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Un grande

Actualizado el 25 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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¿Quiénes son los autores del viejo clisé “maestro del suspenso” que selló el destino del cineasta británico Alfred Hitchcock? Los publicistas, obvio.

Hasta que, un día, varios realizadores surgieron para “sorprendernos” con la otra cara del cuento; y hoy resulta que el director de Vértigo, Psicosis yotras maravillas habría sido un monstruo que, dueño de extraños poderes, tiranizó a sus actrices –rubias en su mayoría– haciéndoles la vida imposible.

Toda esta jugada tuvo su punto de origen: la biografía de un casi célebre Donald Spoto, quien hurgó la intimidad de Hitchcock y sacó a luz episodios hasta ayer desconocidos de su historia. Entonces, con premeditado amarillismo, los realizadores de que hablo se dedicaron a ilustrar los pecados carnales del interfecto... y cosa juzgada. Replanteo, en verdad, parcial de pe a pa. Hitchcock fue, aparte del suspenso y de su manía persecutoria con las chicas, un genio consumado, de inagotable brío cineístico, capaz de vivir la secuencia de cada una de sus películas, de intuirlas y visualizarlas, de catar el mínimo detalle de su emoción secreta. Una larga trayectoria arte-arte lo respalda y un cortejo de oscuridades, turbulencias, pánicos y fobias acompaña su filmografía, junto a un celo que a ratos pudo parecer control de sus criaturas, aunque nunca llegó ni de cerca al mito de Pigmalión.

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