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Que no falte el vino

Que no falte el vino: No siempre cuelgan, pero son medallas

Actualizado el 08 de junio de 2012 a las 12:00 am

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Que no falte el vino: No siempre cuelgan, pero son medallas

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PeriodistaSon redondas, brillantes y no siempre cuelgan de una botella, aunque a veces hay una. Son medallas que con orgullo muestran muchas de las etiquetas de los vinos alrededor del mundo. Un premio o un trofeo obtenido en un concurso internacional. Pero, ¿de qué se trata?

Primero, hay una verdad irrefutable: aunque un vino –tinto o blanco– haya obtenido varias medallas en un certamen, lo único que realmente importa es si a usted le gusta.

Naturalmente, se impresionará si en el supermercado se topa una botella con relucientes preseas doradas; tal vez se decida y la compre. Sin embargo, por mucho que un destacado panel de cata haya seleccionado ese vino como ganador, si su paladar le dice lo contrario, pues no hay nada qué hacer.

Luego, hay que tener claro que estas competencias no son como los Mundiales de Fútbol, dónde llegan los mejores (aunque un buen amigo diga lo contrario).

Por el contrario, en estas citas se invita a participar a las viñas (previo pago de alguna muestra enviada) y entre las que se aceptan y pagan se realiza la competencia. No hay ninguna selección previa.

Esto implica que muchos vinos no concursen, sobre todo aquellos que ya acumulan prestigio y que arriesgarían mucho si les fuera mal.

Imagínese un gran Chateau de Burdeos recibiendo una medalla de bronce. Sencillamente una verguenza, un bochorno.

Por tanto si encuentra un Cabernet Sauvignon con una gran medalla de oro, no quiere decir que tenga el mejor del mundo enfrente, si no que se trata de un buen vino que logró conjugar buena cepa, cosecha y trabajo enológico, y que, seguramente, no tuvo buenos competidores en ese certamen.

La suerte es también una consideración a tratar y por lo general en un concurso los vinos se catan en serie, es decir, el premio dependerá en más de una oportunidad de quienes tenga al lado el vino en cuestión.

Existen al menos 15 concursos de vinos en el mundo. Obviamente, no todos tienen el mismo peso y trascendencia. La historia, el prestigio y el mercado donde se realizan marcan esa diferencia.

El International Wine Challenge es el más importante y se realiza desde 1983. El cerebro tras ese certamen, Robert Joseph, es un periodista inglés responsable de la prestigiosa revista Wine Internacional . La relevancia de este concurso está en la enorme cantidad de muestras que recibe de todo el mundo y, especialmente, en el impacto que tiene uno de los mercados claves para el vino, como es el Reino Unido. Una medalla de oro en el Wine Challenge sí que vale.

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Otro clásico es el concurso relacionado a la feria Vinexpo, memorable exhibición que se celebra en Burdeos, Francia.

Aunque los vinos del nuevo mundo se mueven con dificultad en la cuna del vino, sus resultados cobran mucha relevancia. El inconveniente es que ese concurso ha tenido ciertos problemas de imagen por sus continuos cambios de nombre. Para su registro, desde el 2003 se llama Les Citadelles du Vin.

En el mercado del norte de Europa, el certamen más importante es el Concours Mondial de Bruselas, que se efectúa en Bélgica y en otras ciudades de ese país. Con el tiempo, el Concours ha ido creciendo y ganando respetabilidad, y en la actualidad es uno de los más serios que existen.

También, en el nuevo mundo del vino, existen torneos de estos. En Chile, por ejemplo, está el Catad’Or Hyatt Wine Awards. Creado por los mismos organizadores del Concours Mondial. Aunque en menor escala, es una buena referencia para la escena de lo vinos suramericanos, incluso porque suelen invitar jueces ingleses para la calificación.

Otras competencias respetables son Vinalies, en Francia, y Vinitaly, en Verona, Italia. Cuando vea alguno de estos nombres en esas medallas que le cuelgan al vino, es probable que lo que consiga dentro de esa botella tenga importancia. Pero no lo olvide: su paladar es el que manda y decide.

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