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El gordo

Actualizado el 23 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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La Junta de Protección Social de San José pegó el gordo navideño, pero pocos se alegran. A muchos más bien les ha costado trabajo aceptar el resultado. Ahora, el gordo es asunto de Estado. Ya escaló las alturas del aparato gubernamental para plantarse, en cita solemne, frente a la presidenta de la República.

Doña Laura Chinchilla y Fernando Marín, su ministro de Bienestar Social, se limitaron a preguntar por el destino del dinero y se conformaron con la promesa de mejorar las instalaciones del Hospital de Niños y el Hogar Carlos María Ulloa, dedicado a la atención de ancianos.

También me conformo con eso. Más bien me alegro, como seguramente lo hicieron doña Laura y don Fernando. No compré el 70 ni lo habría comprado. Mi número es infalible: cuando compro, no sale, y cuando sale, no compro. Esta vez compré y no salió ni de terminación.

Si la Junta hubiera sacado del juego los números no vendidos, las posibilidades habrían mejorado, pero no había razón de hacerlo. Cuando compré mi billetito, pagué por una posibilidad remota y bien determinada. Sabía, o podía saber, el tamaño de la emisión, el monto de los premios y otras características del sorteo. Era factible calcular las escasas posibilidades de gloria. Nadie me engañó ni me asiste derecho alguno a exigir un cambio en las condiciones originalmente aceptadas.

La Junta de Protección Social me entregó lo ofrecido. Nunca prometió mejorar mis probabilidades de ser millonario según el resultado de las ventas. Todos los números iban a la tómbola y, como de costumbre, no salió el mío. Salió el de la Junta o, visto de otra manera, el del Hospital de Niños y el hogar de ancianos. En buena hora.

Ninguna de esas instituciones compró el número ganador, como se ha argumentado, pero si no llega a salir premiada, la Junta habría perdido el importe del billete junto al de los demás números no colocados. Es difícil comprender, entonces, la conmoción. Salvo sospecha de fraude, y nadie la ha expresado, no habría motivos para el reclamo.

Sindicatos, asociaciones de consumidores y jugadores frustrados no comparten ese punto de vista. Algunos decidieron elevar el asunto a instancias judiciales. La Sala Constitucional se sacó esa rifa. Sería más divertido dejar la solución en manos de los diputados, pero, ni modo, pa’eso los magistrados andan resolviendo sobre lo divino y lo humano. Sin embargo, solo el Congreso consigue el desarrollo pleno de la comedia nacional

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Aceptémoslo: nuestros números no salieron. Apúntese al 17 y verá que en poco tiempo la costumbre de jugar en vano le hará encajar la pérdida con naturalidad. Mientras tanto, ¡albricias al Carlos María Ulloa y también al hospital!

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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