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Una guerra y siete novelas

Actualizado el 19 de agosto de 2012 a las 12:00 am

Tarea pendiente Varios libros abordan la guerra de 1948, pero la 'obra total' aún no aparece

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Una guerra y siete novelas

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“Las familias felices se parecen entre sí” –escribió Tolstói– y sobre ellas no suelen hacerse novelas. El conflicto, la tensión social, la desgracia y las guerras suelen despertar la imaginación creativa de los escritores, suelen ser tierra fértil para la literatura, para la ficción, para esa serie de mentiras que implican tantas verdades.

Hace más de sesenta años, una guerra civil estremeció al país entre el 12 de marzo y el 20 de abril de 1948, los odios que venían acumulándose se desbordaron, los distintos bandos sociales se enfrentaron con la colaboración de fuerzas extranjeras en una y otra parte, las familias se dividieron, y se accionaron la violencia y la geopolítica.

Las versiones sobre esta guerra son múltiples, y las mentiras también forman parte de la historia. Ya lo decía don Quijote, que sin las letras no se pueden sustentar las armas.

La Guerra Civil de 1948 trajo numerosas consecuencias de muy distinto orden; entre ellas se encuentran al menos siete novelas y un cuento de ciencia ficción que se aproximan al tema seleccionando y narrando acontecimientos marginales, cicatrices, causas y efectos sociales de un enfrentamiento que dividió al país y que marcó el rumbo político de varias décadas.

No son pocas las guerras en el mundo sobre las que se siguen contando historias a pesar del paso del tiempo, y esta no es la excepción.

Entre 1960 y el año 2012, con distintos estilos, siguiendo diversas tradiciones literarias, con mayor o menor dominio técnico, con diversos lenguajes y defendiendo en algunos casos posiciones políticas encontradas, la literatura costarricense ha hablado de la guerra, ha mostrado las heridas, las traiciones y los anhelos, y ha abierto avenidas hacia el pasado.

El inventario de las ficciones. En 1960, la Editorial Covao publica la novela Alma nativa , de Juan Andrés Solano, en la que se narra, desde una perspectiva ingenua, eufórica y maniquea, la toma de Cartago por parte de los hombres del “ejército rebelde”; al mismo tiempo se cuenta una historia de amor cargada de conservadurismo, con final feliz y boda, entre dos jóvenes cuyas familias son enemigas políticas.

En esa obra, como en las películas del oeste, hay buenos y malos: el Ejército de Liberación Nacional ocupa el lugar del héroe, y el Gobierno el del mal, el de todos los males habidos y por haber.

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Con mucho mayor oficio literario, en 1962, Fabián Dobles publica Los leños vivientes , novela que da cuenta de las migraciones campesinas a la ciudad de San José, de la vida en los barrios populares, de la historia de los linieros y bananeros de la zona sur del país que pelearon del lado de los comunistas.

Esa obra muestra las condiciones de las clases populares poco tiempo antes de que estallase la Guerra Civil; habla de los pobres en sus vidas cotidianas, en la cárcel y en la lucha política. Como se sabe, el autor toma partido por ellos y por la causa comunista.

Gerardo César Hurtado presentó en 1976 su novela Los vencidos , por medio de la cual denuncia el crimen político ejecutado contra seis militantes comunistas en el Codo del Diablo, en la milla 41 de la vía férrea a Limón, cerca de Siquirres, una curva endemoniaba que debía dar el ferrocarril al Caribe a veces en medio de tormentas, a veces con una llovizna de muerte.

En esta obra, la Guerra Civil se toca en sus márgenes, en la historia de esos seis hombres que fueron liquidados a balazos después de ser trasladados hasta el Codo del Diablo en el motocar número 156 de la Northern Railway Company.

En Final de calle (1978), de Quince Duncan, y en El eco de los pasos (1979), de Julieta Pinto, el conflicto armado se cuenta en retrospectiva, desde el desencanto de unos personajes que participaron en la guerra contra el gobierno de Teodoro Picado y contra los comunistas. Ahora, en su presente, los personajes reniegan de aquello en lo que se convirtió con los años el proyecto político de los vencedores del 48.

La marcha fantasma, los alzados en la finca La Lucha, el liderazgo de José Figueres, la incorporación voluntariosa de hombres a sus filas cruzando las montañas de Desamparados y algunos enfrentamientos son pasajes de la guerra que se cuentan brevemente.

En El eco de los pasos , además, la historia se entrelaza con la fuga de Carlos Fonseca Amador de la Penitenciaría Central de San José, y la Guerra Civil del 48 se vincula en la ficción con fragmentos de la lucha sandinista de los años 70.

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En 1975, Virgilio Mora termina de escribir Cachaza , novela antipsiquiátrica cuyo personaje central pierde toda dignidad al pasar mil y una noches en los oscuros pasillos del Asilo Chapuí.

A pesar de los electrochoques y de las dosis de medicamentos, de la memoria del personaje no se borra la imagen de unos “soldados revolucionarios” del año 1948, quienes en su presencia mataron a su padre y violaron a su madre por tener en su rancho unas láminas que decían “Viva el Presidente”, láminas usadas para proteger a su hijo del frío de los montes costarricenses, que se colaba por las paredes rotas.

En espera de la “gran novela”. Tal vez la novela más ambiciosa de todas, la más extensa y no por casualidad también la más reciente, es Hasta encontrarnos de nuevo , de Sergio Muñoz, publicada en el año 2008. En ella se narra el ambiente de violencia y de terrorismo político que recorría el país en los meses anteriores a la Guerra Civil. La novela termina el día en que se inicia la guerra, el 12 de marzo de 1948.

Los atentados contra Manuel Mora Valverde, los brotes de terrorismo, los abusos de la policía, la marcha hacia la finca La Lucha por las montañas sembradas de café y de matas de cabuya, son momentos que se cuentan al mismo tiempo que se construye la genealogía de un lugar, la vida de campesinos y gamonales en Los Dorados, finca cafetalera cercana a Desamparados que, en Los Dorados , la novela anterior de este mismo autor, publicada en 1999, se ha convertido en uno más de los tantos barrios marginales que crecen en el sur de San José.

En el año 2012, el Grupo Nación publicó el volumen de cuentos titulado Marte inesperado , en el que se incluye el relato de David Díaz Arias titulado “Los señores de Piedra”, cuento de temperamento pacifista en el que dos parejas de combatientes en la batalla de San Isidro, cada una perteneciente a un bando político distinto, sufren un rapto por parte de seres ajenos a este mundo, situación tan sorprendente como el género mismo en el que se desarrolla la historia. Esta experiencia les cambia su visión sobre la guerra, sus razones y pasiones.

La Guerra Civil de 1948 está en la imaginación colectiva costarricense; los profesionales de la historia siguen estudiándola y sus interpretaciones se han renovado en los últimos años. Esta guerra es fuente de muchos relatos, de novelas en las que la ficción todavía no adquiere autonomía plena; en ellas se siente mucho el peso del discurso histórico y la poca profundidad y libertad que tienen los personajes.

En la literatura costarricense se repite el hecho de que el nivel artístico resulta afectado por el interés en hacer algún tipo de denuncia, por contar las cosas tal y como pasaron o por defender una idea.

La gran novela sobre la Guerra Civil de 1948 no se ha escrito aún, novela de grandes escenarios, de numerosos personajes y de dimensiones totales, a la manera de La guerra y la paz, de Lev Tolstói, o de La guerra del fin del mundo , de Mario Vargas Llosa, o de un relato que muestre el desorden y la verdad de la guerra, como aquel capítulo de La Cartuja de Parma dedicado a la batalla de Waterloo.

Quizá no se escriba nunca tal novela, tal vez esa guerra no dé para eso. Por el momento, las ficciones del 48 constituyen otra vía de acceso al pasado, que, al fortalecer la memoria cultural, impide que los años pasen como una manada de perros huyendo.

El autor es egresado de la Maestría en Literatura Latinoamericana de la UCR

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