reggae (dijeron estar fascinados con Bob Marley), metal y pop, al tiempo que rechazan categóricamente el dancehall y el reggaetón .

También arrugan la cara cuando se les menciona la lectura como pasatiempo. De los 11 participantes, solo una dijo que leía por placer; el resto aseguró sin sonrojarse que no lee salvo cuando se lo exigen en la escuela o el colegio.

Para la psicopedagoga Nathalia Calderón Astorga, algunas de estas conductas deben ser un llamado de atención para los adultos y formadores, pues cada vez los niños se divierten menos al aire libre, lo cual limita su desarrollo motor y afecta su salud física y mental.

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En este sentido, el último Estado Mundial de la Niñez, elaborado y publicado por Unicef, menciona la necesidad de rescatar el juego en espacios públicos y abiertos para contrarrestar la obesidad y los estilos de vida sedentarios.

A su vez, recomiendan incentivar este tipo de recreación para recuperar el sentido de comunidad que se ha ido perdiendo por el encierro dentro de los hogares.

Cómodos en el nido

A diferencia de algunos adolescentes que sin titubear dicen que su círculo social preferido son los amigos, los menores de esta sesión afirmaron que sus padres y hermanos siguen siendo las figuras preponderantes en sus vidas y que disfrutan del tiempo que pasar juntos.

“Amor especial”, “seguridad”, “seres queridos”, “felicidad”, “el primer apoyo desde que uno nace”, y “las personas que más nos quieren”, fueron algunas de las frases con las que se refirieron a su familia.

“La convivencia con los padres es para los niños un elemento único que no puede sustituir ningún aparato o persona. Ese amor incondicional que solo los papás brindan les genera seguridad, confianza en sí mismos y les permite tener un desarrollo emocional equilibrado”, comentó Calderón.

Según la especialista, el hecho de crecer en hogares desintegrados o donde se viven situaciones de riesgo social como la violencia doméstica, puede repercutir negativamente en la población infantil. Lo mismo sucede si los padres, por sus exigencias laborales, se muestran ausentes o distantes.

Muchas hormonas

La agenda de conversación entre hijos y padres parece ser variada. Dijeron tenerles confianza para comentarles de sus problemas siempre y cuando estos se relacionen con el estudio (aunque “de las malas notas es mejor no hablarles”), los profesores o ciertos amigos.

Sin embargo, aceptan que les cuesta ser totalmente transparentes con sus progenitores a la hora de hablar de las personas que les gustan, por temor a críticas o represalias. Para ese tipo de confidencias –sostienen– están los amigos, los hermanos mayores o incluso los psicólogos y orientadores de los centros educativos.

Según dijeron, a esta edad es común tener novios y novias a espaldas de los adultos. También es frecuente que se emparejen con gente de grados superiores, porque la brecha generacional ya no parece ser tan profunda como antes. Las expertas consultadas creen que esto puede deberse a que los menores tienen hoy un desarrollo más temprano (a los 12 años, muchas de las niñas ya han tenido su primera menstruación).

“De ahí la importancia de una educación sexual y de afectividad urgente, así como la necesidad de trabajar la inteligencia emocional en los niños desde preescolar hasta secundaria. Necesitamos ayudarlos a que tomen decisiones inteligentes y a que se amen más a sí mismos”, afirmó Calderón Astorga.

El vocabulario que utilizan con sus pares merece un capítulo aparte. Uno de los participantes explicó que entre usan palabras “inapropiadas”, algunas en inglés, otras muy comunes en la jerga nacional y varias que carecen de sentido para los adultos. De esa lista destacan: mae, chuzo, chiva, friki, tuanis, rata, pichudo, jaibo, “al chile” y, por supuesto, el famoso “pura vida”.

La vestimenta es otro código que los identifica. Si bien dicen que hoy no hay normas en el vestir, la mayoría prefiere los pantalones tubo, los zapatos tenis y las camisetas tipo skate para los hombres y de tirantes para las mujeres. La comodidad parece ser la consigna.

Un ‘mal’ necesario

Cuando la moderadora Jiménez los invitó a escribir en un papel la primera expresión que se les viniera a la mente en torno a la palabra “escuela”, hubo una avalancha de sinceridad.

Estas fueron algunas de las frases empleadas: “prisión para niños”, “mucho estrés”, “aburrida”, “sueño”, “estar con los amigos”, “qué cansancio”, “pereza” y “tortura”.

Dos de ellos aclararon (y los demás estuvieron de acuerdo) que estudiar sí es visto como un privilegio y una necesidad para labrarse un futuro. Empero, todos coinciden en que la educación que están recibiendo muchas veces los desmotiva. “La escuela es bonita porque ahí uno ve a los amigos, pero también es fea porque algunos profesores son regañones y nos presionan mucho”, resumió uno.

Jiménez aclaró que el hecho de que la sesión se llevara a cabo en período de exámenes pudo haber influido en la carga negativa de las opiniones. Sin embargo, algunos papás consultados piensan que la exigencia académica está causando saturación en sus hijos.

De acuerdo con la docente Vanessa Víquez Loría, quien ha impartido sexto grado muchas veces en sus 18 años de carrera como docente en el centro educativo Saint John, en Alajuela, los escolares de hoy son muy diferentes a los de hace una década y resulta más difícil que se adapten a las metodologías de siempre.

“Los chicos de quinto o sexto grado de hoy son encantadores pero, sin generalizar, algunos son mucho más inquietos que antes. Cuestionan más a la autoridad y tienen otras formas de aprender, divertirse y socializar. Hace unos años, jugaban rayuela o ‘quedó’ en los recreos. Hoy, andan con el dedo en el celular todo el tiempo”, comentó.

Con esta educadora coincide la psicóloga Dyalá Castro, al considerar que los estudiantes actuales –influenciados por la velocidad de las nuevas tecnologías– demandan altos niveles de creatividad y desarrollo de estrategias novedosas. “En estos niños no funcionan los métodos anclados en el temor, la represión y la amenaza”, recalcó.

El futuro... algún día

En la última parte de la sesión grupal, Jiménez hurgó entre las preocupaciones de estos menores y quedó claro que, en medio de su entorno preadolescente, los inquieta lo relacionado con la inseguridad ciudadana. Influenciados o no por los medios de prensa, varios manifestaron sentir temor de que ellos o sus familiares sean víctimas de la delincuencia.

El consumo de licor y de drogas es otro tema que más de uno citó como una inquietud. Sin embargo, por la edad en la que están, dijeron que “son muy pocos los que anden en esos vicios”.

De la política, no dijeron ni media palabra y sobre medio ambiente, repitieron los conceptos aprendidos en clases. No obstante, reconocieron que son muy pocas las acciones que ellos emprenden en sus hogares o comunidades para salvar el planeta. Los más que han hecho es participar en campañas de reciclaje en sus centros educativos y no tirar basura, aunque admitieron ser poco constantes en estas iniciativas.

El compromiso espiritual de los niños, por el contrario, fue algo que llamó la atención durante la sesión grupal, pues la gran mayoría aseguró ir a misa muchos domingos o participar en cultos religiosos no católicos. Para ellos, creer en Dios es fundamental y tener fe en un ser supremo se mostró como un valor familiar muy arraigado.

El último punto que se abordó con el grupo fue la percepción que tienen sobre el futuro. Quedó en evidencia de que el mañana es “importante”, pero definitivamente no es algo que les esté robando el sueño. El presente, en cambio, es todo en sus vidas.

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