Osamentas de más de 300 años fueron encontradas en templo de Guerrero

 19 enero, 2014

México. El Universal/GDA Restos óseos con más de 300 años de antigüedad, recuperados en noviembre pasado en el atrio del Templo de San Agustín, en Tepoxtlán, Guerrero, corresponden a una mujer de entre 15 y 17 años, y a los de un niño de entre 12 y 18 meses de edad.

Así lo confirmó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en un comunicado, en el que detalló que se trata de un par de entierros de la época de la Colonia.

Al investigar las osamentas, expertos de esa institución concluyeron que la mujer sufrió escoliosis lumbar (deformidad anormal de la columna). Al ser sepultada, su pecho fue adornado con un collar de 26 cuentas de vidrio rematado con una medalla en la que destaca una imagen religiosa.

Sobre el menor, que debió tener entre 12 y 18 meses al morir, se logró determinar que estuvo sometido a un “estrés nutricional”, posiblemente luego de que fue destetado.

Al analizar los restos óseos hallados se logró determinar el estado de salud que tuvieron una mujer y un niño de la época colonial. | INAH/CONACULTA
Al analizar los restos óseos hallados se logró determinar el estado de salud que tuvieron una mujer y un niño de la época colonial. | INAH/CONACULTA

El hallazgo se hizo cuando se realizaban trabajos de mantenimiento y consolidación en la parroquia, que ha estado cerrada al culto desde hace años. Cuando realizaban unas calas en la pared norte del atrio, a un lado de la fachada del templo, se hallaron las ruinas de un muro que formó parte de un basamento prehispánico. Al continuar la exploración se localizaron los restos óseos.

El antropólogo físico Jorge Cervantes Martínez, del Centro INAH Guerrero, determinó que parte del muro prehispánico fue destruido, probablemente entre los siglos XVI y XVII, para introducir los ataúdes donde se colocaron los citados restos mortuorios.

Por la posición anatómica de los entierros –especialmente el de la mujer que estaba en mejores condiciones–, los investigadores pudieron inferir que ambos cuerpos fueron sepultados conforme la tradición católica: el cadáver se colocaba sobre su espalda en posición extendida, en dirección hacia la salida del sol y con los brazos cruzados sobre el pecho.

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