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¿Por qué las exigencias de calidad?

Actualizado el 16 de junio de 2013 a las 12:00 am

Parámetros mundiales ¿No es esto lo que merece Costa Rica?

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Una reciente acción de inconstitucionalidad interpuesta por la Universidad de la Salle contra las leyes de creación y fortalecimiento del Sinaes, ilustra muy bien –aparte de un sinnúmero de imprecisiones y confusiones de quienes la suscriben–, el temor de algunos a la exigencia de calidad en materia educativa. Nada más lejos del espíritu que debería animar a quien se atreva a asumir la elevada y noble tarea de formar seres humanos, profesionales de excelencia, al servicio del desarrollo de una sociedad.

Son muy graves las consecuencias de esas confusiones y temores, revestidos de lenguaje jurídico. Quizás una de las más importantes es que nos distrae de la justa valoración de lo que sin lugar a dudas es un relevante logro de los costarricenses en los últimos años. Cuando el consenso de muy diversos actores movidos por el interés nacional permite la creación del Sinaes, no solo se concreta la aspiración de Costa Rica a un sistema de educación superior de alta calidad, evaluable con respecto a estándares internacionalmente aceptados, sino que se configura una entidad singular que pudiera reflejar la propia excepcionalidad que nuestro país ha exhibido en otros ámbitos a lo largo de su historia.

Autonomía constitucional. Sabiamente se ubica al Sinaes dentro del ámbito de la autonomía constitucional de las instituciones de educación superior universitaria estatal, lo que le garantiza independencia funcional y completa libertad en la toma de decisiones, sin presiones de ningún sector o poder constituido. Y siendo depositario el Sinaes de un cometido estatal, se organiza de tal manera que el Consejo que lo gobierna expresa un balance entre el sector público y el privado. De los ocho miembros que lo conforman, cuatro son designados por las universidades públicas y cuatro por las privadas. No se da, por lo tanto, un monopolio de un sector sobre el otro, sino que se busca la confluencia de ambos alrededor del compromiso con el mejoramiento continuo.

El Sinaes es así la única instancia institucionalizada en la cual confluyen las universidades públicas y las privadas, superándose así años de fraccionamiento de nuestro sistema de educación superior.

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Como agencia oficial, el Sinaes tiene la potestad de emitir la norma académica nacional de calidad, como un estándar que debe cumplir cualquier agencia que busque reconocimiento estatal: otro significativo logro que pone a salvo a Costa Rica de eventuales propuestas complacientes e interesadas, grave situación que han enfrentado otros países y que desvirtúa toda lucha por la excelencia.

Adhesión de las universidades. En cuanto a la adhesión de las universidades al Sinaes, esta es un acto voluntario de cada una y no una decisión impuesta. Cada institución que se adhiere lo hace guiada por su libre voluntad y por la firme convicción en que la calidad –cuando no hay temor en mostrarla– puede certificarse por un ente independiente que da fe pública de ella ante la sociedad. Es importante recordar que la acreditación supone un proceso que arranca con la autoevaluación de la propia carrera –esta se mira en el espejo–, y con rigurosidad y responsabilidad señala sus fortalezas y también sus espacios de mejora. Posteriormente, un equipo de expertos, los cuales se conocen como “pares externos”, visitan la universidad y contrastan el informe con la realidad que observan. Hablan con los profesores, con los estudiantes, con empleadores de los graduados, con egresados' “Una verdadera fiesta académica”, nos decía recientemente un rector de una universidad privada al referirse a ese recorrido de evaluadores independientes por sus aulas.

Esa es la esencia del espíritu académico: no hay sobresalto ante la puesta a prueba, porque así, contra la evaluación exigente, es que se produce el conocimiento y avanza la ciencia.

De ahí que acreditar una carrera no sea lo mismo que autorizarla. El Consejo Nacional de Enseñanza Superior Universitaria Privada (Conesup) –en el caso de las universidades privadas– autoriza el funcionamiento y verifica importantes requisitos legales, mandato relevante, sin lugar a dudas. Pero el Sinaes tiene otro cometido: evalúa la calidad académica que poseen en su desempeño real las carreras que han sido legalmente autorizadas, para dar fe pública de esta condición. Y esta es fuente de confianza y transparencia para los estudiantes y las familias.

Conesup y Sinaes. Por ello, pretender distraer a la opinión pública al confundir el mandato del Conesup con el del Sinaes no solo no es legítimo, sino que, una vez más, opaca los avances nacionales hacia la conformación de un sistema de educación superior comprometido con la búsqueda de la excelencia. ¿Qué interés hay en ello?

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Hay otro argumento que se esgrime sin suficiente fundamentación. Se señala que el Sinaes cobra sumas desproporcionadas. ¡Nada más alejado de la verdad! Además de que la agencia nacional realiza esfuerzos por reducir el impacto financiero para las universidades mediante novedosas iniciativas, cálculos del Sinaes indican que los montos que pagan las instituciones cubren menos de un tercio del costo real de cada acreditación, de forma que es el Estado costarricense el que aporta la mayor parte de la inversión, tanto para las universidades públicas como privadas. Una vez más, Costa Rica ha comprendido que la calidad educativa es un derecho y un deber y que en ese esfuerzo debemos participar todos.

¿Por qué entonces manipular la buena fe de los estudiantes y señalar que la acreditación conlleva un aumento de costos que les sería trasladado? Lo que sí es costoso –así nos lo enfatizaba una rectora recientemente– es la inversión que implica el plan de mejora con el que se compromete una carrera cuando es acreditada: mejorar laboratorios, infraestructura, atraer profesores con mejores calificaciones, elevar la calidad del sistema bibliotecario' ¿Pero qué universidad que se respete puede rehuir esas inversiones, planificadas razonablemente, las cuales no solo son su responsabilidad, sino que benefician directamente a sus estudiantes?

Estándares internacionales. También se argumenta que resulta discriminatoria la autorización que da la ley –al Estado y sus instituciones– para que a los egresados de carreras acreditadas se les pueda reconocer esta condición, entre otros muchos criterios para su evaluación. ¡Una vez más el famoso alegato en contra del reconocimiento al esfuerzo que distingue, ese que tanto daño ha hecho en nuestro país!

¿Cómo no aceptar la importancia de darle instrumentos al Estado para que garantice la calidad de los profesionales que contrata en servicios públicos clave –educación, salud, infraestructura–, puestos que precisamente se sostienen con fondos de toda la ciudadanía?

La acreditación de carreras universitarias cimentada en estándares internacionales –el Sinaes fue la primera agencia de América Latina cuya calidad certificó INQAAHE, la más prestigiosa red mundial en este campo–, es una estrategia aceptada y ampliamente legitimada en los países con sistemas universitarios de clase mundial. Costa Rica no solo ha logrado desarrollar un sistema de acreditación sólido y vigoroso, sino que ha constituido una figura original respetuosa de su propia historia.

Mejoramiento continuo. ¿Podrá el temor a las exigencias de calidad en educación ser más fuerte que el gran esfuerzo realizado por diecinueve universidades públicas, privadas e internacionales adherentes al Sinaes? Estas instituciones, de muy diversa naturaleza y tamaño, han enfrentado con valentía el reto del mejoramiento continuo como resultado de procesos de acreditación con parámetros de prestigio mundial.

¿No es esto lo que merece Costa Rica?

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