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Arquitectura

Un futurista de la sensualidad

Actualizado el 09 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Oscar Niemeyer El recién fallecido artista brasileño renovó la arquitectura del siglo XX

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Años atrás, cuando se le preguntó a Oscar Niemeyer cómo le gustaría ser recordado el día que muriese, dijo que deseaba que en su lápida se leyese esta frase: “Oscar Niemeyer, brasileño, arquitecto. Vivió entre amigos, creyó en el futuro”. Ahora, por su muerte, el Brasil y el mundo de la arquitectura están de luto.

El célebre arquitecto Niemeyer fue el diseñador de los icónicos edificios futuristas de Brasilia y de más de 600 estructuras alrededor del planeta con las que revolucionó la arquitectura del siglo XX. El miércoles 5, él falleció casi a los 105 años en el hospital Samaritano de Río de Janeiro como consecuencia de una infección respiratoria.

Niemeyer padecía problemas en los riñones y era sometido a hemodiálisis. Estaba internado desde el 2 de noviembre. Había ingresado por una deshidratación, y era su tercera internación en el año. Luego, su estado de salud se complicó con una hemorragia digestiva.

El miércoles 5, el equipo médico que trataba a Niemeyer informó de que él había sufrido un paro cardíaco y de que su respiración se mantenía mediante aparatos. Su esposa y sus nietos fueron entonces convocados al hospital. Este sábado 15 hubiese cumplido 105 años.

Ya en camino. Oscar Niemeyer se inspiró en la sensualidad del Brasil y en la abstracción de sus ideales políticos de izquierda para crear una marca arquitectónica propia, escultural, futurística y utópica, que proyectó a todo el mundo.

Junto con Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe, Le Corbusier y Alvar Aalto, Niemeyer es uno de los arquitectos más importantes del siglo XX y una de las figuras más influyentes de la arquitectura moderna internacional,

Niemeyer había nacido en Rio de Janeiro el 15 de diciembre de 1907, y hasta sus últimos días nunca paró de diseñar. Asistido por su segunda esposa, Vera Lucia Cabreira, su exsecretaria, 39 años menor que él, siempre andaba pidiendo papel y lápiz para dibujar en su departamento de Copacabana, con una espectacular vista del mar y de los sinuosos morros cariocas.

Gracias al dinero de su padre, dueño de una empresa tipográfica, Oscar tuvo una juventud despreocupada y se dedicó a la vida bohemia hasta que en 1928 se casó con Anita Baldo, madre de su única hija, Anna María Niemeyer, una reconocida diseñadora de interiores y galerista, quien falleció en junio de este año (2012).

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Comenzó entonces a trabajar en la empresa familiar y estudió arquitectura e ingeniería en la Escuela Nacional de Bellas Artes, en donde se graduó en 1934.

Para entonces ya trabajaba en el estudio del prestigioso arquitecto Lúcio Costa, quien se volvería su mentor, socio en varios proyectos y gran amigo. Fue Costa quien en 1936 lo colocó en el equipo destinado a diseñar en Rio el nuevo Ministerio de Educación y Salud, hoy conocido como Palacio Capanema y considerado uno de los exponentes más puros del movimiento modernista.

Obras maestras. Asesorados por Le Corbusier, Niemeyer y sus colegas concibieron el primer rascacielos modernista con elementos tropicales, como su característico brise-soleil (parasol), una terraza-jar-dín, murales con azulejos del pintor Candido Portinari, y con la estructura apoyada en grandes columnas-pilares.

Con Costa, Niemeyer diseñó el Pabellón del Brasil para la Feria Mundial de Nueva York, en 1939, con el que cosechó grandes elogios. La obra le otorgó renombre internacional por la plasticidad que Oscar daba al hormigón armado.

Ya en Brasil, el entonces alcalde de Belo Horizonte, Juscelino Kubitschek, encomendó a Niemeyer un complejo de edificaciones conocido como Conjunto Arquitectónico de Pampulha, con la famosa iglesia de San Francisco de Asís, que las autoridades católicas se negaron a bendecir por sus inusuales formas y elementos decorativos.

Promotor de la lucha contra las desigualdades sociales, en 1945 se afilió al Partido Comunista Brasileño y se volvió un apasionado defensor de la ideología de izquierda, que le ganó la amistad de figuras como Fidel Castro y Luiz Inácio Lula da Silva, pero también le acarreó problemas en los años de la Guerra Fría; así, no se le concedieron visas para entrar en los Estados Unidos y aceptar invitaciones para enseñar en las universidades de Harvard y Yale.

No obstante, en 1947, su proyecto general para la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, fue elegido y terminó viajando a Estados Unidos para supervisar la construcción del edificio, junto a Le Corbusier. En el Brasil, en tanto, diseñó algunos sitios icónicos, como el Edifico Copan y el Parque Ibirapuera, ambos en San Pablo; y la Casa de las Canoas y la sede del Banco Boavista, en Rio de Janeiro.

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Sin embargo, durante la presidencia de Kubitschek (1956-1961), Niemeyer hizo su mayor aporte a la arquitectura del mundo, con el diseño de los principales edificios públicos de la nueva capital, Brasilia, proyectada por Costa.

Allí se destacan la catedral, el Congreso, los palacios del Planalto, Alvorada e Itamaraty, y numerosos predios habitacionales, pensados para que las diferentes clases sociales convivan en armonía.

Creación constante. La llegada de la dictadura militar (1964-1985) llevó a Niemeyer al exilio en Francia y a realizar varios trabajos en Europa, África y Asia (la sede de editorial Mondadori en Italia; el hotel Pestana Casino Park, en Portugal; la sede del Partido Comunista de Francia; la Universidad de Ciencia y Tecnología, en Argelia, y la Universidad de Haifa, en Israel, entre otros). Comenzó entonces también a diseñar muebles: el más conocido de ellos, la silla Río.

Amparándose en la ley de amnistía de 1979, Niemeyer regresó al Brasil a principios de 1980; ganó el prestigioso Premio Pritzker en 1981, y siguió trabajando incansablemente en proyectos como el Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi, el Nuevo Museo de Curitiba (hoy Museo Oscar Niemeyer) y el Monumento a América Latina, en San Pablo.

En medio de innumerables reconocimientos de universidades el mundo, sus últimos años de vida estuvieron empeñados en completar las edificaciones del llamado Camino Niemeyer, en Niteroi; el Museo Pelé, en Santos, y el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, en Avilés, España, entre otros proyectos.

En el 2006, con 99 años y tras dos de viudez, se casó con su fiel secretaria, Vera Lucia, de 60 años. Ni siquiera durante las varias internaciones hospitalarias que sufrió desde entonces, dejó de entregarse a su gran pasión de diseñar, armado tan solo de un lápiz y un papel. Alguna vez explicó: “No es el ángulo el que me atrae, ni la línea recta, dura, inflexible. Lo que me atrae es la curva sensual que se encuentra en el cuerpo de la mujer perfecta”.

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