6 abril, 2008
 Ken Watanabe y Tom Cruise, recién terminada la filmación. | ARCHIVO
Ken Watanabe y Tom Cruise, recién terminada la filmación. | ARCHIVO

En el 2003, el astro del cine estadounidense Tom Cruise logró lo que ningún actor en el mundo (salvo los japoneses) había hecho: se convirtió en el primer actor extranjero en dejar la marca de sus manos en una céntrica plaza de Tokio, digamos, la versión japonesa del Paseo de la Fama de Hollywood. No era para menos. Su actuación en El último samurái le confirió una inusual simpatía por parte del pueblo japonés. Tras aceptar el papel, confesaría después, llegó a pensar que no lograría hacer esta película por la enorme exigencia física y porque tenía que aprender a la perfección los movimientos y la gracia de un guerrero samurái. De hecho, Cruise necesitó un año entero de preparación, enmarcado en una férrea disciplina de ejercicio y dieta, pues tuvo que aumentar notablemente su musculatura para poder manipular las pesadas espadas y para resistir las arduas filmaciones de los combates.

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