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La fecundación in vitro y la Iglesia católica

Actualizado el 11 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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Varios de mis fieles lectores, entre ellos algunos amigos muy queridos, me han enviado mensajes mostrando su extrañeza ante la continua oposición de la Iglesia católica al acertado fallo de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, el cual no solo condena la prohibición de la Sala IV de la fecundación in vitro, sino que obliga a nuestro país a llevar a cabo todo lo que sea necesario para que este método se implante a la mayor brevedad posible.

A estos lectores les contesto que no es de extrañar esta terca oposición ante un fallo que, no solo es inapelable, sino que solo beneficios va a producir a nuestra sociedad, ya que esta iglesia tiene un largo historial de oposición a todo lo que signifique progreso, inteligencia y logros científicos, y lo ha hecho siempre, sobre todo cuando ha contado con el apoyo de las autoridades de cualquier país. Así sucedió en Europa, donde todos los países progresaban rápidamente, mientras que España se quedaba muy atrás y se mantenía en un oscurantismo medieval debido a la unión tan estrecha que existía entre el dictador Franco (siempre tan devoto y que nunca faltaba a la misa dominical) y la Iglesia católica que, en su gloria, prohibía cuanta actividad cultural o muestra de inteligencia no se plegara a sus deseos. Recuerdo una visita que hice a nuestra Madre Patria durante los tristes tiempos de Franco. Venía de París, toda llena de luz, de teatro de vanguardia, de cine cultural, de arte, y llegar a España fue como retroceder a la Edad Media. El jefe de la Censura era el obispo de Madrid y la mayor parte de sus grandes creadores, como Unamuno, Picasso y Buñuel, estaban en el exilio o habían sido fusilados, como le sucedió a su mejor poeta y dramaturgo Federico García Lorca. El teatro era prácticamente inexistente y en el cine solo se podían ver películas de vaqueros y de Walt Disney.

El fallo de la Corte IDH se produjo después de haber dado a nuestras autoridades amplio tiempo (incluso con varias prórrogas) para que corrigieran el error de la prohibición, y no fue algo arbitrario, sino que se produjo después de mucha investigación y un amplio razonamiento. Indica este fallo que el primer nacimiento producto de la FIV se produjo en Inglaterra en 1968 y en nuestro continente en 1984 en Argentina. Desde entonces, más de cinco millones de niños han nacido gracias a esta tecnología, que se lleva a cabo libremente en todos los países del mundo, menos en Libia y en Costa Rica. Aquí, no obstante, hubo 15 nacimientos antes de que se produjera la absurda prohibición. El fallo indica que la Sala Constitucional consideró erróneamente que los embriones son seres humanos, cuando para que se produzca la vida es necesario primero que el embrión se implante en el útero, ya que si esto no se hace, el embrión “no tiene ninguna posibilidad de supervivencia”. Finalmente, la Corte explicó que la pérdida de embriones sucede tanto con la FIV como en los embarazos naturales y consideró, además, que era desproporcionado “pretender una protección absoluta del embrión respecto a un riesgo que resulta común e inherente, incluso en procesos en el que no interviene la técnica de FIV.

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Debemos recordar, por cierto, que la Iglesia católica pregonó por siglos que el alma entraba en el feto a los 40 días de la concepción... si era hombre, y a 90 días si era mujer. Finalmente, el fallo confirmó lo que es lógico: “el derecho básico de todas las parejas de decidir, libre y responsablemente, el número de hijos, el espaciamiento de los nacimientos y el intervalo entre estos y a disponer de la información y de los medios para ello.El fallo está dado y solo nos resta acatarlo y respetarlo. En cuanto a la oposición de la Iglesia católica, pasará como tantas otras prohibiciones de ella, como el gravísimo “pecado” de usar métodos anticonceptivos; la prohibición continúa, se sabe que existe, como algo muy lejano, sin ninguna importancia, pero nadie le hace el menor caso.

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