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La falacia familiar

Actualizado el 08 de junio de 2012 a las 12:00 am

El “razonamiento” de Avendaño es la más primitiva de todas las falacias

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El diputado Carlos Avendaño Calvo ha recurrido a la “falacia familiar” para atacar a las uniones civiles de homosexuales (Opinión, 26/5/ 2012). La falacia familiar consiste en sostener que tales uniones dañan a las familias y al matrimonio.

Tal “razonamiento” es falaz porque no existe relación entre esas uniones civiles y las familias y los matrimonios heterosexuales.

Avendaño “razona” según este modelo: “1) Hoy es lunes; por tanto, 2) los guacamayos son aves”. Este “razonamiento” corresponde a la categoría de las falacias lógicas de “non sequitur” (no se sigue) pues de 1 no se deduce 2. El “razonamiento” de Avendaño es la más primitiva de todas las falacias.

Él piensa así:

1) Existen proyectos que legalizarían las uniones civiles de homosexuales.

2) Por tanto, esas uniones dañarán a las familias y al matrimonio.

Para que su “razonamiento” sea verdadero, Avendaño debería probar cómo las uniones civiles dañan a las familias y al matrimonio; pero no lo ha hecho. Contrastemos su “lógica” con un ejemplo:

1) El alcoholismo daña la salud porque puede causar:

a) cirrosis, b) hipertensión, c) atrofia cerebral.

2) Por tanto, el alcoholismo daña la salud.

En cambio, el “razonamiento” de Avendaño es este:

1) Las uniones civiles dañan a las familias y al matrimonio.

2) Por tanto, las uniones civiles dañan a las familias y al matrimonio.

El diputado omite sus razones (sus a, b, c).

Así, además de cometer el “non sequitur”, Avendaño perpetra tautología (“un gato es un gato”) y petición de principio (“petitio principii”), otra falacia lógica.

Carlos Avendaño debe hacer completa la tarea y enumerar los motivos por los que las uniones homosexuales destruyen a las familias y a los matrimonios.

Le será difícil: en otros países ya existe el matrimonio homosexual, y los heterosexuales se casan y se divorcian como si nada; no les importa el matrimonio homosexual, y las familias siguen existiendo (no leen a Carlos Avendaño).

Expliquemos al diputado que las familias se “dañan” o se destruyen desde dentro, cuando sufren odio o separación, no cuando se casan los gais de la otra cuadra.

Expliquémosle también que los matrimonios se “dañan”:

1) cuando se reduce el número de las bodas y 2) cuando aumenta el número de los divorcios. Añadamos al diputado que las uniones civiles no causan 1 ni 2; si no es así, que demuestre lo contrario.

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Al diputado quizá le parezca que las uniones civiles de homosexuales dañan los “conceptos” de la familia y del matrimonio, pero dañarán sus conceptos, no los de otros.

Además, los conceptos no se casan ni se divorcian : no son personas y no saldrán dañados por las uniones civiles.

Conclusión: Quien nos diga que las uniones civiles de homosexuales dañan a las familias y al matrimonio, solamente pretende engañarnos.

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